EL TIEMPO Y LOS DADOS

Manuel Juliá

Periodista y escritor


Vuelve a casa por Navidad

16/11/2020

Una mezcla de expectación y pesadumbre. Una sombra del pasado y una sombra del futuro en dura pugna por conquistar el presente. Una noche de insomnio. Las suaves campanadas del reloj de cuco en la sala de estar anunciando el paso lento del tiempo. La una, las dos, las tres…. A las cuatro una mano levanta las sábanas con mucha suavidad. Un beso en la frente. Una ducha algo fría. Una angustia en la garganta. Las dos primeras lágrimas del primer día del resto de mi vida. También una sonrisa que aparece mientras mis manos limpian el vaho del espejo. Una voz que desde fuera dice «date prisa que el tren no espera».
Legañas en la sombra. La voz helada no quiere hablar. Una mudez lo envuelve todo. Los ojos de mi madre también están llorosos mientras mi padre lleva la enorme maleta cerca de la puerta. El olor del café levantando un placer profundo. La primera vez que se queda media magdalena en el plato. No tengo hambre. Tengo angustia y felicidad. Una destellante luz y una carnívora sombra luchan por no olvidar y por hundir el océano del futuro en un hoyo de arena. Septiembre tiene noches muy frías, y ésta es una de ellas…
El grito metálico del tren. El revisor abriendo la puerta. Mi padre subiendo la maleta feliz, había luchado más que nadie por ese día. Las primeras lágrimas a borbotones de mi madre. No puedo llorar. Una mezcla de dolor y gozo engolfa mi despedida. Cuando el tren se aleja de Puertollano observo el contraste entre la luminosa refinería y las pocas luces que aguantan la penumbra del pueblo. Después cuatro horas en el viento profundo de un dolor. Cuatro horas en el cálido regocijo de un sueño. 
Madrid aparece como una garganta voraz y mientras me engulle pienso en un  poema de Pessoa: Soy los alrededores de una ciudad que no existe. Las lágrimas de mi madre no se me van de la cabeza. El murmullo de la universidad, encendida contra el franquismo, me atrapa. Comienzo a ser otro enseguida. El que me esperaba dentro sale con fuerza, la primera clase, el primer amigo nuevo, la primera discusión nocturna revolucionaria. Los días nuevos arrasan a los viejos.
Una noche, cuando regreso a la pensión, descubro que la calle está llena de luces y suena un villancico. Está cerca la Navidad. Una noche me duermo pensando que vuelvo a casa, y que lo que más deseo es estar unos días con mi gente amada y mis recuerdos.  



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