Editorial

La irresponsable llamada de 'desobediencia civil' de Quim Torra

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La inminencia de la sentencia del procés, que podría conocerse antes del 16 del presente mes, monopoliza la actualidad y caldea un ambiente ya de por sí elevado de temperatura en Cataluña. Un panorama al que han contribuido líderes como Quim Torra, que ejerce de dirigente político y agitador callejero desde la tribuna a partes iguales. No es la primera vez que usa de escudo a la población avalando la «desobediencia civil» como respuesta a la decisión judicial que determinará el futuro de Junqueras y los otros once acusados por la celebración del referéndum ilegal del 1-O y la posterior declaración de independencia. Una escapatoria de Torra a pregunta del portavoz de Cs, Carlos Carrizosa, sobre su presunta vinculación con los Comité de Defensa de la República.
No es necesario que Torra explique que hay una amplia mayoría del independentismo que rechaza la violencia», pero eso no le ha de llevar a defender la actuación de los siete miembros de los CDR en prisión provisional por los presuntos delitos, entre otros, de pertenencia a organización terrorista. Algo, por lo visto, habitual para un gobernante que pide independencia judicial mientras presiona a los estamentos encargados de dictar justicia. Asegura que el fallo del Supremo será «un torpedo a la convivencia» al tiempo que él mismo trabaja en encender los ánimos de los sectores más radicales del independentismo. Aunque acostumbrados a sus desmandes, lo de Torra es de una irresponsabilidad supina, más atendiendo a los precedentes y a los problemas de seguridad que, a buen seguro, se volverán a reproducir en las calles. Demuestra no ser el presidente de todos los catalanes sino que profundiza en la división de una sociedad que, como se vio en la pasada Diada, empieza a retirar sus apoyos a los líderes separatistas.
Las palabras de Torra no responden a la mera improvisación de un mandatario. A principios de semana, la portavoz del Govern, Meritxell Budó, se amparaba en la calle para respetar «lo que decida la sociedad civil», ya que ellos como Gobierno no pueden desobedecer las sentencias. Torra y los suyos disparan con pólvora ajena sin determinar cuál será su compromiso activo con la causa, conscientes de que cualquier paso en falso puede dar con sus huesos en prisión. Resulta más sencillo y menos arriesgado encender la mecha sin atender a las consecuencias, dibujar un escenario bélico ante la comunidad internacional y contemplar los daños desde el despacho. Las palabras del presidente condenando los últimos episodios de acoso a periodistas no resultan creíbles cuando uno mismo ha contribuido a generar un clima de tensión para intentar que la verdad sea la primera víctima. Se acercan días complicados gracias, en parte, a un gobernante acostumbrado a apagar fuegos a llamaradas, una actitud inadmisible desde el cargo que representa.