Nuria Geijo

Pedagoga de apoyo, logopeda y psicomotricista. Directora del Centro Exprésate


¡Peligro, no tocarse!

12/12/2020

Hoy puse la lupa sobre ellos, sobre aquellos que representan el futuro, el devenir del planeta, el sustento de los que hoy sostenemos. Sí, hablo de los niños. Cuanto menos me entristece por no decir que me exaspera lo que cada día encuentro en mi camino.
Si bien ya era preocupante la situación antes de la pandemia, lo que acontece en estos momentos críticos nos sitúa ante una realidad devastadora. No se trata de ser negativo, tan solo observador y conocedor del alma humana. Existen ya estudios y publicaciones al respecto, nada nuevo descubrí, tan solo cotejo con mi experiencia cotidiana aquello que se está instalando en nuestras vidas. 
La pregunta que cabe hacerse es: ¿Qué consecuencias está teniendo y tendrá a futuro la pandemia sobre nuestros hijos?
Para todos los que estáis o habéis estado al cuidado de algún niño, me pregunto si os habéis descubierto diciéndole frases del tipo: ‘Tómate el zumo que se le van las vitaminas’, ‘¿Te crees que soy el Banco de España?’, ‘No te tragues el chicle, que se te pega en las tripas’, ‘Lo negro del plátano se come, es lo mejor’ o ‘Hasta que no lo rompas, no te vas a quedar tranquilo’.
Estas frases típicas, son tan solo un burdo intento de explicar que todo lo que nos llega por nuestros sentidos y vivencias, nos conforma. Se graba a fuego en nuestra psique o cuerpo según sea la experiencia. Si bien estas frases inocentes están presentes en nosotros, pensemos en qué tipo de mensajes están llegando a nuestros pequeños en la situación actual: ‘¡No te acerques!’, ‘¡No lo toques!’, ‘¡Quédate en casa!’, ‘¡Juega solo/a!’, ‘¡No compartas tus cosas (almuerzo, pinturas, juguetes...)!’,  ¡No besos! ¡no abrazos! ¡no moverse!
Todas estas consignas dichas durante un período de tiempo como el que ya llevamos y lo que nos quede, cada día en la escuela, en las casas, en la calle, quedan profundamente grabadas en los menores, convirtiéndose en su verdad incuestionable, teniendo como fruto un ser humano que posiblemente diste mucho de lo deseable, al menos para unos pocos.
Los niños aprenden de la imitación y la repetición, y eso quedará en ellos, haciendo que su desarrollo tanto físico como psicológico e intelectual se vea afectado, con posibles secuelas muy graves a todos los niveles.
Si desglosamos todas las obligaciones y prohibiciones que forman ya parte de nuestras rutinas, veremos cómo es de grotesco el asunto.
Mascarillas, ostracismo y distancia social, falta de movimiento y aire libre, juegos y risas... en niños en pleno desarrollo de sus órganos vitales, como son el corazón o los pulmones, presumiblemente, en su edad adulta, se verán poco fortalecidos. Teniendo en cuenta algo tan básico como que la función hace al órgano, si el órgano no se estimula de forma adecuada, ya se puede deducir el efecto fisiológico  y mental de ello.
Si hablamos del aspecto psicológico, no es meritorio comprender lo que ha de suceder y que ya está presente. Niños llenos de MIEDOS, inseguros, débiles, aburridos y enganchados a la devastadora tecnología, ya conocida como la droga del siglo XXI, por muchos científicos y psicólogos. Niños con intolerancia a la frustración que se practica durante el juego con los iguales, niños con síndrome de hambre de piel, faltos de descanso, con pesadillas nocturnas, que derivan en falta de concentración y dificultades de aprendizaje, sin olvidarnos de los más desfavorecidos que debido a esta brutal crisis, se verán inmersos en contextos sociales donde lo básico empieza a escasear, los alimentos a ser un lujo, y los pequeños a no estar bien alimentados.
Depresión infantil, un término poco habitual hasta hace pocos meses, regresiones a estadios anteriores, rabietas, pipi en la cama, son solo algunos ejemplos. 
Alejamiento social y timidez, mascarillas y niños escondidos tras ellas, con autoestima mermada y favorecida por la falta de afecto y contacto, juegos, caricias y compartir.
En la conciencia del lector dejo estas palabras, para que si calan nos hagan más conscientes de lo que está por venir y que tan solo nosotros como adultos podremos mitigar con nuestros gestos y cuidados.