Punto cardinal

Imelda Rodríguez

Especialista en Educación, Comunicación Política y Liderazgo


Nos queda la mirada

21/06/2020

Dice un proverbio que «quien no comprende una mirada, jamás entenderá una larga explicación». El mayor poder que puede transmitir una persona, desde su gestualidad, se concentra precisamente en los ojos. Y este tiempo que iniciamos, fuera del estado de alarma, es un tiempo para impactar. Son llamativas nuestras nuevas interacciones profesionales, sociales y personales mientras llevamos puesta la mascarilla. Ahora, toda la fuerza comunicativa se concentra en la mirada, que no puede ocultar prácticamente nada. Estamos llamados a ser de verdad. A mirar con profundidad a las personas que tenemos al lado, con responsabilidad, pasión y compasión. Es la hora de mirar a los ojos, y  de hacerlo sin miedo, porque precisamos más humildad para poder construir grandeza. Hablo de miradas sanas, de altura, las que articulan los más brillantes. Esas que no se quedan a medio camino en la toma de decisiones comunes, en la práctica del compromiso profesional y personal, siendo capaces de alejarse de lo anecdótico y de cimentar lo esencial. Una fórmula prioritaria para las dinámicas políticas actuales, que deben huir del tándem calumnia/crispación para centrarse en clarificar las estrategias de reconducción económica, empresarial y social (lo que supone renovar el sentido de la visión y la acción pública). 
Gobernar el motor del cambio, en este ciclo post-covid 19, requiere situar a los mejores en las posiciones exactas para que dirijan los proyectos más innovadores con los resultados más consistentes. Porque la mediocridad nunca ha sido adecuada para épocas volátiles. Fíjense, me parece simbólica la obsesión de Donald Trump por no mostrarse ataviado con su mascarilla. Lo absurdo no tiene cabida en este nuevo escenario mundial. No nos podemos permitir cualquier generación de dirigentes (esta pandemia ha servido para testar a unos cuantos, por cierto). Necesitamos a los que impresionan con su agudeza, que es siempre la suma de la inteligencia práctica y la bondad. Merecemos una generación de directivos firmes que, desde el ingenio y la humanidad, sean capaces de articular un desenlace sostenible a largo plazo. Estar al frente de los sueños de los demás, y hacerlo bien, es el acto contemporáneo más revolucionario. Somos lo que hacen de nosotros nuestros pensamientos y, ahora también, nuestra mirada. Nunca la autenticidad ha tenido tanto valor. Tenemos una gran oportunidad para ser más decisivos y más valientes. «Cuando uno tiene sed / pero el agua no está cerca», filosofía en forma de canción que nos deja en herencia Pau Donés. Que esta sed frustrada no nos ocurra jamás. Somos los artífices de la nueva esperanza (reclamándola y edificándola). Quedándonos la mirada, nos queda todo. Solo podemos detenernos en la felicidad. No hay tiempo para más.