MUY PERSONAL

Francisco Muro de Íscar

Periodista


Aún hay tiempo para el sentido común

Ya dijimos hace tiempo que la explosión de alegría de los ganadores de las elecciones del 28 de abril era un puro desahogo tras la interminable campaña electoral, pero que los pactos estaban cogidos con alfileres y se podían descoser en cualquier momento. Lo estamos viendo a un lado y a otro del espectro político.

Si los electores hubieran sabido lo que sus elegidos iban a hacer -o a no hacer- con sus votos, tal vez hubieran cambiado su decisión. Pero como seguimos evitando que los partidos digan en sus programas electorales qué tipo de coalición están dispuestos a apoyar, pasan estas cosas. ¿Se puede tratar de formar gobierno sin conversar en serio con las partes, sin negociar un programa detallado, sin hablar de objetivos?

Pues eso es lo que ha hecho el presidente Sánchez durante 80 días desde que fue elegido. Y cuando nos encaminamos a la sesión de investidura solo hay dos escenarios: o una muy frágil mayoría, entre grupos radicalmente diferentes y con objetivos radicalmente opuestos en muchas cuestiones, o una repetición de elecciones, lo que situaría a España en una inestabilidad gravemente preocupante y que, posiblemente, traiga una llamada de atención de la Unión Europea.

No se puede estar negociando el reparto de cargos en Bruselas cuando uno es incapaz de acordar nada en su propio país. Y el presidente Sánchez da la sensación de que no quiere negociar nada ni con Podemos ni con el PP ni con Ciudadanos. Simplemente, ponerles frente a la disyuntiva de apoyo a cambio de nada o la "necesidad" de tener que aceptar los votos de los independentistas catalanes y de Bildu, con un precio que todos sabemos que será muy alto.

Lo está siendo en Navarra y en Cataluña lo será aún más. Sánchez sabe que meter a Podemos en el Gobierno es meter el caballo de Troya en el PSOE y en los secretos del Estado. Y hace bien en no fiarse. Y necesitar los votos de ERC y del PNV además de los de Bildu, es poner un cheque en blanco encima de la mesa con cantidades que van a poner otros pero que tendrá que firmar él. Lo que está pasando es como ese oficio de tinieblas que escribe la poetisa Francisca Aguirre, Premio Nacional de Poesía: "ese oficio tan de tanteo, tan de sombras que persiguen la luz como un ahogado, ese oficio de vísperas que ignoran y sin embargo sienten, esta revolución de trogloditas en busca de la unidad tribal".

La tribu de la derecha tampoco puede levantar altiva la cabeza. ¡Qué espectáculo de Vox, cerrando teléfonos, buscando prebendas, mendigando fotografías pero sin poner freno a la izquierda! ¡Qué desconcierto de Ciudadanos, perdiendo a muchos de sus fundadores, jugando a ocultar sus pactos, encerrado en sus contradicciones y con el silencio de su líder máximo! ¡Y qué temblor de piernas en el PP, a punto de perder lo que creía ganado, tratando de coser los descosidos entre Ciudadanos y Vox y con el traje hecho harapos! Los ciudadanos de este país se merecen que sus políticos demuestren que tienen sentido común y sentido de Estado. Que son capaces de acordar programas solventes pensando en el conjunto de los ciudadanos y no en los intereses, no siempre limpios, a veces sucios, de algunos partidos. Necesitamos una legislatura estable. Y de momento, ninguna fórmula lo garantiza. Aún hay tiempo para el sentido común.