A QUEMARROPA

Julio Valdeón

Periodista


Amanecer (dorado)

06/11/2020

El español no será lengua oficial en Cataluña y etc. La lengua oficial y vehicular, la tibia querencia por la educación bilingüe al basurero (excepto que sea catalán/inglés, o francés, o swahili), las repetidas sentencias del Constitucional, a colgar en el corcho junto a los requerimientos judiciales al capo del intento de golpe de Estado, aka Puigdemont, y en general la ley de educación, y la koiné de los españoles, al servicio del mandarín Sánchez. Porque nadie debería engañarse. Todo esto sucede con el único propósito de que su excelencia don Pedro siga en Moncloa. Si su sinecura fuera garantizada mediante la imposición del latín como lengua obligatoria ya pueden empezar a declinar sus lenguas muertas, rosa rosae. Y ya, ya, dije español. Y sé de requetesobra que nosotros, los seres de luz, los progresistas, los enemigos de don Pelayo, Fernando VII y Franco, le decimos castellano. Claro que ve y pregunta a tus amigos uruguayos, mexicanos o argentinos como lo llaman. A lo que iba, el castellano, o español, o si prefieren mordorita, por Mordor, lengua de nazis, troles, sucriaturas y, oh, descendientes de trabajadores fabriles en Cataluña y el País Vasco, lengua vehicular de las clases populares en los territorios más industrializados y ricos de la periferia, queda como curiosidad apache para bisbisear en el patio del recreo. Con el permiso, claro, de quienes con cargo el grifo público escuchan hablar a los niños y apuntan sus transgresiones. Lo dicho, el castellano, el de los 482 millones de hispanohablantes, a la mierda. Buenas noticias para los demócratas irisados, los antifascistas multicolores y los partidarios del amanecer (dorado) y otros especímenes del terraplanismo abanderado por nuestra izquierda fetén. Creíamos que defendemos lo común. Pero la lengua común de Cataluña, la lengua materna del 55% de los catalanes, debe morir a manos de la lengua materna del otro 31,6%, que no por casualidad copa las principales magistraturas locales y cuánto ámbito pueda rebañar. A mayor gloria de un negocio identitario tan lucrativo como xenófobo.



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