TITULARES DEL FUTURO

Belén Viloria


No es cuestión de privacidad, es cuestión de poder

La pasada semana, el mismo día que a Facebook la FTC (Comisión Federal de Comercio de los EEUU) le impuso la multa de 5.000 millones por violar la privacidad de sus usuarios (el equivalente al 9% de sus ingresos en 2018), ese mismo día Facebook subió en bolsa 6.000 millones. Y en estos días Boris Johnson, el reciente Primer Ministro británico, nada más llegar, ha confirmado la salida de la Unión Europea el 31 de Octubre «cueste lo que cueste».  ¿Hechos inconexos? ¿Casualidades? No.
La FTC ha estado investigando a Facebook desde que se reveló el año pasado que la firma de consultoría política Cambridge Analytica recolectó indebidamente la información de 87 millones de usuarios de Facebook sin su consentimiento para su utilización en la campaña presidencial de Donald Trump. La compañía es propiedad de Robert Mercer, el multimillonario que casualmente financió a Trump.
Algo que aparentemente puede quedarse en un tema de vulneración de la privacidad, por cierto nada desdeñable, y al que los más jóvenes no le dan importancia, asumiendo que la privacidad no existe, tiene una importancia extraordinaria cuando lo puede estar en juego es la democracia y la libertad del presente y del futuro. ¿El motivo? La evidente comercialización de los datos personales para ponerlos al servicio de la política.  
Todo esto es fruto de una investigación iniciada hace un año por la periodista británica del The Guardian, Carole Cadwalladr, quien siguió la pista de Christopher Wylie, un canadiense de 28 años, cerebro por entonces de Cambridge Analytica, que ha reconocido que sin esta compañía y sus campañas dirigidas, ni Trump ni el Brexit hubieran triunfado.
Sus investigaciones muestran las evidencias que en estos meses han provocado oficialmente múltiples investigaciones criminales y civiles, y la multa a Zuckerberg. Pero para ella, esto no es suficiente, porque aunque tienen las evidencias, Facebook no está revelando cómo se ha gestado y cuánto dinero se ha empleado en publicitar y ‘manipular’ a la gente. 
Carole en Abril de este año subió al escenario de TED en Vancouver y en su charla acusó a los dueños de Facebook, Google, y Twitter por dirigir compañías que han ayudado a políticos autoritarios de todo el mundo a retener el poder, convirtiendo sus plataformas en escenarios de crímenes. Desde su charla en TED, hoy con más de 2,3 millones de veces vista en 3 meses, Carole sigue investigando lo que aún no sabemos y que forma parte de algo mucho más global. 
Carole, a la que he tenido la oportunidad de conocer estos días y debatir con ella incluso la situación en España, vive diariamente un altísimo nivel de acoso personal y se enfrenta a una demanda por difamación, no por parte de los dueños de las empresas tecnológicas, sino por parte del empresario multimillonario británico Arron Banks, defensor del Brexit y que está tratando de agotar su tiempo, dinero y energía para silenciarla.
Carole está realmente siendo atacada por buscar la verdad. Una articulista, como ella dice, que se vio obligada moralmente a convertirse en investigadora para luchar por la libertad y la democracia, aunque muchas veces le supere.
Este miércoles 24, se ha estrenado The Great Hack, el documental que cuenta la historia de este escándalo y muestra las estructuras y los algoritmos de minería de datos que están socavando la libertad individual y la sociedad democrática. Merece la pena verlo, porque aunque todo esto parezca ciencia ficción o ingenuamente, que les pasa a otros, ayuda a una necesaria reflexión personal sobre lo que está ocurriendo en el mundo y no vemos.