PLAZA MAYOR

Alfonso González Mozo

Periodista


Condolencias y postureo

Profundo pesar, enérgica condena, rechazo más absoluto, sentidas condolencias... Cada vez que un trágico suceso irrumpe en la actualidad consuetudinaria, los políticos y sus partidos tiran de manual para no faltar a su cita con los popurrí de reacciones que se recogen en los medios de comunicación en forma de páginas de periódico y de piezas de internet, radio y televisión.
Los comunicados oficiales y los canutazos (en el argot periodístico, dícese de todas esas declaraciones que hacen los protagonistas de pie, rodeados de micrófonos y que suelen caracterizarse por su brevedad) caen siempre en los mismos latiguillos carentes de alguna carga de profundidad y, por supuesto de una pizca de originalidad.
Esto pasa siempre que hay un asesinato de violencia de género, como aquel de hace unas semanas de Salas de los Infantes (Burgos), y con los accidentes de tráfico especialmente luctuosos, como el ocurrido el pasado fin de semana en Galisancho. Los políticos salieron a lamentar, a expresar sus condolencias, a condenar, a rechazar... pero esos mensajes se presuponen, porque parece una obviedad que no hay más reacción posible ante un suceso de ese tipo que el pesar. Un hombre cosiendo a cuchilladas a su pareja no puede generar más reacción que la repulsa. Cuatro chavales dejándose la vida en un árbol tras una noche de fiesta es un drama per se.
Porque, en estos casos, lo que se exige a los políticos, a los que tienen la capacidad de (intentar) cambiar las cosas desde los cargos que les ‘confiamos’ los ciudadanos, es que den un paso para tratar de evitar que sucedan ese tipo de desgracias. Legislando, con una mayor contundencia en las medidas contra la violencia de género y contra la imprudencia al volante; y destinando más medios técnicos y humanos. Sobre todo, aprobando partidas más cuantiosas para que, por ejemplo, en los juzgados de Violencia sobre la Mujer puedan afrontar cada denuncia desde el mayor de los sosiegos; para que, por ejemplo, la Policía y la Guardia Civil tengan más agentes destinados a proteger a las posibles víctimas y no solo a minúsculos grupos; y para que, por poner un último ejemplo, la presencia de muchos más agentes de Tráfico sea capaz de disuadir a cualquier chaval de ponerse al volante ebrio, drogado o dormido tras una eterna noche de fiesta. Postureos, los justos. Medidas y acción.