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Aurelio Martín

LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


Viene una ola

12/07/2021

Aparte de la del mar, si se disfrutan las vacaciones en la orilla, el titular se refiere al vertiginoso aumento de los contagios de la COVID-19 en España, más virulento en unas comunidades autónomas que en otras, aunque todo vendrá determinado por el tiempo, ojalá que se registre un descenso en dos semanas, pero la situación pinta mal, no se espera alcanzar el pico de forma inmediata. El hecho de que no haya excesiva presión hospitalaria no significa que no tengamos un número de casos como para ponerse en prevención. El virus continúa y se ceba principalmente con quien aún no se ha vacunado, que coincide con grupos de edades de entre 15 y 24 años y de 25 a 34. 
Nuevamente tenemos que mirar hacia las fiestas de fin de curso, graduaciones u hogueras de San Juan, a celebraciones de jóvenes en grupo o excursiones, como posible origen de este nuevo contagio masivo ayudado por alguna de las variantes más peligrosas y con un índice reproductivo más alto, como en diciembre. 
No hay que criminalizar a todos los jóvenes, desde luego, hay quienes cumplen al máximo con las normas de prevención, no solo en su beneficio, sino también en el de los demás, pero reuniones multitudinarias con descontrol sí que colaboran para llegar a estos niveles y también para transmitir la enfermedad a progenitores o familiares que no hayan concluido con el proceso de vacunación. 
Los sanitarios insisten en que la COVID-19 viene asociada a la letalidad, incluso estiman que dos de cada 1.000 jóvenes contagiados pueden fallecer. No es alarmar, sino poner de manifiesto que no hablamos de una broma, como lo demuestran ingresos hospitalarios de personas con 19 años, en planta, o de 30, en una unidad de críticos. 
Es cierto que la edad, cuanto más baja, va directamente relacionada con la fortaleza del sistema inmunológico, por eso hemos visto morir a miles de ancianos, sobre todo, en los primeros momentos de esta desgraciada pandemia. Pero esto no es excusa para actuar desde la irresponsabilidad y descuidar un comportamiento cívico, porque en ello perdemos todos, comenzando por la sanidad, ya de por sí tocada, teniendo en cuenta que en verano hay más movimiento de ciudadanos, con una atención primaria saturada a la que le resulta muy difícil llevar a cabo los rastreos, porque hablamos de grupos numerosos en fiestas, sino para aquellos que puedan ser contagiados o los que, cumpliendo las medidas, vean como se toman nuevas iniciativas que vuelvan a cerrar movimientos y actividades económicas. 
Si la diversión de unos pocos afecta a todo un país, algo se está haciendo mal en cuanto a la educación y la responsabilidad de algunas personas, aparte de que ahora lo comienzan a pagar en sus propias carnes. Así que cuidado con esta quinta ola de la pandemia, de la que no quedan exentas las celebraciones patronales en miles de municipios que, aunque suspendidas, siempre suelen animar a grupos a juntarse para la fiesta. Puede que haya otras cuestiones y responsabilidades, pero hay que empezar con el comportamiento de uno mismo.