PLAZA MAYOR

Alfonso González Mozo

Periodista


Es lo que hay

24/10/2020

Es lo que hay. Hombros hacia arriba y un gesto de resignación en la mirada que no hacía difícil imaginar el resto de la cara, la que estaba bajo la mascarilla. Era un ‘es lo que hay’ de esos que suenan a bofetón para muchos adultos, un guantazo con aroma de lección de vida. Un ‘es lo que hay’ de un chaval de cinco años a las puertas de un estadio de fútbol al que había ido para ver a sus ídolos y que asumía con resignación la situación y no regalaba ninguna alharaca a las cámaras de Movistar cuando le preguntaban por si no le daba rabia no poder entrar a ver el partido...
Es lo que hay. Pocas veces una decena de letras sirve para componer una frase que sea capaz de contener de modo tan preciso la esencia de la nueva vida a la que nos lleva esta imparable pandemia, a la que no le gana ni el dinero ni el poder, solo la prudencia, la responsabilidad y la paciencia. Ni el fanfarrón de Trump, ni la estoica Merkel, ni los chinos y sus vacunas fantasma, ni –claro está– nuestro guirigay de país en el que cada comunidad autónoma ha estado circulando por libre, con sus normas y sin más que unos ténues retazos orientativos de Moncloa, más cambiantes que las reglas de una pachanga escolar.
Es lo que hay. Es lo que hemos votado. Aquí, allí... Se salvan muy pocos, aunque por estos lares tenemos la suerte de que están al mando médicos y no políticos profesionales; que sí, que fallarán, pero da la sensación de que no actuarán mediatizados por el miedo a perder el despacho (y la nómina). 
Es lo que hay. Cuatro simples palabritas que dibujan con maestría la nueva realidad a la que nos aboca este virus, sometidos por las mascarillas y castigados a una vida monacal que se atraganta cada fin de semana.
Es lo que hay.  Y toca asumir que mientras no se desarrollen las vacunas –y se demuestre su eficacia–, al SARS-CoV-2 no lo parará nadie. Quizá la responsabilidad individual de cada uno para, al menos, tratar de poner alguna traba al covid-19 en su apabullante capacidad de contagio. 
Es lo que hay. Toca ser conformista, hacer caso a los que mandan –y esperar que ellos obedezcan a los que saben–, sonreír y dejar de gruñir, aunque solo sea por respeto a los sanitarios, a los que se pasan horas tras una mascarilla, a nuestros hijos que aún están por quejarse... Porque ellos son los mejores y saben mejor que nadie que es lo que hay.