Seis meses de descalabro económico

Óscar Fraile
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Valladolid ha visto desde la declaración del estado de alarma, el 14 de marzo, cómo se incrementa un 14% el paro, se destruyen 16.500 empleos y se desploma la contratación, con sectores clave, como la automoción y la hostelería, muy afectados

Un hostelero prepara la terraza de su negocio. - Foto: Miriam Chacón (Ical)

Abhijit Banerjee y Esther Duflo, ambos premios Nobel de Economía, analizaron en el mes de mayo cómo podría ser la salida de la crisis generada por el coronavirus en los países más desarrollados y en los menos favorecidos. Y para hacerlo compararon la situación actual con la que vivieron naciones como Japón, Gran Bretaña y Francia después de la Segunda Guerra Mundial. El símil no es alentador. Según ellos, en aquella ocasión tuvieron que pasar 15 años para recuperar la normalidad perdida.
Más que pensar en la recuperación, el mundo lucha todavía por atenuar los efectos de una pandemia que está poniendo al borde del precipicio a muchas familias y negocios en el aspecto económico.
Este lunes se cumplen seis meses de la declaración de alarma decretada por el Gobierno el 14 de marzo. Un semestre de paralización parcial y total de varios sectores y de caída sin freno del consumo. Todo como un mal necesario, si bien hay opiniones para todos los gustos, para frenar el avance del virus.
Las consecuencias económicas que ha tenido la pandemia a nivel local son más que evidentes. Todavía hay sectores, como la hostelería y el turismo que día tras día lanzan un ‘S.O.S.’ para alertar de una situación más precaria. Un problema que no afecta solo a los pequeños negocios. Las grandes empresas de automoción, uno de los motores de la economía local, también tuvieron que parar varias semanas para agravar una situación que ya era delicada por otros muchos factores.
Entre unas cosas y otras, Valladolid ha pasado de tener 230.300 personas ocupadas a finales del marzo, según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), a 213.800 a finales de junio. Es decir, 16.500 puestos de trabajo destruidos en solo tres meses. El mismo efecto que se ha producido en las cifras del paro. Si antes de que comenzara la pandemia había 30.144 desempleados en Valladolid, a finales de agosto ya había 34.371.
Y eso, pese a las medidas que tomó el Gobierno para evitar una ola de despidos masivos. Principalmente, dar la posibilidad a las empresas de solicitar expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) por causas de fuerza mayor. Y las cifras también dicen que son muchos los que se han agarrado a este clavo ardiendo. Por ejemplo, la Junta de Castilla y León ha recibido casi 7.000 solicitudes en la provincia con casi 40.000 empleados potencialmente afectados (son cifras de solicitudes, no de ERTE aceptados, si bien se ha dado el visto bueno a la mayoría de ellos). Tan buen resultado ha dado esta medida que las organizaciones empresariales y los sindicatos han pedido su ampliación más allá de lo pactado actualmente, el 30 de septiembre, y las negociaciones parecen ir por buen camino para ello. Evidentemente, la cara B de esta medida es el gasto público que asume el Estado, al costear el 70 por ciento de la base reguladora de cada trabajador afectado.
Menos emprendimiento. Pero, pese a estas medidas de apoyo, los empresarios siguen atravesando una crisis sin parangón en los últimos años, y por eso también se ha ralentizado ostensiblemente el ritmo de creación de nuevos negocios. Según los datos del INE, entre marzo y junio del año pasado se constituyeron 289 sociedades mercantiles en la provincia. Pues bien, ese año solo han sido 130, menos de la mitad.
La Confederación Vallisoletana de Empresarios (CVE) ha pedido en varias ocasiones durante esta pandemia una reducción de impuestos y ayuda para digitalización de procesos, ya que la patronal vallisoletana llegó a vaticinar en abril que algo más de la mitad de las empresas locales reducirían plantilla, en base a una encuesta realizada entre las mismas. Más o menos en la misma línea que se ha expresado el Colegio de Economistas de Valladolid, desde donde se pidieron medidas «drásticas» para evitar el colapso financiero de muchas empresas.
En este sentido, encontrar el equilibro para tomar medidas sanitarias que eviten la propagación del virus sin que supongan un excesivo daño para la economía ha sido el principal caballo de batalla de las administraciones regionales y nacional. Y no siempre con resultados satisfactorios para los afectados. Por ejemplo, la hostelería local se queja de ser un sector criminalizado, mientras que buena parte del sector cultural se ha quejado de medidas demasiado restrictivas.
La crisis también ha golpeado de lleno a otro sector fundamental para Valladolid: la automoción. Las fábricas tuvieron que parar sus producciones, lo que afectará a la cuenta de resultados anual. Un problema que se suma a la incertidumbre a la que están haciendo frente desde hace muchos meses, con un cambio del modelo de movilidad. Según los datos de Anfac, las matriculaciones bajaron un 32,8 por ciento en Valladolid hasta el mes de agosto y también cayeron más o menos lo mismo (un 31,5 por ciento) las ventas de Renault en Valladolid.
El aeropuerto es otro punto que refleja muy bien la dinámica de los últimos meses. Las restricciones de movilidad dejaron a la terminal durante unos cuatro meses con una actividad reducida a vuelos bajo demanda y que estuvieran justificados. Consecuencia: una caída de pasajeros del 87,3 por ciento entre marzo y julio, con todo lo que ello conlleva para los negocios que dependen de su funcionamiento.
El futuro a medio plazo es una incógnita y vendrá marcado por los plazos de la nueva vacuna. Mientras tanto, casi todos los sectores se dedican a capear el temporal y tratar de sobrevivir a la mayor crisis económica que ha vivido España en las últimas décadas.