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Santos Álvarez, interesante literato

Jesús Anta
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Supo codearse con los mejores escritores de su tiempo, singularmente con Zorrilla y Espronceda, y en conocer, como pocos, los ambientes literarios de su época, donde era brillante tertuliano

Santos Álvarez.

Acaso Miguel de los Santos Álvarez Unzueta sea el más desconocido de los literatos vallisoletanos del siglo XIX, sin embargo supo codearse con los mejores escritores de su tiempo, singularmente con Zorrilla y Espronceda, y en conocer, como pocos, los ambientes literarios de su época, donde era brillante tertuliano. Con Zorrilla, Miguel de los Santos tuvo una estrechísima amistad. Quisieron esas casualidades de la vida, que nacieran y fallecieran con un año de diferencia, que fueran bautizados en la misma parroquia, la de San Martín, que ambos comenzaran juntos los estudios de Derecho, y que los dos se dedicaron a la literatura, influenciados por su admiración de los grandes escritores románticos.

Cuenta Narciso Alonso Cortés, que Miguel de los Santos marchó a Madrid poco tiempo después de que lo hiciera José Zorrilla, y que los dos pasaban las mañanas en la pensión de Miguel de los Santos, a mediodía iban a la Biblioteca Nacional y que al atardecer comenzaban a vagar por las calles y plazuelas de la capital. Zorrilla en una de sus más notables obras habla con enorme cariño de su amigo Miguel de los Santos.

Y con Espronceda, la amistad de Miguel de los Santos llegó a tanto que vivieron juntos los últimos años de Espronceda y que el poeta murió prácticamente en los brazos de Miguel de los Santos. A tanto llegó su compenetración que terminó de escribir la obra 'El diablo mundo', que en esos postreros meses de su vida estaba escribiendo Espronceda y que falleció dejándola inconclusa.

Miguel de los Santos y Zorrilla fueron juntos a visitar el cadáver de Larra, que había puesto fin a su vida de trágica manera, y que estaba depositado en la iglesia de Santiago, en Madrid, y que al terminar las emocionadas palabras del vate vallisoletano, Miguel de los santos corriera a darle un abrazo, pues era su amigo del alma y recordaba como juntos habían leído a Víctor Hugo, Walter Scott y lord Byron.

Miguel de los Santos nació el 5 de julio de 1818 (Zorrilla había nacido en febrero de 1817), se licenció en Derecho en Valladolid, cosa que no hizo su amigo Zorrilla, y ejerció de funcionario público. Era de ideas liberales, y enfrentado a Narváez, tuvo que exiliarse a Francia de 1848 a 1852. A lo largo de su vida ocupó importantes cargos políticos: ejerció de diplomático en varios países de Sudamérica, fue nombrado gobernador de Valladolid en 1852, cargo que ocupó escasos meses, pues al año siguiente pasó a desempeñar altas responsabilidades en el Ministerio de Estado, en 1872 fue candidato por Valladolid al Senado en la lista del partido Radical, y durante varios años, hasta 1888, ejerció de consejero de Estado. Cargos, todos que, por supuesto, iban y venían según el signo de los gobiernos que tantos cambios conoció en los convulsos años que le tocaron vivir a Miguel de los Santos. Falleció en Madrid el 15 de noviembre de 1892 (Zorrilla murió dos meses después).

En cuanto a su obra literaria, diremos que escribió obras de amargo pesimismo romántico, como 'Fragmentos, desoladas quintillas -A la vida'-, pero con su novela 'La protección de un sastre', siguió la senda del humorismo.

De toda su obra, no muy brillante, en la que también hay artículos en selectas revistas y cuentos, los críticos se quedan con su poema 'María', como lo mejor que escribió. Según el catedrático de Literatura Española, Gregorio Torres Nebrera, en todos sus relatos se mezcla el tratamiento costumbrista con un sentido humorístico, e incluye lo fantástico, y en ocasiones lo macabro.

Opiniones ajenas

A Miguel de los Santos lo citaron en uno u otro momento, escritores de mucha talla. A Galdós le caía muy simpático, e incluso lo convierte en un personaje de su Episodio Nacional 'De Oñate a la Granja' como autor de una carta inexistente. Valera, en su Florilegio, hace la siguiente semblanza de Unzueta: «su natural ingenio, acendrado buen gusto, y demás prendas de escritor y poeta fueron, para mí, superiores a los de la mayoría de sus más ilustres y celebrados contemporáneos», pero, añade Valera, que mostraba desidia y abandono lo que hicieron estériles las buenas virtudes de escritor «con que le había dotado el Cielo». Por su parte, Emilia Pardo Bazán muestra pocas simpatías por Unzueta, del que dijo, más o menos, que tenía una aureola que no se correspondía con su A pesar de estas consideraciones de sus contemporáneos, la catedrática de Literatura María Sotelo Vázquez, cree que el paso del tiempo ha venido a confirmar que Miguel de los Santos es un buen representante de su época, y que acaso ese fue el motivo por el que Galdós lo eligió como vocero de su peculiar visión del romanticismo.