PLAZA MAYOR

Alfonso González Mozo

Periodista


Los grandes culpables

16/01/2021

Es tiempo de listillos, advenedizos y pseudo virólogos de Twitter; de tertulianos con máster en pandemias, capitanes A Posteriori, bobos y gruñones cum laude. Es tiempo de trincheras políticas, de rifar para ver a quién le cargamos la culpa de estas navidades de mentira que nos han dejado de regalo esta tercera ola del coronavirus.
Yo puedo ser un listillo y hasta un bobo, pero nadie me podrá acusar de ponerme el disfraz de capitán A Posteriori. Hace cuatro semanas que en este mismo espacio escribía lo siguiente (disculpen la ‘autocita’): El gran problema con el que nos vamos a encontrar a la vuelta de las navidades es que la pandemia va a resurgir en una tercera ola que volverá a cerrar los bares y a llenar los hospitales; y quizá mueran 274 vallisoletanos más, como pasó en noviembre (...) Las autoridades no se han atrevido a poner las restricciones debidas (...) Lo han dejado todo en nuestras manos y el fracaso está garantizado.
No había que tener bola de cristal ni ser el mayor experto en salud pública del mundo para atisbar que, todo lo que no fuera unas navidades en pseudo confinamiento, iba a derivar en una tercera ola que obligaría otra vez a cierres y penuria económica; y lo peor, a poner nuevamente contra las cuerdas al sistema sanitario y a multiplicar el hartazgo de sus abnegados profesionales.
Todos lo sabíamos. También los políticos, que ahora nadie se haga el sorprendido por la furia de esta tercera ola de la pandemia, desde el desaparecido presidente del Gobierno al omnipresente vicepresidente de Castilla y León, pasando por la atemperada consejera de Sanidad y su loable ‘autoconfinamiento’, y por el visceral alcalde de Valladolid, con su tan innecesaria cabalgata (allí no se contagió nadie, seguro, pero sobraba el pulso).
Todos lo sabían pero cada uno ha ido a lo suyo. Los que tenían algo que decir y los que no, metidos en trincheras de pacotilla a las que arrastran a sus acólitos. Prohibir la Navidad era impopular, pero es lo que tocaba, y nadie se atrevió. Pero no escurramos el bulto, porque los grandes culpables de esto somos nosotros. La ciudadanía en pleno, porque el virus no se contagia solo y si los casos se han disparado es porque la vida social navideña se desbocó. No lloremos por los bares ni juremos contra los políticos, estaba en nuestras manos y nos dio igual. Fracasamos.