Un oasis de comida tradicional

M.B
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Los hermanos Espinosa, Fernando y Daniel, nos abren las puertas de la Cafetería&Restaurante Club Raqueta con una gastronomía tradicional con un toque moderno

Los hermanos Espinosa, Fernando y Daniel. - Foto: Jonathan Tajes

Un oasis lo define la famosa Wikipedia como ‘paraje de un desierto en el cual se pueden encontrar agua y vegetación’. La Cafetería & Restaurante Club Raqueta podría ser perfectamente un oasis gastronómico en una zona cien por cien deportiva, dentro de un club donde el pádel y el tenis son los protagonistas y en mitad del parque de las Contiendas, con riders (amantes de la bici), runners (amantes del atletismo) y paseantes. Para rematar, con la mirada puesta en el estadio José Zorrilla, donde el fútbol ha vuelto a dar una alegría a sus aficionados, con la permanencia en Primera de su principal equipo.
En mitad de todo ello, se encuentran los hermanos Espinosa, Fernando y Daniel, al frente del restaurante del club Raqueta. «Hay mucha gente que se pensaba que era privado y no se podía entrar. A la cafetería se puede sin problemas», arranca Fernando. Los dos se cambiaron de un local en la zona centro de la ciudad, el Capricho, a este hace cuatro años, uno más tarde de que abriese el club: «Nosotros estábamos en la calle Correos, llevábamos allí dos años; y surgió esta oportunidad. Se puso en contacto con nosotros el dueño del club, que llevaban la gestión de la hostelería. Decidieron buscar a alguien profesional y nos cuadró».
Durante un par de años mantuvieron los dos negocios, aunque hubo un momento en el que tuvieron que decidir porque «era insostenible en cuanto a trabajo y horas. Vimos más potencial en el club y decidimos venirnos».
Con familiares dentro de la hostelería, aunque en Madrid, lo suyo casi ha sido autodidacta. «A los dos siempre nos ha gustado la cocina. Hace seis años por diferentes circunstancias dimos el paso y nos introdujimos en este mundo», reconoce Fernando, que asegura que siempre están buscando cursos e información para mejorar sus prestaciones entre los fogones. En ellos, el que más se maneja es Daniel, aunque ambos están tanto para la cocina como para la atención en las mesas, con la ayuda de una camarera. 
«Nuestra cocina es tradicional con un toque moderno, actual. Nos basamos en platos de toda la vida, pero con una pequeña vuelta», relatan por su gusto por una gastronomía sencilla, pero con puntualizaciones actuales.
Uno de los secretos de su éxito radica en el menú que preparan a diario, muy accesible para los tiempos que corren. Por 10 euros ofertan tres primeros y tres segundos, más postre y bebida de lunes a viernes; precio que aumenta a los 15 euros los fines de semana, aunque también suben la oferta, con un primero y un segundo más. «También hacemos comida para llevar y tenemos una carta de raciones para vermú y tardes», puntualiza añadiendo que este año han incorporado arroces: «Tenemos tres tipos: una paella de marisco y pescado; arroz caldoso con bogavante; arroz de costilla y alcachofitas. Los arroces, es sí, son por encargo».
Suelen cambiar el menú, con mucha rotación, aunque reconocen que hay platos, como el tataki de atún marinado en soja que les suelen pedir como no esté entre el menú o en la carta: «Es uno de los que a la gente más le gusta».
Otro de sus secretos es la terraza. O mejor dicho, terrazas. Porque el local interior tiene una capacidad para 99 personas (70 con la covid); pero la gente quiere terraza. Cuenta con tres: una zona con 10 meses al aire libre en el jardín; una terracita con techo cubierto de 5 meses; más otra zona de otras 10 mesas: «Incluso podríamos poner más guardando distancias».
Curiosamente, pese a estar dentro de un club, la mayoría de sus clientes son de fuera, sobre todo al mediodía o a la hora del vermú; es decir, gente que va exclusivamente a comer en sus instalaciones. «No es privado, se puede entrar», repite Fernando Espinosa: «La gente busca eso, terraza y al aire libre; y aquí lo tienen».