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Urrea: «¿Por qué no se ve en los mayores un referente?»

M.Rodríguez
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Entrevista a Jesús Urrea Fernández, historiador y ex director del Museo de Escultura

Urrea: «¿Por qué no se ve en los mayores un referente?» - Foto: Jose Carlos Castillo

No es fácil recibir reconocimientos  en la tierra propia y Jesús Urrea puede presumir de estar entre los elegidos. La Diputación de Valladolid ha sido la última institución en reconocer su dilatada trayectoria profesional, destacando entre sus méritos el de ser un estudioso empedernido y trabajador infatigable, además de considerarlo un referente «imprescindible» en la divulgación cultural de la provincia.

¿Qué tiene de especial el reconocimiento que ha recibido recientemente por parte de la Diputación de Valladolid?

Es una gran satisfacción el que la Diputación haya reconocido en mí una serie de méritos para ser acreedor del premio de Trayectoria Artística. Estoy muy contento y orgulloso.

Su trayectoria profesional incluye ser responsable de los museos más importantes de la capital, pero también tuvo responsabilidades en el Museo del Prado. Por cierto, incluso le ofrecieron la dirección en varias ocasiones.

En dos ocasiones, pero eso es ya agua pasada. Me propusieron, pero luego el Ministerio decidió lo que consideró más oportuno. Y seguí siendo director del Museo Nacional de Escultura. 

Como exdirector de este museo, una de las joyas de la capital, ¿qué le parece la reclamación de abrir una subsede en Ciudad Rodrigo y la reclamación de la devolución de la talla del Calvario?

Como ha dicho el ministro Iceta, el tema está cerrado. El Ministerio ha decidido no tener más subsedes de museos nacionales y no tengo más que opinar.

¿Qué le parecen estas reclamaciones que proliferan desde distintas ciudades para que los museos nacionales les devuelvan piezas icónicas?

Como sigamos así deshacemos la visión unitaria de nuestro patrimonio. Es un poco reflejo de la vida política, donde los políticos tiran de un lado y otro para ver lo que se puede obtener para su autonomía. Los historiadores y los gestores del patrimonio lo tienen muy claro.

Y usted como referente en esta faceta, ¿considera que se está pensando últimamente en los museos desde un punto de vista muy turístico?

El tema es la financiación de los museos o de las universidades. Son entes no productivos y hay que hacerles producir. Y uno de los vehículos para obtener recursos es que sean polos de atracción del turismo, que por otra parte, siempre lo han sido. Ahora se quiere fomentar más eso. 

Y no me parece mal siempre que se atienda a la conservación de las colecciones, al estudio científico de las mismas y hacer exposiciones serias, no juegos malabares y efectistas, ni proyectos de actualidad pasajera. Hay que valorar la obra de arte, la científica o la técnica, no como una casualidad que esté en un museo o un objeto más de una colección, sino como algo que ha aportado a la sociedad a lo largo de la historia.

¿Se está abandonando esa faceta investigadora? ¿Y la educativa?

Este es una problema muy serio que tiene el país. Los museos de cabecera deberían ser focos de atracción, no solamente de investigadores externos, sino dentro del centro. Y también de irradiadores hacia otros museos. La investigación no está reconocida en los museos. Solo está reconocida en la Universidad y en el CSIC, pero el museo en sí mismo no es un centro de investigación. Esto es un contrasentido y una auténtica aberración. Mientras el Ministerio no tenga claro esto faltará una pata de la mesa. Hay una crisis de grandes especialistas en los museos provinciales y regionales. Eso hay que fomentarlo.

Las carreras de letras están decayendo frente a las TIC. ¿Esto pone en peligro el relevo generacional de especialistas en los museos?

Algo tiene que ver eso. Ahora la investigación va por otros caminos y no solo se refiere a la historia de las piezas o la creación de los artistas. Los licenciados se orientan en función de los medios que ofrece la sociedad, a través de oposiciones y concursos. Y se abandona ese otro aspecto, que otros países sin embargo potencian, y nos estamos quedando atrás. Es muy grave que cuando se descubre un gran cuadro haya que llamar a especialistas de fuera o se dude de los de dentro.

 Usted que ha estado en ambos lados, tanto en la Universidad como en los museos, ¿estima que la solución es potenciar esas titulaciones o apoyar más la investigación?

Habría que fomentar más la investigación y la práctica en los museos. Hay que entrar en contacto directo con los museos, del tipo que sean. Yo me formé en el contacto directo con las obras, faltarles al respeto, tratarlas de tú a tú. Eso te da una capacidad de juicio y criterio que no te da el estudio documental o empírico de la obra. Hay que verla en directo. Creo que ese aspecto práctico y útil para la sociedad es el que no se está atendiendo suficientemente. 

Los alumnos salen en sus promociones, pero no han entrado en contacto. Al salir a la calle y encontrarse con una obra no saben qué decir porque eso no viene en los manuales. Un médico sale con una gran preparación, pero en las titulaciones de Letras se nota que salen carentes de ese conocimiento práctico directo. Y que luego no lo dan las oposiciones a museos porque es un estudio sistemático de temas. 

En ese sentido, ¿hacia dónde va ahora el arte? ¿Hay reflejo de la crisis social en las obras?

No sabemos dónde vamos y estamos en un momento en que todo es válido por si acaso, nadie se quiere equivocar. No hay espíritu crítico, por otra parte, ni en los medios de comunicación. Nadie dice nada.

Ante la falta de relevo generacional, ¿se utiliza el potencial que representan figuras como la suya?

Sinceramente creo que no. Hace seis años que me jubilé, pero sigo en activo, escribiendo libros y artículos, y trabajando en la Real Academia. Y no soy único. Hay compañeros que hacen lo mismo, pero siempre como freelance, por amor al arte y a la cultura. ¿Por qué no se ve en estas personas mayores un referente y una oportunidad de ampliar conocimientos, consejos y experiencias? Eso no depende de nosotros, es la propia sociedad la que nos va apartando con la idea de que hay que dar oportunidades a los jóvenes. Y claro que deben tener todas las oportunidades del mundo, pero deben estar acompañados de personas con criterio y que tengan experiencia larga. Y con eso cuentan en muy pocas ocasiones.

¿La investigación también está limitada por la falta de fondos?

Por supuesto. Acabo de publicar ahora un libro y no he tenido ninguna ayuda, lo he costeado yo con otro compañero. Lo único es que mi universidad, la UVa, publique el libro. Y eso ya es mucho. Pero lo normal es que nadie te apoye. Y muchas personas mayores que terminan deciden retirarse por esa falta de apoyo. Y es una pena que no cuenten con nosotros para charlas o seminarios.

Ese libro que va a presentar, ¿qué aborda?

El libro se titula 'Recrear el pasado' y en él se habla sobre los retablos vallisoletanos desaparecidos, perdidos y trasladados. Lo he hecho en colaboración con Enrique Valdivieso, que es catedrático jubilado de la Universidad de Sevilla. Es un libro de investigación, de aportación, recreación e imaginación, que ha implicado que nos pongamos al día en sistemas de recreación. 

En relación con las nuevas tecnologías, ¿cómo se pueden adaptar los museos a la demanda virtual que se disparó en pandemia? ¿Qué riesgos tiene?

Desde los museos se potencia esa posibilidad online, pero como un primer paso o una animación al gran público para que profundice. El ver grandes museos virtualmente es interesantísimo, pero acicate para una visita física a los puntos de más interés de cada uno. Si el público se conforma con verlo así, es algo añadido, que se ha conquistado, pero no es emocionante.

Sin embargo, la tecnología es muy interesante para visualizar obras desaparecidas.

En ese campo se puede hacer lo que se quiera. Hemos hecho para otro libro que he publicado este año una recreación, por ejemplo, con profesores de la Escuela de Arquitectura, de la vieja catedral de Valladolid. La hemos reconstruido entera virtualmente. También hice otra sobre la iglesias de San Benito el Real.

Frente a la virtualidad, ¿cómo se puede garantizar la viabilidad económica de los museos sin subir el precio de las entradas?

Es la pregunta del millón. Creo que al público hay que atraerle de alguna manera al museo: con exposiciones, actividades, programas,… Muchos tiene miedo de ir a un museo porque dicen que no entienden de arte o de ciencia. Y la pregunta es si entienden de belleza, de innovación, progreso, folklore,… Pues hay que ir al museo y entretenerse allí. Y luego siempre hay posibilidades con el precio, además de las múltiples exenciones que ya hay. 

¿Hay que apostar más por el concepto educativo asumir el coste?

Claro, tiene que ser educativo y cultural. Lo que tiene que entender el público es que el museo es nuestro porque forma parte de nuestra identidad humana y personal. Y tenemos que identificarnos con él y apoyarlo porque eso implica apoyar tu cultura y quererte. Valladolid se quiere muy poco. En otras ciudades, no digamos las que tienen su autonomía más marcada, se quieren y se alaban. Hay que recuperar a los vallisoletanos importantes que están fuera para que hablen bien de la ciudad y también digan que son de aquí. 

¿Cómo perjudica a los museos de Valladolid su cercanía con Madrid en la oferta cultural?

Aquí también se mezclan las disputas sobre las responsabilidades, si es del Ministerio de Cultura o de otra administración local. Por ejemplo, pasa con temas de promoción, donde todos deben colaborar a que el Museo de Escultura, al igual que el resto de los museos, se fomente. Yo tuve que luchar, cuando era el director, para que indicaran la dirección del museo. Hay que aunar esfuerzos para atraer visitantes.

¿Cuál considera que es la clave para que funcione un museo?

Tienen que tener colección. Eso es básico para atraer al público. También es importante tener un edificio singular, que sea un buen contenedor, y es básico un buen equipo de gestión y de promoción, no tanto de estudio de público. Hay que saber por qué la gente no viene al museo más que de dónde viene. Y además de esto, hay que tener medios, personal y conservadores especializados en tu museo y que estén enamorados de él. Y, claro, buscar la implicación de la sociedad civil. 

¿Y en el caso del de Escultura?

Hablamos de que es el más importante de España de Escultura. Sí, pero no hay más. Es único, pero hubo un político que le cambió el nombre. Y eso es como si la Coca Cola a los 100 años cambia el nombre, la empresa se viene abajo. Y aquí hubo un bajón. ¿Qué es eso del Colegio de San Gregorio? Esto es algo que cuidar mucho. La marca es Museo Nacional de Escultura y afortunadamente se volvió a ella. Pero no hay que volver loco al público.