La cigüeña ya no se va

Jesús Anta
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Calle de San Blas

La cigüeña ya no se va - Foto: Jonathan Tajes

Entre la plaza de San Miguel  y la del Rosario se extiende la calle de San Blas. Médico, obispo y mártir,  nació en Armenia y murió a principios del siglo IV. Fue una santo muy popular en su momento al que se le atribuía el don de la curación milagrosa. Con el tiempo terminó por ser considerado como el patrón de los otorrinolaringólogos.
La calle fue una de las principales del Valladolid medieval,  pues comunicaba la colegiata con el puente Mayor (dos puntos neurálgicos), atravesando por la plaza de San Miguel, tal vez la más antigua de la ciudad y, sin duda, la más importante, pues de la campana de la iglesia que aquí había salían los toques que regían la vida rutinaria y avisaba de los acontecimientos extraordinarios de lo que aún era una aldea.
La plaza de San Miguel tuvo primigeniamente un templo dedicado a San Pelayo (otro santo –adolescente- muy popular en los primeros años de la Reconquista), y parece que ya existía cuando Ansúrez recaló en la entonces pequeña aldea vallisoletana, pero hacia el siglo XII la cambiaron por el nombre de San Miguel, lo que hace pensar que al arcángel ya se le consideraba patrón o protector de la villa.  Aquella primitiva capilla –seguramente mozárabe– se sustituyó en tiempo de los Reyes Católicos por un templo más grande, y en pie estuvo hasta finales del XVIII. Del edificio se conservan restos de sus cimientos que se han señalado en el pavimento de la plaza. En la plaza destaca la esquina del hotel Olid que es, precisamente, el  que da entrada a la calle que nos aprestamos a recorrer.
El Olid –antes Olid Meliá–  abrió al público en diciembre de 1969,  y  durante muchos años fue un referente de la SEMINCI por las actividades paralelas que en él se organizaban  y por el alojamiento en el mismo de los actores invitados.
San Blas es una de esas calles que han sufrido una transformación radical, hasta el punto de que del pasado solo queda  el número 8 de la misma, en cuya puerta se recuerda su fecha de construcción: 1880.
Uno de los edificios señeros es el hospital Felipe II, inaugurado en 1965 por la Cruz Roja, hasta que en el año 2000 la entidad dejó de prestar asistencia sanitaria y le vendieron con la finalidad de construir en el barrio Girón un centro de emergencias –que no llegó a hacerse debido a una fuerte polémica- para atención a grupos excluidos, tales como toxicómanos, sin techo, etc.  Ahora, el hospital,  pertenece al grupo Recoletas, propietario de cerca de 30 centros sanitarios, principalmente en Castilla y León.
La calle cruza la de Felipe II, de la que merece destacarse que en el número 3 de la misma vivió y murió el insigne académico y literato Narciso Alonso Cortés (1875-1972), el gran experto en la obra de José Zorrilla.
Continúa San Blas, y en la acera derecha está la fachada original del colegio de Santa Teresa de Jesús (teresianas), abierto al público en  1924,  hasta que una ampliación del mismo, inaugurada en 1966, llevó a cegar la puerta de entrada, reconvirtiéndola  en ventana, y el colegio abrió su puerta principal por la calle Felipe II. Las teresianas llevaban establecidas en Valladolid desde 1915.
San Blas desemboca en la plaza del Rosario donde estaba una de las puertas  antiguas de la ciudad por la que se accedía a la Antigua y a  la Colegiata.
De la vieja plaza del Rosario, conocida popularmente como del Rosarillo, nada queda de su caserío antiguo: se ha destruido y sustituido todo él. Se salvó la fachada del hospital de San Cosme y San Damián, que se reinstaló en la adyacente calle de San Juan de Dios.
San Blas, que en el calendario se marca el día 3 de febrero, era quien anunciaba la llegada del buen tiempo: han crecido las horas de luz y las cigüeñas regresaban a la Meseta tras pasar el crudo invierno en África, más con el cambio climático y la abundancia de vertederos en la proximidades de la ciudad, una gran parte de ellas ha dejado de emigrar y, por tanto, las vemos en los campanarios vallisoletanos durante todo el año.