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Música para salvarnos

Óscar Fraile
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Nacho Prada acaba de grabar los once temas del que será su próximo trabajo, 'La luz es una canción', al mismo tiempo que prepara otro disco con la formación burgalesa El Nido

Nacho Prada posa en las escaleras de acceso al Conservatorio del Centro Cultural Miguel Delibes. - Foto: Jonathan Tajes

Dice Nacho Prada que la música es un método de salvación, un lugar en el que cobijarse en un mundo en el que los acontecimientos se precipitan a toda velocidad. Y eso es lo que pretende reflejar La luz es una canción, su primer disco de estudio. Son once temas que constituyen un «relato vital» de su trabajo como musicoterapeuta, con el que ha acompañado a varias personas en el ciclo final de su vida. «La música ha sido algo muy transversal en todos esos procesos, así que las canciones de este disco son bastantes reflexivas y existencialistas», dice. 

Prada tiene una vasta experiencia en el mundo musical. Creció pegado a los instrumentos porque sus padres formaban parte del grupo burgalés Orégano. De hecho, cuando él nació estaban preparando el último disco que sacaron. Dio sus primeros pasos con el piano y, después de un periodo de descanso, agarró una guitarra y no la ha soltado hasta ahora. Sus melodías evocan a algunos de sus referentes musicales, como Xoel López, Jorge Drexler y Depedro, aunque no están exentas de un aroma al folclore tradicional, como buen «amante de la raíz» que dice ser. Queda patente en Carnavalito de la meseta y en De Mayorga a Tiedra. Versos cocidos a fuego lento y servidos en cazuela de barro.

'La luz es una canción' incluirá  cinco temas que ya grabó en directo, aunque ahora los ha 'pulido' en estudio para que brillen en sus próximos conciertos, especialmente en el que ofrecerá el 6 de septiembre en la Plaza Mayor, justo antes de Siloé y Carlos Sadness. Será una oportunidad de quitarse la espina de una actuación que se tuvo que cancelar en 2020 y 2021 por la pandemia. «Va a ser un homenaje que me voy a dar con toda la banda», dice.

El disco está producido por Adal Pumarabín, batería del grupo El Naán, y se empezó a grabar en octubre del año pasado en el estudio que el propio productor tiene en su casa. Este cantautor vallisoletano no quiere precisar una fecha de lanzamiento, porque todavía tiene algunos flecos pendientes. Ni siquiera tiene claro si va a hacer una distribución digital del mismo. Hoy por hoy, y en un arranque de romanticismo, está decidido a distribuir el disco en formato físico, aunque no es una decisión firme. Es una forma de rebelarse ante la avalancha de creaciones que a diario aparecen en el entorno digital, y que no dejan de ser una gota en mitad de un océano: «Mi objetivo principal no es salir en las redes sociales ni en Spotify, que es un lugar en el que todo se pierde en el instante», dice.

Prada ultima los trabajos de su último disco al mismo tiempo que prepara otro con la formación burgalesa El Nido, que verá la luz en otoño.

Música como gasolina para seguir, como clavo ardiendo y como medicina vital.