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"Quedan comportamientos violentos que parecían desterrados"

J. Benito Iglesias
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La consejera afirma que a corto plazo se modernizarán infraestructuras y recursos de atención como las casas de acogida y se crearán centros de emergencias con un tamaño suficiente para que sirvan como primera salida a las víctimas

"Quedan comportamientos violentos que parecían desterrados" - Foto: Sara Muniosguren

La consejera de Familia, Isabel Blanco, ve necesario ampliar el trabajo en materia de violencia de género porque aún queda mucho por hacer . El reto, según apunta, se centra en consolidar los servicios sociales, no solo como la puerta de entrada a la red de recursos de apoyo, sino también como la vía de salida hacia una vida autónoma, libre y plena de derechos para las víctimas y sus familias.

La pandemia y el confinamiento, y con ello la pérdida de empleo o la mayor dificultad para acceder a él, han propiciado un mayor sometimiento al agresor. ¿Cómo se apoya a estas mujeres?

Existía cierto miedo a que no se atrevieran a denunciar al estar conviviendo con su agresor y la red de atención siguió funcionando con total normalidad y se incrementó el servicio de ayuda telefónica a través del 012. También se puso en marcha el programa Atrapadas, que es del que más orgullosa me siento, dado que en el caso de las mujeres víctimas de trata y prostitución, que literalmente no tenían dónde ir en el confinamiento, logramos poner en marcha toda la red que conforman las entidades que habitualmente trabajan con ellas. Hemos sido capaces de decir que estamos ahí para  ayudarlas. 

Usted anunció recientemente en las Cortes que la apuesta por la igualdad y la lucha contra la violencia de género dispondrá de 11,2 millones. ¿Se podrán así consolidar esas redes sociales que se tejen con la colaboración pública y privada?

Entendemos que este presupuesto destinado dentro de la Dirección General de la Mujer es adecuado pero no es el único, porque la igualdad y la lucha contra la violencia es trasversal entre la consejería y toda la Junta. Entendíamos que había que dar el primer paso, definiendo qué  son las redes social de atención y qué queremos que hagan, bajando de la idea abstracta que había a lo concreto. Para ello, se han ido incorporando universidades, entidades locales, las federaciones de mujer rural o casas de acogida y el objetivo se centra en que lo hagan más colectivos. Así, se podrá llegar a todo el territorio y detectar quizás a esa vecina que no llega a percibir que está sufriendo violencia de género o no se atreve a dar el paso de denunciar a su agresor. El principal objetivo de estas redes que se han ido poniendo en marcha es ayudar a las víctimas.

¿En qué aspectos se incidirá más con partidas económicas para reforzar la lucha contra una lacra social aún demasiado presente?

La idea es dar una visión de futuro y modernizar y reforzar el sistema violencia cero bajo las fases conocidas como in, on y out. En la primera se seguirá apostando por las redes sociales de igualdad ya creadas, mientras en la segunda se van a modernizar todas las infraestructuras y recursos de atención como las casas de acogida y se va a crear a lo largo de la legislatura un centro de emergencias con un tamaño más o menos grande para que sirva como esa primera salida para las víctimas en todas las provincias. Asimismo, se quiere avanzar en los sistemas de seguimiento y evaluación de las mujeres atendidas aplicando el big data y las nuevas tecnologías. Solo el año que viene para este objetivo hay consignados dos millones de euros. Queremos que la nueva Ley de Violencia de Género de Castilla y León, que ya sirvió de modelo para el Pacto de Estado, aborde todos los nuevos tipos de maltrato. En la tercera fase se captará a nuevas empresas comprometidas con la igualdad para contratar a más víctimas y normalizar su vida. Se revisarán las líneas de subvención y se dirigirán tanto a estas compañías como a las mujeres para formarlas y acceder al mercado laboral.

Hay  muchos cauces de denuncia y  varias campañas de prevención. ¿Se llega realmente a todos los estratos sociales y educativos para su sensibilización o falta camino por andar?

Hay mucho por hacer y las campañas que realizamos intentan llegar a sectores más específicos. Me cuesta ver que aún se dan comportamientos violentos, que como mujer no viví y pensaba que ya estaban desterrados, y ahora las chicas los sufren.

El ciberbulling supone una presión y un acoso psicológico grave que puede terminar en violencia o sumisión a través de las nuevas tecnología y las redes sociales. ¿Se previene y se educa lo suficiente?

El salto en este ámbito ha sido tan rápido y repentino que, aunque ya estuviera presente antes, con el confinamiento el daño a las potenciales víctimas es enorme, dado que se trata del terreno más desconocido. Pese a que sea complicado tenemos que ser capaces de detectar estos casos y prevenirlos, enfocando próximas nuevas líneas de actuación hacia esta lacra. Esto va a más y hay que trabajar especialmente con los jóvenes, ya que son los que más usan las nuevas tecnologías.

¿Hay tolerancia o cierta laxitud con actitudes que los jóvenes ven bien y luego derivan en maltrato?

No creo que haya tolerancia pero sí cosas que se ven como normales y que realmente no lo son. Las mujeres no deben ver normal que sus parejas las digan que quieren mirar su móvil alegando el cariño que les tienen o que no se pongan determinada prenda de vestir. Son ellas las primeras  que tienen que entender que esos comportamientos son impropios y vamos a incidir en las campañas de mentalización y concienciación en torno a actitudes que ya no existían no hace tanto tiempo. Veo una involución y hemos sido muchas mujeres las que hemos dedicado tiempo a conseguir cotas de igualdad e ir subiendo escalones. Hay nuevas generaciones que van hacia atrás y debemos saber llegar a ellas.