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Julio Valdeón

A QUEMARROPA

Julio Valdeón

Periodista


Despachos de guerra

03/12/2021

Nos llama una sobrina desde Londres, camino de Estados Unidos. Están retenidos en una cola bíblica. Desconocen si les caducarán los códigos QR. En Estados Unidos Biden anuncia nuevas restricciones, 24 horas después de quitarle hierro a Ómicron. En Castilla y León los últimos datos desde el frente consolidan el repunte. En el momento de escribir estas líneas el periódico anuncia 271 nuevos casos en la comunidad. A nivel nacional las Ucis están al 8%. Buena noticia, señal de que, de momento, las vacunas aguantan. Los investigadores sudafricanos advierten a la OMS de que la infección previa no parece que proteja de la nueva variante. Pero entre la memoria de los glóbulos blancos que nacen en la médula y el poder de las vacunas parece que resistiremos los peores embates, las hospitalizaciones y muertes. De lo contrario estaríamos abonados a la melancolía previa al gran estallido. Las economías difícilmente aguantan más encierros draconianos. También parece evidente que no habrá protección hasta que no proporcionemos vacunas a los países más pobres. Un tercio de la humanidad sigue sin apenas viales, sin jeringas ni medicamentos. Mientras haya personas que se contagien tendremos, multiplicadas, más probabilidades para las mutaciones. Los virus resisten, crecen y ganan cuanto más contagian. Somos un inmenso supermercado y un laboratorio al tiempo que el pequeño organismo, ni siquiera una célula, prueba variantes a fin de seguir creciendo. Puro darwinismo para el que necesitamos una intervención a gran escala. Hace meses, en Estados Unidos, el grupo Anheuser-Busch, la cervecera que produce, entre otras,  Budweiser, prometía cerveza gratis a los mayores de 21 años si Estados Unidos alcanza la ansiada meta del 70%. Ni siquiera la birra, en vísperas del 4 de julio, convenció a los escépticos. Hoy por hoy la gente que vota los republicanos tiene tres veces más posibilidades de morir por el coronavirus. Cuentan que en África mucha gente teme los efectos secundarios. Al menos en España podemos celebrar nuestra confianza en la ciencia, que ojalá sirva de barrera ante la siniestra Ómicron.