«La mascarilla es incómoda, pero es peor estar en una UCI»

Alfonso G. Mozo
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Entrevista con el secretario (y presidente en unos días) de la Sociedad Castellano y Leonesa de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias. El doctor Tamayo es, además, jefe de sección de la UCI del Hospital Río Hortega

Luis Tamayo, médico de la UCI del Río Hortega y presidente de la sociedad de Medicina Intensiva. - Foto: J. C. Castillo

La misma pandemia que puso contra las cuerdas al sistema sanitario y que llevó a la profesión a vivir unas semanas que jamás imaginaron, ha sacado del anonimato una de las especialidades convertidas en la punta de lanza de una batalla que temen que se repita en un futuro demasiado próximo. Fue la misma pandemia que desbarató el pasado marzo el relevo en la presidencia de la Sociedad Castellano y Leonesa de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias, algo que se producirá –si el coronavirus da su visto bueno– en los próximos días, cuando Luis Tamayo –secretario en la actualidad– sucederá en el cargo al vallisoletano Francisco Pérez González, médico de la UCI del Hospital Clínico Universitario de Valladolid (HCUV). 
El doctor Tamayo tiene 59 años y una amplia trayectoria que le ha llevado por el propio Clínico de Valladolid –allí hizo la residencia al acabar la carrera–, el tinerfeño de La Laguna –en 1996– y el Complejo Asistencial de Palencia –durante catorce años–, hasta que en 2011 ‘fichó’ por el HURH, donde desde hace cuatro es jefe de sección de la UCI; y donde «jamás había vivido algo tan duro» como lo que tuvo que afrontar aquellas semanas de marzo y abril. Una experiencia que le sirve para avisar de que esta pandemia «no solo se soluciona en el plano sanitario, sino que es clave la implicación de la ciudadanía» al la que le recuerda que la mascarilla puede ser incómoda, pero visitar la UCI es «muchísimo peor». Alto y claro.
¿Es una evidencia que la segunda ola de la pandemia ya está aquí?
Luis Tamayo, médico de la UCI del Río Hortega y presidente de la sociedad de Medicina Intensiva.Luis Tamayo, médico de la UCI del Río Hortega y presidente de la sociedad de Medicina Intensiva. - Foto: J. C. CastilloEs difícil responder con exactitud a la pregunta de en qué momento estamos, ya que no sabemos si nos encontramos ya en el punto álgido, porque existen unos interrogantes futuros, sobre todo en lo relativo a cómo se va a comportar este virus cuando conviva con otros virus de tipo estacional, como el de la gripe. Lo que está claro es que el número de contagios es preocupante, más allá de si estamos ahora en el pico o no de la segunda ola.
¿Cómo se encuentran los ánimos de los sanitarios?
La gente está bastante agotada por lo vivido. La ventaja que tenemos es que sabemos más y estamos más preparados que la otra vez, pero nuestra experiencia no sirve para nada o para poco si la población no se conciencia del problema que hay entre manos, porque se puede volver a tensionar mucho todo el sistema sanitario. Por eso hay que atender las recomendaciones que se están dando, porque no son caprichosas.
¿No se esperaba que la segunda ola llegase tan pronto?
Es cierto que se esperaba para algo más tarde esta segunda ola, por lo que te pilla aún con las reservas bajas. La gente está cansada desde un punto de vista físico y tocada anímicamente. Lo ideal es que no hubiese llegado nunca la segunda ola o por lo menos que lo hubiese hecho más tarde. 
¿El sistema sanitario ahora sí está preparado para poder afrontar esa segunda ola del coronavirus?
Hemos pasado revista a la primera ola para ver qué se podía mejorar y en previsión de esta segunda ola que sabíamos que podría llegar, aunque no tan pronto. Y yo creo que sí se está preparado. En lo que se refiere a enfermos críticos, por ejemplo, sí que se ha aumentado la dotación de puestos. Pero, claro, los esfuerzos de los sanitarios y la mejora en las dotaciones que se han llevado a cabo no servirán de mucho si toda la población no se conciencia. Por muchos recursos que emplees y por muy bien que estés preparado, si la ciudadanía no colabora, se volvería a tensionar el sistema sanitario.
¿Los profesionales médicos tenéis la sensación de que ahora lo que está fallando es la ciudadanía?
No en general, pero es verdad que ves ciertos comentarios de gente, de colectivos, que banalizan esto. Y eso no es ser consciente de lo que realmente tenemos entre manos, de la verdadera gravedad de a lo que nos enfrentamos. Cuando uno lo vive en primera línea y te das cuenta de la magnitud que tiene el problema, asistes perplejo a ciertos comentarios. Esto no se soluciona solo en el plano sanitario, sino que es clave la implicación de toda la ciudadanía, en cuanto a aplicar las medidas preventivas.
¿Cómo describiría a esas personas que banalizan con la pandemia la situación que se vivió en las UCI en los meses marzo, abril, mayo...?
Si hubieran visto la situación, solo con que hubieran pasado por la Unidad de Cuidados Intensivos de cualquier hospital y vieran cómo estaban los enfermos, ya se darían cuenta de la verdadera realidad del problema que hay y no se hablaría con la ligereza con la que se está hablando. Llevar una mascarilla, por poner un ejemplo, nos puede resultar incómodo a todos, pero les puedo asegurar que es muchísimo más incómodo el estar en una Unidad de Cuidados Intensivos profundamente dormido, con un tubo que va a la tráquea (intubado), con un respirador, tumbado boca abajo, con los dos pulmones que no funcionan y en una situación absolutamente crítica...
¿Cree irracional la postura de esos movimientos anti mascarilla y que dicen no creerse la veracidad del virus covid-19?
Es que si hubieran visto alguna de las situaciones que había en las UCI no se hablaría con la banalidad que se habla.
¿Usted había vivido algo similar a lo largo de su carretera?
Yo nunca he vivido una situación profesional de este tipo. Y en la UVI se viven momentos muy duros, se afrontan situaciones complicadas con frecuencia... pero nada como lo vivido en aquellas semanas. Esto lima desde el punto de vista físico, por agotamiento, y desde el punto de vista psicológico, porque ves a muchos pacientes críticos, muy graves... y es algo que te va limando también psicológicamente.
¿Se sintieron abandonados por el sistema?
No. Abandonados, quizá no es la palabra... Lo que es cierto es que esto pilló por sorpresa a todo el mundo y que, obviamente, ante una ola de este calibre, los recursos eran limitados  y hubo que hacer frente como se pudo a una demanda increíble.
Abandonados no es la palabra... ¿Cómo se sintieron?
Abandonados no es la palabra más correcta. Nos sentimos desbordados profesionalmente porque era muy muy difícil poder hacer frente a una pandemia de este calibre. Al final, con el esfuerzo personal de todos los profesionales sanitarios, con un esfuerzo mayúsculo, se consiguió atender a todos los enfermos. Pero yo no me sentí abandonado, desde luego, por mucho que echásemos en falta algunos recursos. Aquello fue como la ola de un tsunami y, cuando quisimos darnos cuenta, la teníamos encima.
Hubo que reinventar EPI (equipos de protección individual), horarios, puestos para pacientes, críticos... ¿qué más cambió durante aquellas semanas?
Hubo que rescatar el concepto de trabajo en equipo, sacarlo de los libros y la teoría, y aplicarlo. Y fue cuando vimos a compañeros de otras especialidades echar a una mano en unas unidades de críticos que estaban absolutamente llenas. Esa colaboración, ese trabajo en equipo, de algún modo mitigaba el esfuerzo físico y mental que era ir a trabajar durante los días más complicados de la pandemia.
¿La pandemia ha servido para dar a conocer su especialidad, la de medicina intensiva?
Es algo que hemos comentado ya algunos compañeros, el hecho de que, hasta la pandemia, medicina intensiva era una especialidad muy poco conocida por la gente. Ojalá no hubiese hecho falta esta grave pandemia para dar a conocer una especialidad en la que estamos acostumbrados a tratar patologías muy graves a diario. Y también se ha podido ver lo que es el cuidado de un enfermo crítico, porque, si no lo has vivido nunca, no es una cosa que sea fácil de entender.
¿Tuvieron que tomar decisiones difíciles y priorizar unos pacientes sobre otros?
En Cuidados Intensivos estamos acostumbrados a hacer un triaje y escalas para ver qué enfermo se puede beneficiar de las medidas extraordinarias de unos cuidados intensivos. Esto es algo que se ha hecho siempre, pero no solo con esta patología del coronavirus, sino con todas. Lo que nunca se hace, ni tampoco se ha hecho durante la pandemia, es barajar criterios únicos, sino que es un conjunto de variables clínicas. Ningún paciente con covid que potencialmente se beneficiara de la asistencia de unos cuidados intensivos, ha dejado de recibir cuidados intensivos.
Pero esto es algo que hacemos siempre en el momento de valorar un ingreso en UCI, ya que tienes que valorar la clínica del paciente y una serie de variables donde está la edad, pero también si hay unas enfermedades previas. Esto es algo innato a la especialidad, el ver si el paciente se va a beneficiar de unas terapias que son muy invasivas. No se ha tomado ninguna decisión sobre un paciente en base a una única variable como es la edad.
¿Se ha hecho demagogia con esa simplificación de que se dejaba morir a los ancianos?
Sí. Se ha simplificado mucho todo. Los ingresos en las UCI nunca se hacen por un criterio exclusivo, ni por una variable exclusiva, como puede ser la edad. Siempre se van a cotejar muchísimas variables y una de ellas es la edad. En los medios, no sé si por desconocimiento, se ha hecho un poco de demagogia, porque en las UVI siempre se ha hecho triaje y un estudio de todos los enfermos. Y nunca nos hemos regido por criterios exclusivos de edad.
¿Cuál es la hoja de ruta que tiene la Sociedad Castellano y Leonesa de Medicina Intensiva para esta especialidad, ahora íntimamente relacionada con los casos graves de coronavirus?
Nuestra hoja de ruta está marcada. Nosotros tratamos a los enfermos críticos que son pacientes con un riesgo importante de muerte y hay que sostenerlos. Y en esa situación crítica pueden venir problemas de muchos tipos: cardiaco, respiratorio, digestivo... Aunque ahora nos ha tocado vivir algo excepcional, ya que hemos visto pacientes críticos que se ponen malos muy pronto por un problema vírico que afecta a los pulmones y altera mucho su funcionamiento. Y, además, es algo excepcional porque ha hecho que una masa enorme de gente se ponga mala a la vez y muy pronto.
¿Tienen la esperanza de que en la segunda ola no haya tantos casos graves que necesiten ingresar en las UCI?
La esperanza existe, lógicamente, pero después de todo lo pasado, hay preocupación. Pero no deja de ser una esperanza, porque solo el tiempo nos dará la respuesta.