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Luis Mateo Díez y Tomás Val hablan sobre la España vaciada

D.V.
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Luis Mateo Díez ha asegurado que hay una España vacía que lo mejor que le pudo pasar es "que se quedara vacía", algo que comparte Tomás Val, quien también ha subrayado que solo en la infancia somos dueños de un mundo que "promete ser eterno"

Luis Mateo Díez y Tomás Val Sáez han participado en la 54º Feria del Libro de Valladolid. - Foto: Leticia Pérez ICAL

Los escritores Luis Mateo Díez y Tomás Val han reflexionado sobre ‘La infancia inventada’ durante la 54 Feria del Libro, acompañados por el poeta y periodista Carlos Aganzo. Entre los temas que se han puesto encima de la mesa en esta charla han destacado los relativos a la España vacía, la oralidad y los recuerdos distorsionados que pertenecen al pasado. Todas estas temáticas son recurrentes en los últimos libros de ambos escritores, ‘Los ancianos siderales’ y ‘La infancia de los pueblos desaparecidos’, publicados por Eolas Ediciones.

“De todas las mentiras, los recuerdos de la infancia son los que más destacan en la vida. Cada vez que evocamos un recuerdo lo cambiamos”, ha asegurado Tomás del Val. “Seguramente todo lo que recordamos es falso, porque tendemos a idealizar”.

Ambos escritores, han reflexionado sobre cómo se tratan los recuerdos del pasado, “casi siempre distorsionados”, según Tomás del Val. “Seguramente todo lo que recordamos es falso. Es imposible saber cómo fue nuestro pasado. Nunca fuimos como nos imaginamos y como nos recordamos. Más allá del tiempo no somos nada”.

Para Luis Mateo Díez la infancia inventada es un elemento “crucial” de la experiencia humana. “Cuando el recuerdo va muy lejos hay un dispositivo que salta irremediablemente desde la literatura, y esa es la invención. Volvemos a la infancia desde la literatura utilizando el recuerdo, la memoria y la invención hasta construir un mundo imaginario”.

Precisamente, la idealización es uno de los temas que más se han tratado, tanto de la infancia como de la España vaciada, tema que trata de Val en ‘La infancia de los pueblos desaparecidos’. En sus hojas refleja las miradas de esos niños hacia un universo que ya está organizando. Es la crónica final de esa España que perdió a sus habitantes y, con ellos, todo.

En este punto Luis Mateo Díez ha asegurado que lo mejor que le podía haber pasado a esa España es que se quedara “vacía, que no la hubiera llenado nada porque era estrambótica, no se puede vivir en el límite de la nada”.  “Reivindicar el vacío de España me parece algo considerable. Hay una España perdida, que la hemos dejado desaparecer, pero hay pueblos que ya no merecían la pena. Estaban totalmente abandonados y perdidos de la mano de Dios. No tenían recursos suficientes para nutrir a sus habitantes. Hay una conciencia romántica de volver a algunos paraísos perdidos en contraste con las desgracias que vivimos en la civilización. La dignidad del ser humano está en la dignidad de un medio ambiente razonable para vivir en él. No podemos negar que ha habido una dejación absoluta en este sentido, y cada cual tiene la libertad de vivir donde le dé la gana”.

“Esa desaparición la lloran los que no han vivido allí”, ha continuado Tomás Val. “Los grandes plañideros de ese mundo son gente que nunca han vivido en ese mundo”.

Un elemento crucial que determina la identidad de cada uno son las palabras que nutrieron nuestra infancia, según Luis Mateo Díez. “Son las palabras de descubrimiento del mundo, de las que estás hecho. La oralidad, que parece que ahora está tan de moda, es lo más antiguo de todo. Como ejemplo ha puesto el Camino de Santiago, donde se transmitían “grandes relatos orales”.  

“Esas culturas que han desaparecido crearon el mundo y el mundo no es más que palabras, donde la oralidad es vital”, ha continuado Tomás Val. “La palabra es anterior a la idea, y eso es milagroso, y los escritores andamos más mal que bien peleando con ellas, intentando sacar algo. La infancia es cuando somos dueños de un mundo que promete ser eterno”

De la fantasía de Luis Mateo Díez (León, 1942), Premio Nacional de las Letras Españolas 2020, nació hace muchos años un territorio mítico, el Reino de Celama, donde se encuentran las Ciudades de Sombra donde se ubican muchas de sus novelas. Antes de crear ese universo imaginario, el escritor había definido un estilo propio, que sirve de vehículo a una visión desgarrada de la vida, próxima al esperpento. En 'Los ancianos siderales' aborda el intemporal y el problema de la vejez y sus infamias. 

El novelista y periodista especializado en cultura y literatura Tomás Val Sáez convirtió su lugar de nacimiento (Marcillo de Bureba, Burgos), en el particular universo inventado de varias de sus novelas. Entre sus obras destacan ‘La herencia de Ayala’, Premio Ateneo de Valladolid en 1993; ‘Llegada para mí’; ‘La hora del olvido’; ‘Memorias inventadas’; ‘Palabras de madera’; ‘El secreto del agua’; ‘Cuentos del nunca más’ y ‘Cuentos de desamparo’. En 2020 publicó ‘La infancia de los pueblos desaparecidos’.

Tras la charla ambos escritores han firmado libros en la caseta ubicada en la plaza Mayor.

ÓSKAR GONZÁLEZ MENDIA, EN LA SALA DE LAS VIDRIERAS

En la Sala de las Vidrieras del Círculo de Recreo el profesor de las facultades de Ciencia y Tecnología y Bellas Artes de la UPV/EHU, Óskar González Media, ha analizado los elementos químicos en el arte en la presentación de su obra ‘¿Por qué los girasoles se marchitan?’. El trabajo indaga en dos disciplinas que están mucho más conectadas de lo que se cree, según el propio autor.

El doctor en Química y divulgador científico ha mostrado la gran variedad de materiales artísticos que hay, sus usos, funciones e incluso sus historias urbanas. Una de las mayores motivaciones que existen tras este libro, ha relatado González, es demostrar que las diferentes áreas del saber humano tienen más puntos de unión de los que se les atribuye.

KATUA TEATRO Y MANUEL MARSOL

El Pabellón de la Feria del Libro, instalado en la plaza Mayor, ha sido para los más pequeños. A las 18.00 horas han disfrutado de la actuación de Katua Teatro, con ‘Cosas que contar’. Hora y media más tarde han dejado volar su imaginación a través del taller ‘Oops! No sé dibujar’, de Manuel Marsol, un referente internacional del álbum ilustrado.