Radiografía de una UCI

A. G. Mozo
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Las unidades de cuidados intensivos están de nuevo en el ojo de ese huracán llamado SARS-CoV-2. El descontrol de la pandemia ha vuelto a obligar a los hospitales a multiplicar sus puestos para críticos con las UCI 'extendidas' y la presión no cesa

UCI del Hospital Río Hortega. - Foto: ICAL

Las unidades de cuidados intensivos vuelven a estar en el epicentro de la segunda ola de una pandemia que se antoja insaciable y que otra vez le está echando un pulso al sistema, no ya disparando los contagios y la mortalidad, sino llevando las UCI a límites cada vez más cercanos a los de la primera ola; obligando con ello a una parálisis hospitalaria a la que Sacyl se resiste. 
Valladolid tiene dos unidades de cuidados intensivos, una en cada hospital. En lo peor de la primera ola de la pandemia, Clínico y Río Hortega llegaron a atender a 103 pacientes críticos con coronavirus de forma simultánea los días 2 y 3 de abril. Eran jornadas en las que las áreas UCI eran mucho más que las UVI convencionales, a cargo de los intensivistas, sino que estaban ya integrados los anestesiólogos, asumiendo la transformación en UCI de zonas como las REA o las URPA e, incluso, algún quirófano. En esos primeros meses la dotación funcional era solo de 11 puestos en el Clínico y 21 en el Río Hortega, pero, en el verano, Sacyl las amplió a 29 y 31 camas en cada caso, si bien han vuelto a resultar insuficientes, ya que se ha tenido que echar mano nuevametne de las UCI ‘extendidas’.
En estos momentos, Valladolid tiene activos 146 puestos UCI, 90 en el Clínico (el triple de los ‘normales’) y 56 en el Río Hortega (casi el doble), a pesar de lo cual ambos centros llevan semanas soportando una elevada presión que no baja del 80% en sus unidades de cuidados intensivos. El último dato habla de que hay 123 pacientes críticos (70 en el Clínico y 53 en el Hospital Río Hortega), de los que 87 tienen covid-19 (43 y 44, respectivamente). 

DOS SEMANAS

Esta segunda ola parece haber entrado ya en fase de contención, pero los efectos aun tardarán en apreciarse en las unidades de cuidados intensivos, ya que «una vez que empiezan a bajar los contagios, se estima que tarda unos ocho días en repercutir en los bloques de hospitalización y en torno a dos semanas en llegar esa mejoría a las UCI». Luis Tamayo Lomas, que es el presidente de la Sociedad Castellano y Leonesa de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias, y jefe de sección de la UCI del Hospital Río Hortega, cree que la situación actual «se parece bastante a la de la primera ola de la pandemia, con las camas estándar llenas y con camas habilitadas en REA para afrontar la avalancha de enfermos covid».
Un goteo constante e incesante de ingresos con un patrón similar en casi todos los enfermos covid que acaban en la UCI: «Desde que el paciente empieza a presentar los primeros síntomas hasta que acaba en la UCI, pasan entre once y doce días», concreta este intensivista. «Fundamentalmente, llegan con una patología respiratoria. Hay una neumonía bilateral que provoca el virus y que produce insuficiencia respiratoria aguda muy severa, que obliga a sustituir sus pulmones por un respirador», describe el doctor Tamayo, quien apunta más síntomas, al «afectar al corazón y al sistema nervioso central» y que «también suele dejar patología neuromuscular , con afectación de los nervios, una gran debilidad muscular que resulta un hándicap añadido para dejar el respirador, porque al final se respira por los músculos».
El perfil de paciente «se parece mucho al de la primera ola», ya que presentan una «gravedad muy parecida», dice Tamayo: «En alguna publicación he leído que la edad media estaba bajando, pero en el caso de la UCI del Río Hortega, la edad media es muy similar. Ahora es de 61 años y en la primera ola fue de 60, pero todavía estamos en medio de esta segunda ola», reflexiona.
La estancia media en la UCI de un crítico con covid-19 tampoco ha variado demasiado entre ambas olas,  aunque «parece que sí está bajando algo en esta segunda ola», asevera este especialista: «Lo que sí tenemos analizado y muy estudiado es lo ocurrido en la primera ola y ahí la estancia media de estos pacientes se movía en la franja de las tres semanas».

EL DÍA EN LA UCI

Lo que no ha cambiado es la presión con la que tiene que trabajar todo el equipo sanitario que se encarga de estos pacientes covid en las UCI. «Y la presión es todo, porque te tienes que desdoblar para ver a muchos más pacientes y al cansancio físico se une el estrés psicológico, y el desgaste que supone trabajar con EPI». Estos pacientes no entienden de mañanas, tardes y noches, ya que la atención es 24 horas. «Un día en la UCI sigue una serie de pautas muy marcadas, pero la pandemia ha cambiado muchas cosas», tal como advierte Tamayo. «Sobre las ocho de la mañana empezamos con una sesión en la que estamos los médicos de la UCI y la supervisora de enfermería, en la que el equipo de guardia da cuenta de los nuevos ingresos y de la situación de todos los pacientes; la sesión suele durar media hora, pero ahora, como hay tantísimos, se prolonga. Después se reparte a los pacientes entre los distintos profesionales y se les va viendo».
Tamayo recuerda que «cuando no había pandemia, sobre la una de la tarde, se informaba a todos los familiares y se permitía el acceso, pero eso ahora se ha perdido», por lo que la información se efectúa  por teléfono. «Después, sobre la una y media hay una nueva sesión y se repasa la situación de todos los enfermes de modo que el equipo médico de guardia de tarde sepa qué problemas tiene cada uno de los pacientes de cara al turno que se iniciará a las tres», completa  Luis Tamayo, quien destaca que ahora las jornadas son «maratonianas», con «refuerzo en los servicios de tarde y de fin de semana».
EL EQUIPO UCI

«Las UCI son las unidades del hospital con mayor proporción de profesionales por cada paciente. En líneas generales, un enfermero atiende dos puestos y un auxiliar, cuatro. El número de médicos es variable, aunque ahora estamos sometidos a sobrecarga y ha subido muchísimo los enfermos que vemos». Estas unidades están estructuradas en torno a un puesto de control que preside una gran sala desde la que se vigila a todos los críticos, aunque cada puesto cuenta con un completo aparataje que mantiene siempre controlado el estado del enfermo.
Monitor, bomba de perfusión y ese respirador que termina siendo el hilo que salva a muchos de los contagiados por el coronavirus: «Es un dispositivo que sustituye la función de los pulmones en todos aquellos pacientes que no pueden respirar por sí mismos. Tienen que estar profundamente dormidos y con un tubo que llega a la traquea a través de la boca y que va conectado al respirador. Se programa para fijar qué cantidad de oxígeno y volumen debe entrar en cada respiración, las respiraciones por minuto...».
La intubación es el proceso más invasivo, ya que es una máquina la que se encarga de hacer respirar al paciente que, en caso de ser covid, suele acabar en posición decúbito prono (boca abajo): «Esta técnica no es específica del covid, sino que ya se hacía en pacientes críticos con una insuficiencia respiratoria severa. El movimiento de ponerles boca abajo libera ciertas zonas del pulmón y se consigue mejorar su oxigenación», detalla el doctor Luis Tamayo, que apunta que «durante la primera ola, el 80 por ciento de los pacientes con covid en la UCI del Río Hortega estuvieron en algún momento en decúbito prono».