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20 años para la banda que asaltó a un empresario en su chalé

A.G.M.
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El Juzgado de lo Penal 4 impone penas de cuatro años de cárcel para cada uno de los cuatro ladrones colombianos y a su informante vallisoletano que robaron 2.500 euros tras agredir y retener a la víctima en su casa de Santa Ana durante casi una hora

Calle Tokio, en la urbanización Santa Ana. - Foto: J. Tajes

La víctima no olvidará nunca lo sucedido la mañana de aquel 3 de febrero de 2017. Una supuesta repartidora llamó a su puerta y lo siguiente que vio este empresario fue a dos hombres encapuchados abalazándose sobre él a golpes, un cúter en el cuello, bridas en pies y manos... y dos colombianos que le amenazaban con cortarle un dedo y violar a su mujer cuando llegase a casa si no les daba todo el dinero que tuviera en casa, los números PIN de sus tarjetas. Una pesadilla que se prolongó durante cerca de una hora y que terminó con los ladrones conformándose con un botín de 2.500 euros que el hombre asaltado entregó a regañadientes, antes de acabar encerrado en su propio baño y, finalmente, llegar «dando botes» hasta la casa de su vecino en pos de auxilio.

El violento robo de la calle Tokio (urbanización Santa Ana) tardó más de un año en resolverse pero el Grupo de Homicidios de la UDEV de la Brigada Provincial de Policía Judicial de Valladolid volvió a demostrar su tenacidad, como hizo unos meses más tarde con el crimen de la Circular.

La investigación, muy similar a la llevada a cabo en el caso del robo mortal a la septuagenaria María Aguña, se basó en las grabaciones de las cámaras de seguridad de la zona y de varias gasolineras, así como en el tráfico de llamadas y el posicionamiento de los teléfonos móviles de los delincuentes, una banda itinerante de ladrones que estaba afincada en Bilbao. El tenaz trabajo de los investigadores de la Policía Nacional llevó, en junio de 2018,  a las primeras detenciones y el análisis del entramado telefónico llevó a desentrañar un plan en el que cada miembro de la banda desempeñó un papel concreto (la falsa repartidora, los dos ladrones, los dos vigilantes y el informante vallisoletano), pero que el fallo del magistrado titular del Juzgado de lo Penal 4 no considera suficiente para condenarles por un delito de pertenencia a grupo criminal. Eso sí, le impone una pena de cuatro años de prisión a cada uno de los implicados, por robo con violencia e intimidación.

La sentencia condena solo a cuatro de los cinco colombianos que llegaron desde Bilbao hasta ese chalé de la urbanización Santa Ana para perpetrar un plan pergeñado presuntamente por un vallisoletano que se encargó de la vigilancia y el marcaje del objetivo, y que habría contactado después con el líder de esta banda itinerante colombiana para la ejecución. Un cabecilla sin condena todavía, debido a que se encuentra en situación de busca y captura, después de que la justicia le dejase en libertad tras su arresto de junio de 2018, cuando la UDEV ejecutó la Operación Tokio.

También llegaron libres al juicio del pasado 14 de octubre los otros cinco, los cuatro colombianos y el vallisoletano, pero todos pasaron ya la noche del juicio en la prisión provincial, después de que el juez apreciara en ese mismo momento indicios suficientes de culpabilidad y se anticipara a la sentencia y a una posible fuga.

El fallo al que ha tenido acceso El Día de Valladolid detalla cómo fue la única mujer de la banda la que se disfrazó de repartidora para conseguir que la víctima abriera la puerta –el juez aplica a todos ellos la agravante de uso de disfraz– y que dos de los ladrones agredieron y ataron al empresario, mientras los otros dos colombianos vigilaban los movimientos en una urbanización en la que la Policía también logró situar, por su teléfono móvil y la grabación de su vehículo por las cámaras, al vallisoletano.

Fue la Operación Tokio, un robo de película que, casi cinco años después, termina en condena para esta banda itinerante que operaba por todo el territorio nacional y que fue desarticulada por el Grupo de Homicidios de Valladolid.