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Abierto en pandemia

Javier Villahizán (SPC)
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Ayudado por las nuevas tecnologías, el mundo artístico ha viajado hasta el salón del espectador para llevarle las mejores colecciones de los museos, los conciertos más íntimos y una forma más personal de disfrutar del cine, teatro y humor

Abierto en pandemia

Algo tan insignificante en apariencia y tan invisible como un virus ha supuesto en este último año uno de los mayores trastornos sanitarios y económicos de las últimas décadas. El mundo de la cultura y del arte no ha sido ajeno a este tsunami de clausuras, retrasos y cancelaciones, y ha llevado con paciencia y estoicismo los aplazamientos y las restricciones de los aforos permitidos por las autoridades. 

Pero más allá de las limitaciones propias de las cuarentenas, la falta de movilidad y los cierres temporales, la industria cultural ha tenido que reinventarse en este tiempo, y ha propuesto distintas alternativas, desde crear un cordón umbilical entre los productores y los usuarios para su disfrute desde casa hasta la captación de nuevos seguidores.

Y una de las mayores transformaciones ha sido aquella que ha obligado a museos, cines, teatros y salas de conciertos a convivir con las nuevas tecnologías. Aunque es cierto que el arte y la cultura ya había abrazado estas nuevas posibilidades y formatos que ofrecía la digitalización, lo cierto es que la pandemia ha acelerado su implantación de forma radical.

Durante estos meses de confinamiento, los ciudadanos han sido testigos de un amplio abanico de expresiones culturales. Han emergido exposiciones de todo tipo, se han puesto en marcha miles de proyectos online, han estado al alcance del móvil colecciones completas de los mejores museos del mundo, han aparecido nuevas formas de hacer cine, teatro, música, humor... Y es que en épocas de dificultad es cuando la imaginación del ser humano da el cien por cien.

Y, además, se ha creado un nuevo vínculo más duradero y permanente entre el protagonista de la historia y el espectador más allá del simple like en las redes sociales.

Un oasis de sensaciones

Pese al cierre de numerosas instituciones, España presume de ser un oasis cultural en una Europa dislocada por la pandemia, ya que al contrario que muchos de sus países vecinos sus museos y salas de cines y teatros han seguido funcionando.

Para operar, eso sí, deben observan un estricto protocolo sanitario, que incluye aforos reducidos, distancia de seguridad, sistemas mejorados de ventilación, toma de temperatura y uso obligatorio de mascarilla. 

Sin embargo, han sido los espectáculos musicales y los festivales los grandes damnificados por el coronavirus. Con clausuras y cancelaciones generalizadas durante el último año resurgen de nuevo para plantarle cara al virus. Así, a ritmo de Love of Lesbian el Palau San Jordi de Barcelona acogerá el próximo 27 de marzo un concierto para 5.000 personas, con mascarillas FFP2, pruebas de antígenos previa y sin distancia social. Un experimento que podría extenderse al resto de eventos musicales.

Porque la cultura es segura y necesaria, máxime en estos tiempos de pandemia.