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«Hay un punto de inflexión con la aparición de Las Edades»

P. Velasco
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Entrevista al nuevo secretario general de la Fundación de Las Edades del Hombre

José Enrique Martín

Mano derecha del anterior secretario general de la Fundación Las Edades del Hombre, Gonzalo Jiménez, conoce en profundidad la organización de las exposiciones, así como el resto de proyectos que la organización tiene en marcha. Apuesta por un trabajo continuista en «un momento óptimo» del funcionamiento de la fundación. 

Gonzalo Jiménez le deja una enorme responsabilidad para seguir su trayectoria en la fundación, ¿Cuáles son las principales líneas de trabajo que va a seguir a partir de ahora?

Es verdad que supone una enorme responsabilidad por lo que supone Las Edades del Hombre como proyecto, que se ha erigido como uno de los principales motores culturales de España, y porque ha sido una etapa muy fructífera estos diez últimos años con mi antecesor al frente. Indudablemente el motor de Las Edades es la celebración de las exposiciones, pero la fundación surge con unos fines más amplios. Lo que se ha reforzado en estos últimos diez años es ese crecimiento paralelo al fenómeno expositivo, llegando a su consolidación como una herramienta para la gestión del patrimonio religioso-cultural. Realmente el camino ya está trazado, ahora de lo que se trata es de darle continuidad y evidentemente con los matices que te obliga la propia evolución de los tiempos, que irán llegando con el tiempo, incluso lógicamente con la intención de seguir ampliando horizontes. De todas maneras, tanto Gonzalo Jiménez como un servidor hemos tenido la suerte de tener un respaldo de un equipo de trabajo extraordinario, multidisciplinar, con mucha experiencia, muchos de ellos como yo que llevo 18 años en la fundación, hemos creado un equipo acorde a la demanda de trabajo. Al final lo que pretendemos es seguir trasladando a futuras generaciones el legado de este patrimonio, no solo para que lo preservemos y lo mantengamos, sino que también contribuyamos a hacerlo sostenible.

Su antecesor llegó en un momento con Las Edades con una deuda enorme, ¿esa situación ha cambiado radicalmente? 

Como cualquier entidad hemos estado sometidos a altibajos. En su momento, Las Edades giraban en demasía en la organización de las exposiciones y fue necesario un proceso de madurez para que hubiese un crecimiento en algunos ámbitos de profesionalización. Ahora nos encontramos en un punto óptimo de funcionamiento. La fundación no tiene ningun problema en ese sentido como los que arrastraba en el pasado, todo saneado, y a partir de ahí tenemos un funcionamiento establecido por áreas de trabajo en base a una serie de proyectos que nos hacen ser sostenibles por nosotros mismos.

Las Edades ha sido de las pocas instituciones que en plena pandemia se ha atrevido a organizar una macroexposición, ¿qué balance hace de esa muestra que está dando sus últimos coletazos?

Esta edición era de las más complejas hasta ahora a efectos organizativos porque tenía que aunar dos eventos importante y se traducía en un escenario de tres provincias distintas y a su vez con un montaje expositivo en cinco templos, pero suponía una clara apuesta por la cultura en un tiempo muy difícil para todos y creíamos que era el momento de dar un paso al frente. Con la muestra no solo buscamos un impulso para estos municipios, sino para todo el territorio a través de estas localidades y del Camino de Santiago. Estamos muy bien consolidados como marca y queríamos dar ese paso.

Plasencia, su primera exposición al cargo, ¿ya piensa en el montaje, la preparación?

 Ya estábamos de lleno en el proyecto, porque los proyectos expositivos comienzan en algunos casos hasta dos años antes de la inauguración. Efectivamente ahora estamos en una fase avanzada en lo que a preparativos se refiere. Ya tenemos prácticamente definido todo lo que es el diseño expositivo, tenemos construido el relato, porque es la piedra angular de cualquier edición de Las Edades, y a partir de ahí se hará la selección de obras. Estamos en pleno proceso de gestión de solicitudes de préstamos y acabando de dar forma en base a las obras de las que disponemos, de ese diseño expositivo. La idea es que la edición arranque en mayo y lo normal es que un par de meses antes demos comienzo al montaje.

Su papel siempre ha sido más presencial en la sede de Las Edades, en Valbuena. ¿Se transformará ahora también en un no parar visitando y recorriendo todos los rincones de España, incluso del mundo?

La figura del secretario general en algunos aspectos es una dimensión más institucional y de mayor visibilidad. Lo que es la organizción interna es muy paralelo el que hace el secretario general con el técnico, es una especie de subdirección. Yo hasta ahora hacía labores en todos los proyectos de subdirector, o sea que es un cambio de la responsabilidd pero no de las funciones. Seguiremos moviéndonos mucho tanto en la sombra como en lo que es a nivel externo.

¿Su antecesor le ha dejado marcada la hoja de ruta de las próximas ediciones?

Es cierto que llevamos una época ya larga que vamos diseñando programas acordes a las legislaturas porque es fundamental el respaldo por parte de la administración. Habitualmente lo que solemos hacer es configurar un programa en base a la legislatura. Para ésta todavía tenemos programada una edición de carácter internacionl para el año 2023. El hecho, en este caso, de haber tenido una bianualidad con lo que se refiere a la Junta, nos ha dado la posibilidad de atender alguna de las demandas que hemos tenido en los últimos tiempos de otros lugares, quizás de manera más insistente por parte de la diócesis de Plasencia. A partir de ahí estamos ideando nuevos proyectos expositivos para los próximos años, pero es un poco temprano para aventurarnos a ir dando fechas y lugares. Pero disposición para ello existe.

¿Ya han adoptado una decisión sobre dónde se va a celebrar dicha edición internacional?

Estamos en un proceso de toma de decisiones. Sí que es verdad que no tardaremos mucho en darlo por hecho, aunque está todavía en fase de estudio y tenemos que ver determinados factores. También hay que ser conscientes de que el momento en el que nos encontramos no favorece estas cuestiones, debemos ser cautos, prudentes y ver hasta donde realmente un destino acorde se encuentren las cosas. Vamos a esperar y ver cómo evoluciona estos meses la pandemia y cómo transcurre el programa para el año 2023.

Ha comentado que su intención es ir ampliando horizontes, ¿me podría concretar a qué se refiere con esas ideas?

Queremos seguir creciendo en presencia, gestionar el patrimonio cultural de carácter religioso de la mejor manera posible. Hay diferentes vías para ello como la propia museografía, en la que venimos trabajando desde hace un tiempo con la remodelación y creación de museos. Hemos participado en un museo en Segovia, otro de las Hermanas Hospitalarias en Madrid y tenemos en proyecto algunos museos diocesanos y catedralicios. Siempre apostamos por la búsqueda de soluciones para la observancia del patrimonio y también en la creación de modelos, como es el museo territorial que se inauguró en junio en Palencia, el de Campos de Renacimiento donde tenemos cuatro localidades con una gran riqueza patrimonial que en sí mismos son un gran recurso turístico pero lo hemos aunado en solo producto.

Pretendemos que todo lo que hace la fundación sea reconocible, porque hay un lenguaje y una manera de presentar las cosas. Este tipo de proyectos están muy bien porque contribuyen a paliar la despoblación si somos capaces de que este patrimonio se transforme en turismo, a su vez en desarrollo y consiga frenar ese proceso. Además estamos consiguiendo una cosa muy importante, que es establecer las bases para que este patrimonio no se disperse y conserve sus señas de identidad. Empezamos a crear este tipo de modelos, que incluso en algún momento pueden servir para acoger bienes que procedan de otros lugares, al menos de la comarca, porque eso es una realidad que tenemos hoy en día, con el tiempo y la despoblación, hay iglesias que van cerrando sus puertas y hay que preservar los bienes muebles que contienen. También está provocando que muchos monasterios queden deshabitados, con lo cual también se les da una serie de usos para velar por ellos, pero dotándoles de un relato que consiga mantener viva esa memoria y el carisma de estos museos. Y también en la formación hay iniciativas que pueden contribuir a que se profesionalice más si cabe la atención y la gestión precisamente de estos centros a los que nos referimos. Creamos modelos de gestión patrimonial pero tenemos que cuidar mucho de la formación de los profesionales.

¿Cómo valora la situación actual del patrimonio de Castilla y León?

Tenemos una sociedad en términos generales, empezando por la propia Iglesia, que está muy comprometida. Yo creo que esa sensibilidad obedece a la suma de esfuerzos de muchos, pero si hay un punto de inflexión es la aparicion de Las Edades del Hombre en los años 80. A partir de ahí se empezó a ver el patrimonio con otros ojos. Nació ese sentimiendo de identidad y orgullo hacia lo nuestro en las personas, en ese sentido tenemos mucho avanzado. Tenemos el hándicap de lo amplísimo y rico que es ese patrimonio, pero es un problema porque es muy difícil llegar a todo. Sí que es cierto que hay que tener en cuenta que a nivel de las instituciones públicas estas inversiones están a la cola, indudablemente siendo importante otros sectores son cosas esenciales, pero sí que es verdad que muchas veces en inversiones y presupuesto habría que hacer un esfuerzo y ser más generosos con la cultura y el patrimonio.

Las Edades tienen detractores, hay gente que habla de que es un modelo obsoleto y debería modernizarse, ¿qué le diría a los críticos?

Me voy a ceñir a los hechos. Estamos dando el paso de ampliar la edición de Lux porque es evidente que Las Edades trascienden lo artístico y tienen muy vigente su repercusión directa en otros ámbitos como lo económico, lo laboral, lo social y la promoción de un territorio. En relación al paso del tiempo, hay un punto de inflexión con la llegada de Las Edades en esos lugares, donde cuando se terminan, habitualmente, tienen un repunte con respecto a años anteriores. La llegada de Las Edades mantiene un nivel alto de satisfacción que hace que sigan demandadas año tras año y su repercusión se mantiene en el tiempo. Tienen tal impacto, a día de hoy, que en un momento de dificultad como el que estamos atravesando actualmente esta sirviendo de un impulso a la sociedad que no creo que sea un síntoma de desgaste.

Y si lo queremos llevar a lo plenamente estético, una de las señas de identidad que hacen únicas a Las Edades es la innovación, porque tenemos la capacidad de transformar los templos en espacios expositivos. Además, hay una cosa que siempre está intrínseca, la identidad, lo que te aporta el mensaje que auna la fe y la cultura. En resumidas cuentas, la pertenencia a un pueblo. Quiere decir que los visitantes de Las Edades se siguen deleitando de la visita y alimentando ese sentimiento de pertenencia al proyecto. Se siguen demandado exposiciones, ya muchas veces es la excusa perfecta para recorrer otros lugares.

En ningún caso estoy de acuerdo con que el modelo esté agotado, no podemos pensar que es un proyecto a medio o corto plazo, otra cosa es que los responsables tengamos también que tener vista y buen tino para ir decidiendo cuáles tienen que ser los lugares, los años y las temáticas, porque como en todo tiene que haber un acierto a la hora de decidir. Son un factor de reforzamiento cultural y social, no podemos ser ajenos al relevo generacional, al final son 25 ediciones, pero lo que está claro es su andadura, también dimos la oportunidad que otras generaciones conozcan Las Edades. Los visitantes más pequeños son un público que cuidamos mucho en estos últimos años, desde los propios centros educativos, con gran actividad a lo largo de las ediciones, que se convierten en unos grandes embajadores de Las Edades del Hombre. Algo bien estaremos haciendo para que aún hoy sigan teniendo este recorrido.