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Alfonso González Mozo

PLAZA MAYOR

Alfonso González Mozo

Periodista


El porqué

16/04/2022

¿Quién mató a David Hernández? ¿Y a José Luis Boal? ¿Y a Esther López? Son los tres grandes casos sin respuesta en la crónica negra de este siglo en Valladolid. Homicidios sin culpables a los que sentar en un banquillo de los acusados para consolar el corazón de unas familias que malviven con el infinito desconsuelo de no saber siquiera el porqué de unos crímenes que cambiaron sus vidas.
¿Por qué? Es la pregunta que se hacen las familias. La del joven que murió en abril de 2020 en un parque de Laguna de Duero, la del hostelero acuchillado en septiembre de 2009 en su bar de Las Delicias y la de la mujer hallada junto a una cuneta hace unos meses cerca de 'su' Traspinedo. Ya no ansían tanto el quién como el porqué, intentar entender los motivos del crimen; qué llevó a los culpables a poner fin a las vidas de sus seres queridos.
En el caso de Esther López, la hipótesis del atropello sigue sobre la mesa, pero el autor continúa escondido sin atreverse a asumir que mató a una persona. Y la investigación no descarta nada. Ocultación y traslado del cuerpo, inclusive.
En el de José Luis Boal, hasta el juzgado ha archivado el caso por falta de autor conocido, si bien los abnegados investigadores de la UDEV de la Policía Nacional jamás lo han olvidado y continúan con él sobre la mesa, dispuestos a pelear hasta el último minuto por el quién y el porqué; y presentarse ante el juez y solicitar la reapertura de un asunto que va para 13 años, pero que no se ha abandonado.

La contumaz persistencia de este tipo de policías y guardias civiles va en su ADN, es una seña de identidad inequívoca. Dudar de ellos es un error


La contumaz persistencia de este tipo de policías y guardias civiles va en su ADN, es una seña de identidad inequívoca, porque nadie que se rinda a las primeras de cambio puede trabajar en grupos de investigación tan complejos como los de homicidios, donde la resolución de muchos crímenes es toda una carrera de fondo. Dudar de ellos es un error.
En el caso de David Hernández, la Guardia Civil se ha encontrado con la dificultad de la ausencia de testigos derivada de las solitarias noches del confinamiento pandémico de 2020, cuando se produjo el ataque mortal a este joven de 18 años. Tampoco hay arma del crimen, ni grabaciones de cámaras capaces de captar lo que pasó junto al lago. Y sobra el silencio, el que la madre de David no duda que se lleva respetando desde hace dos años entre los autores del crimen de su hijo para el que ella no encuentra consuelo. Ni el porqué.