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«Siempre se delatan por el lenguaje no verbal»

A.G.M.
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La Policía se enfrenta a la dificultad de obtener la confesión de las víctimas en sus operaciones contra la prostitución. Atemorizadas, muchas ni quieren declarar y ahí entra en acción la UCRIF, la unidad especializada de la Brigada de Extranjería

Operación policial contra la prostitución en Valladolid. - Foto: Policía

Hablan sin hablar. Con los ojos, con los gestos, con las miradas perdidas, con esa sensación de querer salir corriendo pero no atreverse ni a decírselo al policía que acaba de detener a su proxeneta, ese que la obliga a prostituirse cada noche; con golpes, a gritos, amenazada, coaccionada... El camino de una investigación policial es siempre arduo y largo, mucho más cuando, además de las obligadas pruebas, los agentes tienen que recabar la confesión de la víctima, que es lo que ocurre en los delitos relativos a la prostitución. 

«En las investigaciones de la prostitución, tenemos que poder determinar si las personas que se encuentran en la actividad lo hacen de un modo voluntario o forzoso. Ese es trabajo policial, porque no todas te lo confiesan de primera mano y, por eso, hay que hablar, entrevistar, interrogar... para poder determinar si esa persona está en una situación de voluntariedad o no», explica la jefa de la Brigada de Extranjería de la Policía Nacional, Dolores Pérez Iribarne, quien apunta que solo hay delito cuando se ejerce forzosamente o cuando se produce en el marco de un caso de trata de seres humanos, chicas que son traídas a España desde Asia, Europa del Este, Sudamérica... y que después son obligadas a vender su cuerpo para, generalmente, saldar la deuda del viaje en el que ellas se embarcaron engañadas.

«Cuando hablamos de trata con fines de explotación sexual, ese es un tipo delictivo que lleva consigo aparejado la prostitución, pero no siempre que hay prostitución, hay trata», recuerda la inspectora jefa, quien puntualiza que «la actividad de la prostitución es alegal», ya que «obviamente, no está dada de alta en ningún registro, pero si se ejerce voluntariamente, no se infringe ninguna ley».

LA EXCEPCIÓN, LAS MENORES

«Otra cosa es que la que ejerza la prostitución se una menor, ahí da igual que lo haga voluntariamente o a la fuerza», advierte. «Ahí ya no hay que hablar nada, si oímos que hay un menor de por medio, ahí sí que entramos como un elefante en una cacharrería, no hay nada que investigar. Un menor no puede ejercer la prostitución. Punto».

Pérez Iribarne señala que «el trasfondo de la mayor parte de los casos de prostitución suelen ser deudas económicas de la familia o de la mujer, que se han contraído por el viaje a España, por ejemplo, ya que las imponen unos precios absolutamente abusivos con el fin de obligarlas luego a prostituirse», aunque esta experta policial dice que en muchos casos también se ejerce la prostitución a la fuerza por temor a los proxenetas: «A veces tienen amenazados a sus familias o les agreden en sus países y ella ejerce para que no les hagan nada».

«El miedo es libre», reconoce la jefa de la Brigada. «Las personas que están prostituyéndose obligadas siempre se delatan por el lenguaje no verbal. Los investigadores que trabajamos con personas debemos ser especialistas en interpretar ese lenguaje, porque las víctimas no siempre hablan y hay gente que callada también habla; esa forma de estar, de moverse, de mirar, de no contestar...». El silencio delator.

EL PAPEL DE LA UCRIF

La Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF ) es el grupo especializado de investigación con que cuenta la Brigada Provincial de Extranjería de Valladolid para todos los delitos del ámbito (contra el derecho de los ciudadanos extranjeros, contra los trabajadores, tráfico de personas, favorecimiento a la inmigración ilegal...), así como la mendicidad, la trata y los delitos relativos a la prostitución.

«Nosotros estamos en contacto permanente con la unidad central de trata, de Madrid, que coordina informaciones con las provincias para alertar de la presencia de los grupos itinerantes, que son los que van moviendo a las chicas», explica la jefa de la Brigada, ya que, según detalla, «este es un gremio muy conectado»: «Aunque sean de otras provincias, hacen sus acuerdos de intercambio de chicas, el problema es que no siempre se puede saber si ese movimiento es voluntario o forzoso, porque hay chicas que son ellas las que piden moverse, pues siempre hay mucha más actividad en zonas de costa y Madrid que en Castilla y León, por ejemplo».

«Las investigaciones se inician de diferentes formas, dependiendo de la fuente, porque la información puede provenir de otras unidades de la Policía, por su trabajo de diario, así como de ciudadanos de la calle que llaman, escriben o acuden, y de instituciones. Además, también controlamos mucho internet».