Mujeres innovadoras con sello rural

R. Gris
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Cada vez más mujeres llega a los pueblos con negocios alejados del sector primario. Te contamos la historia de Silvia y Miriam Herrera, de Chiho Onozuka, de Celia San Miguel, de Inés toharía y de Asami Hatano

Asami Hatano, de Kimono Hana (Wamba). - Foto: D.V.

Las mujeres cada vez tienen mayor protagonismo en el tejido industrial de la provincia. Los negocios encabezados por mujeres afloran cada vez en mayor medida a pesar de que los hombres han sido desde siempre los protagonistas de las explotaciones del sector primario en los pueblos. A pesar de las dificultades propias de poner en marcha un negocio y ciertas reticencias existentes en algunos sectores a que sean las mujeres las titulares de los negocios rurales, existe un grupo que poco a poco va implantando su forma de llevar las cosas, su imaginación y su dinero para conseguir que la innovación también llegue al medio rural vallisoletano. 
Importadoras y exportadoras con países asiáticos, reposteras de delicias culinarias, hosteleras que acercan al cliente a la naturaleza, elaboradoras de kimonos traídos desde Japón, arquitectas con estudios en pequeños pueblos, diseñadoras de bisutería... Son solo algunos ejemplos de mujeres que han conmemorado esta semana el Día de la Mujer Rural con la satisfacción de estar haciendo las cosas de una forma diferente. Que han sido capaces de emprender en sectores diferentes dentro del medio rural y lo han hecho a pesar de las reticencias que se han encontrado en sus pueblos por el hecho de ser mujeres. 
Algunas de ellas reivindican que aún queda un largo camino por recorrer en materia de igualdad, al igual que en la ciudad matizan. Otras, por el contrario, aseguran que no han tenido problemas, mas bien todo lo contrario. Se han apoyado en su vecinos para continuar sus proyectos. 

 

 

Silvia y Miriam Herrera, de 1.500 Estrellas (Mélida).Silvia y Miriam Herrera, de 1.500 Estrellas (Mélida). - Foto: Jonathan Tajes

 

«Emprender en el pueblo no es fácil ni difícil. Hay que dedicar esfuerzo»

Miriam tiene 29 años y Silvia, su hermana, 40. Ambas estudiaron Ingeniería Agrícola y después se licenciaron en Enologia, un mundillo que les apasiona. Silvia trabajó como directora técnica de varias bodegas, mientras que su hermana lo hizo en prestigiosas zonas vinícolas alrededor del mundo, como Nueva Zelanda, Burdeos y California antes de decidir volver a su tierra. La idea de 1500 estrellas surge hace tres años. «Nuestro padre nos comentó la idea de crear este nuevo concepto de dormir al aire libre, pero no de una forma cualquiera sino con todos los lujos y comodidades que te podría proporcionar un hotel de 5 estrellas», comentan. Afirman que arrancar con un proyecto en el medio rural es difícil y fácil al mismo tiempo. «Si y no. Hay que dedicar mucho esfuerzo, valorar y querer mucho tu zona, arriesgar a que te llamen loco pero querer es poder». Aseguran que no han tenido ningún problema por el hecho de ser mujeres y critican el hecho de que no sienten que la administración valore y apoye el medio rural. 

 

Chiho Onozuka, exportadora de aceite (Mota del Marqués).Chiho Onozuka, exportadora de aceite (Mota del Marqués). - Foto: D.V.

 

«Te debe gustar la forma de vida del pueblo, pero depende de ti mismo»

Chiho Onozuka tiene 53 anos y nació en una ciudad que se llama Maebashi, en norte de Tokio, un poco más grande que Valladolid en cuanto a población. Con tan solo 18 años  llegó a nuestro país y fue en el año 2014 cuando recaló en Mota del Marqués con la adquisición de una casona donde reside en la actualidad. Trabaja por la mañana y por la tarde está descubriendo nuevos aspectos. «Me levanto pronto, atiendo todos los asuntos que tengo con Japón por la mañana a través de internet  y por la tarde intento dedicar el tiempo a mis nuevos proyectos y aficiones». Asegura que empezar un proyecto en cualquier lado es difícil porque «depende de un montón de cosas. Pero hoy en día teniendo alguna experiencia adquirida en la ciudad, uno puede encontrar manera de adaptarse en un pueblo». Asegura que debe gustar la forma de vida de pueblo. «También hay que saber vivir en la soledad y sacar aprovecho de ello. Yo estoy tan lejos de Japón trabajando desde siempre, así que creo que todo depende de ti mismo».

 

Celia San Miguel, de Deliciass, repostería creativa (Portillo).Celia San Miguel, de Deliciass, repostería creativa (Portillo). - Foto: Jonathan Tajes

 

«Soy muy echada para adelante y eso es necesario al ser mujer rural»

Estudió en Las Delicias y, posteriormente, en la Escuela Internacional de Cocina. Se traslada a Portillo porque su pareja es alfarero y no puede venirse a la capital. Deja su trabajo como decoradora de interiores y se trasforma. Arranca con Deliciass, Repostería Creativa. Intentó innovar y reconoce que el primer año fue «muy difícil» debido a la gran cantidad de proyectos que quiso arrancar para el obrador, pero poco a poco se fue asentando y ahora disfruta del medio rural, de la tranquilidad a la vez que dispone de todos los servicios. «En Portillo tenemos de todo y a la vez tenemos también la tranquilidad de un pueblo». Se levanta todos los días a las cinco de la mañana y las jornadas se alargan hasta bien entrada la tarde, es un sacrificio. Reconoce que es lo que lleva dentro, es lo que domina y eso le ayuda a ser un mujer extrovertida y sentir que no tiene retos que no pueda alcanzar, algo que considera fundamental. Tiene claro que su futuro para por su negocio y por Portillo. «Eso es algo que tengo clarísimo. Me quedo en Portillo» 

 

Inés Toharía, de Librería El Grifilm (Urueña).Inés Toharía, de Librería El Grifilm (Urueña). - Foto: D.V.

 

«Nueva York por Urueña fue duro. La primera noche se oía el silencio»

Inés Toharía, a sus 44 años, no se plantea otra cosa que Urueña. Lleva desde 2011 residiendo en la Villa del Libro al frente de El Grifilm, rodeada de libros relacionados el cine. Llegó desde Nueva York, un poco cansada del bullicio de la gran ciudad. Estuvo trabajando durante más de tres años para Naciones Unidas en la restauración de cintas antiguas y, al conocer el proyecto que la Diputación estaba poniendo en marcha en Urueña, encaminó sus pasos de regreso a España. Natural de Madrid, afirma que siempre hay algún aspecto relacionado con el machismo, pero entiende que pasa en todos los lugares, en el medio rural y en la gran ciudad. Recuerda que sus amigos bromeaban con ella por el cambio cuando llegó a Urueña, pero asegura que ese carácter arisco del que tiene fama los vallisoletanos ella no lo ha encontrado y se ha adaptado perfectamente a la vida en el pueblo. Admira la belleza del pueblo «con paisajes cambiantes» cada día y asegura que de momento no ve ningún plan fuera del pueblo. 

 

 

«Me siento una afortunada. Mi hijo de cuatro años disfruta del campo»

Asami Hatano reside en Wamba desde hace doce años. Era profesora de japonés en Valladolid, pero su marido la ‘arrastró’ hasta este pequeño municipio de la provincia. Ahora, se siente afortunada por estar en contacto con la naturaleza y porque sus hijos, sobre todo el mayor de cuatro años, pueda estar en contacto permanente con la naturaleza. «En un par de años puede salir solo a dar un paseo con la bicicleta por las calles, algo que en la ciudad no podría hacer». Hatano no se ha quedado de brazos cruzados, sino que ha emprendido un negocio original por el que trae quimonos desde Japón para su posterior comercialización. Ella misma explica que hoy en día se puede trabajar desde cualquier parte del mundo con internet, algo que sí tienen en el pueblo, aunque andan un poco mal de cobertura. No ha tenido que sufrir ningún inconveniente por el hecho de ser mujer y menos aún por ser extranjera. «Los vecinos son muy simpáticos con nosotros y, en especial, con los niños».

 


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