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Duelo determinante con la lección aprendida

Agencias
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Una Le Pen más moderada pondrá a prueba hoy el desgaste de Macron durante cinco años de mandato en el único debate electoral que puede decantar parte de los votos del domingo

El liberal sigue liderando los sondeos, con un 55,2 por ciento de los apoyos. - Foto: POOL

Muchas de las bazas de Emmanuel Macron y Marine Le Pen para lograr la Presidencia de Francia pasan por el debate televisado que esta noche, a las 21,00 horas, enfrentará a los dos candidatos de las elecciones del próximo domingo. Y, por eso mismo, ambos decidieron ayer prepararse a conciencia la cita de hoy, que se prevé mucho más decisiva que el cara a cara que mantuvieron hace cinco años en una situación similar.

El propio Macron ha admitido que sabe que su rival «se ha preparado mucho este debate» después de que el lance de 2017 acabara con una victoria abrumadora para el liberal. Y es que Le Pen reconoció hace unos días que aquel debate fue «el mayor fracaso» de su carrera política y no quiere repetirlo.

Ambos llegarán al plató de televisión con la lección aprendida de aquel duelo y de las nuevas circunstancias que vive el país. De hecho, los sondeos confieren al candidato a la reelección una ventaja mucho más ligera que la de entonces. El liberal obtendría, según las últimas encuestas, un 55,2 por ciento de los votos frente al 44,8 por ciento que recabaría su oponente.

Sí se espera que, al igual que hace cinco años, se viva un enfrentamiento tenso, aunque menos agresivo que entonces. Principalmente, porque la aspirante ultraderechista ha suavizado su mensaje tras un proceso que en francés se llama desdiabolización para hacer más digeribles a su partido, sus líderes y sus propuestas a través de una relativa moderación del discurso.

Ahora, Le Pen ha templado sus ideas sobre la UE y ha abandonado su postura más polémica (salir del euro), pero mantiene promesas que ponen los pelos de punta en Bruselas, como la supremacía del Derecho francés sobre el comunitario o salir del espacio Schengen.

También ha bajado el tono (aunque no el fondo) de sus propuestas contra la inmigración. Por ejemplo, ha reducido la intensidad sobre una de sus propuestas más polémicas: la prohibición del velo musulmán. «No es una prioridad, pero es un objetivo», aseguró ayer mismo.

En esta campaña, Le Pen se ha centrado especialmente en la cuestión social y acusa a Macron de ser parte de una «oligarquía» indiferente al aumento de los precios de la energía y las consecuencias de la guerra en Ucrania que han subido el coste de la vida para las clases más modestas.

Frente a ella, Macron llega con problemas causados por el inevitable desgaste de cinco años en el poder con varias crisis (los chalecos amarillos, la pandemia, la subida de precios). Por ello, también ha suavizado algunos de sus propuestas más polémicas y ahora admite cierta flexibilidad en su plan de reforma de las pensiones.

Como en 2017, el mandatario liberal sabe que tiene muchos votos prestados de otras ideologías que no quieren que la ultraderecha llegue al Elíseo, pero deberá volver a ganárselos.