TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Espero que no me llamen machista por decir esto

27/02/2021

Creo no ser machista por decir que la ministra de Igualdad, Irene Montero, se ha convertido en una pesadilla semejante a la que oficialmente --Moncloa dixit-- representa su compañero sentimental, el vicepresidente segundo. Espero que no me llamen machista por compartir muchos de los argumentos del Consejo General del Poder Judicial saliente --bueno, si es que por fin lo renuevan, que ya vemos que surgen obstáculos de última hora... derivados de Podemos, por cierto-- en contra del proyecto de ley surgido del Departamento de Igualdad sobre libertad sexual ('Ley del solo sí es si'). Estoy seguro de no tener ni un ápice de machista si me inclino más bien por las tesis de la vicepresidenta Carmen Calvo que por las de la señora Montero (doña Irene) sobre otro proyecto, el de la 'ley trans', que, en su versión 'morada', ha escandalizado a buena parte de la sociedad.

No me da la impresión de que la ministra de Defensa, Margarita Robles, por ejemplo, sea 'machista' (maaadre mía*) cuando pide mesura, realismo y "humildad" ante las provocaciones de la señora Montero (doña Irene), o las de la subsecretaria Belarra, cuando ambas desafían el dictamen unánime de los jueces contra los textos legales mala y poco técnicamente alumbrados por el Ministerio del que hablo. ¿O será machista la ministra de Sanidad, Carolina Darias, cuando blande las normas sanitarias y el sentido común al decir que salir a manifestarse el 8 de marzo, día de la mujer, es peligroso?. La jornada es perfectamente respetable, claro, pero obviamente no susceptible ahora de grandes celebraciones callejeras cuando la pandemia sigue ahí, acechando: ¿cuántos contagios, me pregunto, por ejemplo, se habrán derivado de la inoportuna celebración de las elecciones catalanas el pasado día 14?

Puede que sea machista, aunque yo no lo comparto, afirmar que esta ministra Montero (doña Irene) , que lo es por lo que lo es, no ha dado una a derechas (ni a izquierdas) desde que, hace un año, un mes y quince días, llegó a ocupar una cartera que le viene muy grande y que, en el fondo, ya entraba en las atribuciones de la vicepresidenta Carmen Calvo, que ahora se lleva fatal, dicen, con la ministra. Y no me extraña.

No sé, ahora te llaman machista por cosas que yo creo que nada tienen que ver con el machismo y sí con lo obvio, o cavernícola cuando lo único que haces es mantener tus convicciones que, antes de la llegada de algunos al poder, eran razonablemente progresistas: ¿o es que va a ser machista y cavernario afirmar que la que era ministra de Justicia, polémica por diversas razones, ocupe desde hace un año --el aniversario se cumplía este viernes-- nada menos que la Fiscalía General del Estado? ¿O decir que no parece lógico que decisiones que deberían adoptarse en La Moncloa se toman en esa 'Moncloa paralela' situada en la madrileña localidad de Galapagar?

Quizá lo machista sea ampararse en un Ministerio al que ya digo que se escaló sin méritos para mantenerse en la alfombra roja, en el machito y alzarse desde las tarimas puño en alto creyéndose (de nuevo: maaadre mía...) una nueva Pasionaria.

¿Cómo puede uno creer en un Gobierno, por mucho que su presidente haya ganado para el PSOE unas elecciones, si ese mismo presidente favorece en su Ejecutivo presencias así, que por cierto no han ganado elección ninguna, y encima les multiplica el presupuesto para sus ridículas encuestas y para seguir soplando velitas de aniversario? Le ruego, oiga, que no piense, contra lo que alguna de 'ellas' me cuentan que va diciendo, que soy machista, ni cavernícola, por decir todo esto. Créame: combato con firmeza el machismo y la caverna. Por eso me atrevo y me siento obligado a decir todo lo que llevo dicho. Y más que me callo por falta de espacio.

 



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