El año más intenso de Lorca

Javier Villahizán (SPC)
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El año más intenso de Lorca

Machado, Buñuel o Dalí fueron algunos de los mentores del joven poeta durante su estancia en la Residencia de Estudiantes, un lugar que supuso un cambio radical en su vida artística

Con apenas la mayoría de edad, 21 años, el poeta español más reconocido internacionalmente, Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898-Granada, 1936) llega a Madrid con la maleta llena de ilusiones y de proyectos por hacer. Y no es para menos, allí se instala en la famosa Residencia de Estudiantes, cuna de intelectuales y literatos, y donde tendrá lugar uno de los embriones del pensamiento más destacados del panorama europeo: la Edad de Plata de pensamiento español.
Un  siglo después de ese acontecimiento tan especial en la trayectoria vital y creativa del autor granadino, la Comunidad de Madrid quiere rendir homenaje a la figura de este poeta universal con un ambicioso elenco de actividades. Para ello, distintas instituciones como la Real Casa de Correos, los Teatros del Canal y el Museo del Prado se han volcado con esta efeméride y han aportado sus escenarios con el fin de revivir la memoria del Lorca a través de numerosas conferencias, obras de teatro, conciertos, exposiciones y diversas actividades culturales. La Casa Real también se ha querido sumar a este magno acontecimiento por medio de la Presidencia de la Reina Doña Letizia al Comité de Honor del Año Lorca 2019.
Fue exactamente hace 100 años cuando un jovencísimo Lorca, hastiado y cansado de la vida cultural y social de provincias, decide trasladarse a una institución que es emblema de dinamismo, innovación y creatividad, además de debate y aprendizaje.
«Yo he nacido poeta y artista como el que nace cojo, como el que nace ciego, como el que nace guapo. Dejadme las alas en su sitio, que yo os respondo que volaré bien», le escribió Federico a su padre en la primavera de 1920, justo cuando llevaba apenas un año fuera de su Granada natal, con la intención de convencer a su progenitor de que su lugar en el mundo estaba en la carrera artística.
Y le confiesa apesadumbrado que si hubiese claudicado para satisfacer al padre, hubiera sido «un golpe de muerte, un muerto en vida, un enfermo, un deprimido, un impotente, un violento, un ansioso, un sometido, un abogado de la amargura..., quién sabe». 
Pero la historia vital de Lorca no es la de un autor malogrado, sino todo lo contrario. Desde su ilusionada llegada a la Residencia de Estudiantes, su estancia en la institución fue determinante para su vida y su posterior obra. Madrid se abrió al poeta sin ningún miedo y el literato enriqueció la actividad cultural de la capital con sus tertulias en el famoso Café Gijón, centro neurálgico de debates políticos y literarios, sus conferencias en el Lyceun Club y las veladas en casa del diplomático chileno e intelectual Carlos Morla Lynch, así como sus estrenos en el Teatro Español.
Durante el período que el dramaturgo pasó en esta institución madrileña, conoció a todo un elenco de autores consagrados, como era el caso de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, además de hacer amistad con el pintor surrealista Salvador Dalí, el cineasta Luis Buñuel y el intelectual Pepín Bello; al tiempo que se relacionó con todos los escritores de la Generación del 27: Jorge Guillén, Pedro Salinas, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Rafael Alberti y el futuro Premio Nobel Vicente Aleixandre. Pero fue Federico García Lorca el único miembro del grupo que alcanzaría una proyección internacional tan relevante.
Además de la poesía, la creatividad del artista abarcaba con igual pasión el dibujo y hasta el teatro.
Su vida en Madrid pronto empezó a fructificar en forma de producción literaria, como ya había vaticinado a sus padres, y enseguida publicó Libro de poemas (1921) y Canciones (1921-1924), pero no fue hasta el lanzamiento de la revista Gallo, de la que solo salieron dos números, y la edición de Poema de cante jondo (que no fue publicado hasta 1931) cuando Lorca alcanza su madurez literaria y cuando empieza a mostrar una de las características más representativas de su estilo: la identificación con lo popular y su posterior expresión hacia aquellos rasgos más cultos.
Su etapa madrileña, antes de trasladarse a Nueva York, en 1929, finaliza con una de sus obras cumbres, Romancero gitano (1928), con la que logró un éxito rotundo e inmediato.
A partir de entonces, Lorca se transforma en el poeta universal que fue, pero con una mirada en sus orígenes creativos, literarios y vitales: la Residencia de Estudiantes.