Puente Colgante (aunque no lo es)

Jesús Anta
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El escritor Jesús Anta descubre los secretos del puente Colgante (aunque no lo es)

Puente Colgante (aunque no lo es) - Foto: Jonatan Tajes

El puente que da nombre a la calle fue una construcción pionera en España, por su arquitectura y materiales empleados, y el resultado de una sociedad que quería para Valladolid un nuevo impulso modernizador.  El puente se inauguró en 1865 y vino a reforzar la autoestima de una ciudad que cinco años antes conoció la llegada del ferrocarril. El puente Colgante forma parte de las efemérides que contribuyeron a sacar de la atonía a una vieja villa castellana que no levantaba cabeza desde que la Corte se marchara a Madrid… ¡hacía más de un cuarto de siglo!
La calle empezó a consolidarse al calor de la actividad ferroviaria: no muy lejos estaban la estación del ferrocarril y los talleres, así como los almacenes y harineras que fueron creciendo en torno al Arco de Ladrillo. 
Y es precisamente en las inmediaciones del Arco de Ladrillo, donde comienza la calle. Y junto a la Estación de Autobuses, que está pidiendo a gritos una profunda renovación o un nuevo emplazamiento. 
Apenas iniciada, en la acera de los impares se alza la Casa de la India. Es una fundación creada en 2003  con la participación del Gobierno Indio, y  el Ayuntamiento  y la Universidad de Valladolid. El edificio, de principios del siglo XX,  se acondicionó en 2006. Bien puede presumir Valladolid de ser junto con Londres y Berlín una de las tres ciudades europeas que cuentan con un centro de difusión de la cultura india amparado oficialmente por el gobierno de aquel país.
Frente a la Casa de la India se alza la fábrica de harinas La Rosa, que se remonta a los albores del siglo XX. Se trata de un conjunto de edificaciones que fue haciéndose poco a poco entre 1906 y 1924. Se trata de un símbolo de la potente actividad harinera que tuvo Valladolid. 
En su intersección con el Paseo Zorrilla, y rebasado éste, se nos muestra lo que queda del viejo hostal Lucense en espera de que un nuevo y moderno edificio de viviendas evite que se caiga por completo. El Lucense es una referencia en Valladolid para el mundo taurino, pues en él  se alojaban las cuadrillas de toreros que venían acompañando a los maestros.
El último bloque de viviendas antes de que el puente cruce el río, es un antiguo cuartel de la Guardia Civil y enfrente, el colegio de las agustinas.
Mas, antes de que la calle toque a su fin, a mano izquierda y en las inmediaciones del cauce del Pisuerga, se ve una construcción de piedra que ahora acoge un establecimiento hostelero que se anuncia como La Aguada. El nombre es acertado pues se trata de la antigua captación de agua que tuvo que hacer la empresa que construyó la línea ferroviaria que unía Madrid con Irún: la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España. 
Las locomotoras de vapor necesitaban mucha agua, y la ciudad no disponía de ella, por lo que la compañía ferroviaria  hizo su propia captación en este punto y la  bombeaba hasta la estación y los talleres anexos. Hasta le sobraba para que el Ayuntamiento regara el Campo Grande.
En nuestro paseo por Puente Colgante nos hemos cruzado con la calle Alemania, que no es sino el nombre que en 1937  le puso la Comisión Gestora del Ayuntamiento, al igual que la próxima calle Italia, como homenaje a los dos países que mostraron sus simpatías por el Movimiento Nacional de España.
Y también atravesamos la calle  Gabilondo, nombre de un concejal de la última década del XIX emparentado con los propietarios de los Talleres Gabilondo, que no estaban lejos de por aquí.
Por cierto, como todo el mundo sabe, este no es un puente colgante, pero su nombre viene del que se le adjudicó popularmente,  pues cierto es que su diseño primigenio era el de un puente con sus cables y tirantes que hacían que el tablero quedara suspendido y no apoyado en los estribos.  Hasta que se asentó el nombre definitivo del puente, también se conoció como del Prado y de Hierro, así como del Presidio, porque en aquellos años el Monasterio de Nuestra Señora de Prado era el penal provincial.