Crimen del bar Inici@l: Diez años de incógnitas

A. G. Mozo
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El 17 de septiembre de 2009, un hombre acuchillaba sin mediar palabra a José Luis Boal en su local de Las Delicias. La Policía nunca ha dejado de buscar al asesino, llegó a investigar a dos sospechosos y ahora maneja una nueva pista

Diez años de incógnitas en el crimen del Bar Inici@al

Eran las siete de la tarde y el cielo se estaba apagando, como lo hace en esos días de septiembre en que el otoño se empieza a dejar caer por Valladolid; refrescando el ocaso, anunciando ya el inevitable final del verano. Eran las siete de la tarde cuando un hombre se adentraba en la siempre concurrida avenida de Segovia con un cuchillo de cocina oculto en un periódico y la mirada vesánica. Eran las siete (y diez) de la tarde y José Luis estaba, como siempre a esas horas, en su local, ajeno a lo que se le sobrevenía, a ese despiadado ataque. Cruel y en silencio. Directo y por la espalda. Con inquina y sin miedo a nada, ni a ser visto, ni a ser cazado. Sin más plan que acabar con la vida de este hostelero de 53 años. Eran las siete y diez de la tarde de aquel 17 de septiembre de 2009, era jueves, y José Luis Boal moría en el suelo de su bar, el Inici@l, mientras que su asesino se esfumaba como un fantasma en el bullicio vespertino de Las Delicias. 
El martes se cumplen diez años de un crimen que sigue plagado de incógnitas y que es el único (con el de la septuagenaria asesinada en su domicilio de la plaza Circular del pasado mes de octubre) que está sin resolver en Valladolid.
El asesinato de José Luis Boal es el gran caso abierto de la Policía en Valladolid. Nunca hubo uno tan difícil, tan enconado y mantiene tanta o más importancia como la que tuvo en aquellos días de finales el mes de septiembre de hace una década cuando los investigadores se afanaron sin éxito en pos de la identificación de ese cruel criminal, convertido hoy ya en un fantasma. «La investigación no se ha dejado nunca», avisan fuentes policiales a El Día de Valladolid, «y es uno de esos casos que motiva mucho porque es muy complejo y lleva mucho tiempo abierto». «Se le ha ido asignando a distintos equipos a lo largo de estos años para tratar de cogerle de nuevo y abordarlo con otro enfoque, sin contaminar por las gestiones que se hubieran hecho con anterioridad, que son decenas de folios. Y algún día va a terminar por encajar todo», afirman con plena seguridad estas mismas fuentes.
Un caso de 160 folios. Y eso de las «decenas de folios» no es una forma de hablar. Dicen que en la carpeta que agrupa el expediente del crimen del bar Inici@l, en una mesa del Grupo de Homicidios de la Unidad contra la Delincuencia Especializada y Violenta (la UDEV pertenece a la Brigada Provincial de Policía Judicial) hay más de 160 folios con «anotaciones, pruebas, declaraciones  e innumerables gestiones vinculadas al caso», en fin, todo lo que se ha ido haciendo en torno a este asunto desde aquel jueves al filo de las siete y diez de la tarde.
Incluso hubo un equipo policial que, directamente, se fue para la avenida de Segovia un día 17 de septiembre cualquiera, a esas siete de la tarde, para tratar de ponerse en situación y colarse en la mente del asesino. Descubrieron que no se había podido elegir un peor momento para asesinar a cuchillo al propietario de un bar de la zona, volvieron a Comisaría con la total certeza de que el homicida había corrido muchísimos más riesgos de los debidos para acabar con la vida de Boal. Y eso, aunque el propio criminal no lo crea, también es una pista para los investigadores. «No hubo la más mínima planificación. ¿Un jueves 17 de septiembre a esa hora, en esa zona de Las Delicias? No había un peor momento para hacerlo», justifican estas mismas fuentes. «En el caso de José Luis, a poco que esta persona se hubiera parado a planificar bien el tema y a evitar riesgos, hubiera descubierto que habría bastado con esperar a que José Luis cerrase el bar, a eso de las once de la noche, porque a esa hora no hay nadie por la calle en Las Delicias», argumentan. Pero él prefirió hacerlo de día, a una hora en la que el barrio bulle, con la cara descubierta (solo llevaba puesto un gorro, que le tapaba una pequeña parte del rostro) y tirando el arma (un cuchillo de cocina) por allí, en plena calle.
Sin planificación. Los agentes consiguieron recuperar el arma y en él, la Policía Científica encontró «varias evidencias» que ayudarán en algún momento a redondear «una de las investigaciones más difíciles». ¿Huellas, ADN? «Eso es parte de la investigación que aún no se puede contar», responden.
Quienes conocían a la víctima, dicen que Boal era un hostelero tan afable como atípico. No regentaba su bar de barrio como lo hacen la mayoría de sus colegas de la zona, a golpe de cafés, chatos de vino y botellines de Mahou. Él, un gran aficionado a la pintura, no dudaba en montar en su pequeño local de la avenida de Segovia reuniones de artistas y numerosas exposiciones. Él, afirman, no tenía enemigos. Aunque hubo alguien que no tuvo reparos en matarle a cuchilladas. Es más, las fuentes consultadas, destacan que Boal se movía dentro de la «más estricta legalidad» y que en el Inici@l no había hueco para «drogas» -fue una de las tesis que circuló por el barrio al principio- ni para «timbas de cartas».
 La Policía cree que se está ante «un hecho que es prácticamente inédito en la ciudad de Valladolid», y no solo por la hora, el día y hasta el lugar en el que se produjo, sino porque este asesino sin nombre ni rostro actuó «prácticamente a cara descubierta», «con testigos» y «se tomó su tiempo», remarcan. «Un sicario no se arriesga así; elige otra hora y te pega un tiro o te corta el cuello, y no deja que nadie le vea la cara. Y un ladrón, mucho menos, aparte de que no se llevó nada, ni un euro. Por descartar, hasta se ha descartado que pudiese haber sido obra de algún desequilibrado, de una persona que estuviese mal de la cabeza y que hubiera actuado sin más motivación».
Crimen de «Furia». Por ello, la investigación apunta sin género de dudas hacia «alguien del entorno» de José Luis Boal, una persona que pudiese tener un móvil económico, sentimental o de tipo personal, «por cualquier tipo de enemistad». «Fue un crimen impulsivo, de furia. Se ensañó, se tomó su tiempo... corrió muchos riesgos», defienden estas fuentes, que recuerdan que el asesino no dudó en atacar a José Luis a pesar de la presencia allí de dos clientas tomando un café, así como el hecho de que le acuchilló en «una decena de ocasiones», lo que para los expertos denotaría «la rabia, el ensañamiento con el que actuó el homicida, con numerosas cuchilladas, con muchísima saña, asegurándose el resultado de la muerte». Porque allí no hubo pelea ni enfrentamiento previo, «ni tan siquiera cruzó palabra con él», apuntan. «Entró y se fue directo a por José Luis».
Ese perfil de autor dice mucho a los investigadores, porque les ha servido para descartar tanto el ajuste de cuentas, como el robo como dos posibles móviles de este crimen, y centrarlo todo en ese complejo campo de la pasión, que «abre mucho el abanico», ya que en la Policía «no se habla de crimen pasional en su sentido sentimental puro y duro, sino en ese amplio concepto en el que entran desde las motivaciones exclusivamente económicas (una deuda) hasta las vinculadas a un enfrentamiento personal de cualquier tipo».
En aquel septiembre de 2009, las pesquisas arrancaron hacia dos direcciones inicialmente y todas las gestiones que ese iban haciendo parecían indicar que una de ellas «iba a ser la buena». Y la Policía apostó y le dedicó tiempo, pero al final «no se llegó a buen puerto», recuerdan. «Pero esto no se puede ver como un fracaso, porque es una manera de descartar y de avanzar», explican estas fuentes. «Se ha ido viendo siempre gente que pudiese estar en Valladolid en esa fecha, buscando entre los conocidos de él, entre aquellos que se considerase que pudiese tener algún motivo...», confiesan. Y, sí, hasta se ha llegado a hablar «con gente, con nombre y apellidos, con personas que fueron objetivos de la investigación, pero que al final se descartaron porque se comprobó que no podían ser ellos, que esas personas no podían estar allí».
La investigación del crimen del bar Inici@l ha tenido a lo largo de esta década dos sospechosos, pero ninguno llegó siquiera a ser citado como imputado en Comisaría, tal como ha podido confirmar El Día de Valladolid. En un caso, por la descripción física, al no coincidir con ese hombre de entre 1,80 y 1,85 que se decía que se buscaba; en el otro, porque tenía coartada y, por tanto, no podía estar ese día a esa hora en esa calle del barrio de Las Delicias.
Nueva pista en mayo. El caso ha estado en varias ocasiones en un aparente callejón sin salida, pero siempre se le ha logrado reactivar. El último impulso llegó el pasado mes de mayo, cuando se le volvió a dar «una vuelta». «En este asunto hay muchísima información y hay que ordenarla y seguir trabajando. Se habla otra vez con testigos y, a pesar de que van teniendo cada vez unos recuerdos más difuminados, hay veces que surgen otras cosas», apuntan estas mismas fuentes. Yalgo así es lo que ocurrió el pasado mes de mayo, cuando «se recibió una información que puede ser muy importante», pero avisan de que «hay que trillarlo bien todo», porque «el tiempo va deformando la idea que se tiene de las cosas».
«Aquí se ha tratado de buscar el porqué, el móvil del crimen, pero al no encontrarlo, hay que ir a por otras cosas, a establecer ese perfil que se dibuja en base a la forma en que actúa un homicida», detallan estas fuentes, que inciden en que «es un asunto verdaderamente muy complejo» y «el tiempo corre en contra de la investigación».
«Jamás se había dado un caso así en Valladolid. No hay ningún tipo de planificación, porque ahí había testigos y cualquier persona podría haber alertado del hecho, siempre que no hubiera entrado en pánico, claro, algo que es complejo». Lo que sí tienen claro es que si algún día se le detiene, será identificado con certeza por los testigos: «Quien viese la cara del asesino, seguro que no la ha olvidado; aunque quiera, porque es un hecho traumático y eso no se olvida. Hay retratos-robot del sospechoso, pero, claro, ya han pasado diez años y en ese tiempo las personas cambian mucho». Son diez años. Diez años de incógnitas.