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Jesús Quijano

UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Imposible algo peor

04/07/2022

Es cierto que desde hace algún tiempo se viene hablando del incremento de la violencia entre padres e hijos, como un fenómeno a añadir a las otras de violencia, las que forman parte de la categoría de la violencia de género, que no dejan de ser noticia con dramática frecuencia. Y, efectivamente, cuando hemos tenido noticia de agresiones mortales de padres a hijos nos hemos estremecido. La mayor parte de las veces se trataba de muertes causadas a hijos pequeños por parte del padre, con el fin de causar el mayor dolor posible a la madre. La que se ha venido denominando como violencia vicaria, que es la ejercida directamente sobre alguien, pero con un destinatario indirecto al que se quiere hacer daño, es seguramente la más aborrecible de todas, especialmente en esas circunstancias a las que me refería. Seguramente todos tenemos en la memoria algunos casos bastante recientes que produjeron un impacto social muy elevado.

Ahora es otra la noticia que nos deja estupefactos. Se trata de un muchacho, menor de edad, que no alcanzaba los 16 años, y que ha matado a su madre con un arma blanca en su domicilio de Valladolid. No hay más detalles; tampoco sé si es necesario que los haya. Si es horrible la que mencionaba, la ejercida por padres sobre hijos, ésta, la ejercida por los hijos contra sus padres, no lo es menos. A ésta es a la que antes me refería como fenómeno que se ha extendido, como lo ponen de manifiesto los datos que se van conociendo, en los que se describe una escalada que empieza por el deterioro de la relación y de la convivencia, sigue con el aumento de la tensión y la violencia verbal, y termina por la agresión física, aunque también ocurre que muchos casos ni trascienden, ni son denunciados, aunque hayan alcanzado un nivel de gravedad preocupante. En algunos informes que he tenido ocasión de conocer tales situaciones se ponen en relación con la pandemia y el confinamiento, con choques personales y generacionales crecientes a causa de la disciplina doméstica, del fracaso escolar, de los deseos insatisfechos, de la discrepancia en el comportamiento, etc.

Sea como sea, lo que me pregunto es qué es lo que puede pasar por la cabeza de un joven para que llegue a matar a su madre; qué puede haber detrás de una reacción así. Y como no soy capaz de entenderlo, pienso que algo muy grave está pasando en esta sociedad nuestra para que el nivel de la agresividad llegue hasta ahí. Y pienso también que quizá no le estamos dando la importancia que merece.