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Imelda Rodríguez

Punto cardinal

Imelda Rodríguez

Especialista en Educación, Comunicación Política y Liderazgo


El agostamiento interrumpido

26/11/2022

Escuchaba a varios comentaristas criticar el color del traje que llevó Pedro Sánchez en su último cara a cara con Feijóo en el Senado. Y no daba crédito. Principalmente por la forma en cómo despistan a la ciudadanía, una y otra vez, sobre lo importante. Ocurre también a menudo en el Congreso, donde los ataques personales demuestran la mediocridad de una parte significativa de la clase política. El desacuerdo continuo es el símbolo de políticos atascados, incapaces de ver con nitidez. Y, cuando el único objetivo es ser centro de atención, se está cerca de descarrilar. Convertir la anécdota en noticia, de forma recurrente, nos está saliendo caro. Incentivar el show político nunca puede ser una buena idea porque ninguna solución estable se asienta cuando la confrontación es permanente. De hecho, estas maniobras de distracción agudizan el desinterés de los ciudadanos por la política y por sus gobiernos. Y el primer paso para hacer una política decente es ser buena persona. A veces parece como si la generosidad fuera un accesorio de los políticos (una especie de rara avis), como si fueran otros los que tienen que ejercerla mientras ellos preparan sus tácticas de confrontación para escalar posiciones en las encuestas. Ni la credibilidad, ni la confianza, ni el poder político se sostienen sobre mimbres así. La bondad es hoy un rasgo decisivo para el éxito en ámbitos como el político y el empresarial. Las organizaciones y los dirigentes que están en la vanguardia la practican. Por eso triunfan, claro, porque están empeñados en lo importante. Y lo importante pasa siempre por la bondad. Hace unos días, en la entrega de los "Premios Plato Solidario 2022" de la Fundación Banco de Alimentos de Valladolid, me impactó mucho la fuerza de su presidente, Jesús Mediavilla. Y, sobre todo, su convicción sobre el bien. Me decía que se levanta cada mañana con el empuje de quien sabe que hay mucho por hacer. Y lo hay. Castilla y León es la segunda comunidad de España en la que más ha aumentado la tasa de personas en riesgo de pobreza, con especial incidencia en las mujeres y los niños. Lo fundamental de la labor política lo recordaron los premiados en esta gala en la que, por cierto, faltaron algunos representantes políticos. Y las ausencias también comunican. 
El Banco de Alimentos y tantas organizaciones similares están ocupando espacios de acción que deberían ser preferentes para la clase política. Y, en más ocasiones de las pertinentes, no lo son. Practicar la buena política es poner el foco en lo prioritario. Y lo primero es el bienestar básico de cada persona: su alimento, su vivienda, su educación y su empleo. La política que se despista de este núcleo no es válida. Nos conviene tenerlo presente entre tanta marabunta de crispación. Porque, ¿se tratan temas importantes para el ciudadano de a pie en los enfrentamientos por capítulos entre Sánchez y Feijóo? ¿Las sesiones del Congreso tranquilizan a la opinión pública? No. Lo que vemos habitualmente es la escenificación de un relato (sus historietas). Y desde esta posición, las soluciones se quedan en tablas. Me pregunto cómo se sentirán las personas que peor lo están pasando cuando ven a los líderes de su país enfurruñarse con sus cosas. La esperanza hay que contarla y practicarla. Así lo hacen organizaciones como el Banco de Alimentos. Qué admirable su deseo irrefrenable de hacer el bien rompiendo todas las barreras. Estos son los líderes silenciosos que aúpan el optimismo que merecemos. El refugio de una sociedad dolorida. Por cierto, el traje del presidente Sánchez era de color Marsala, un tono marrón rojizo. Su nombre se debe al de la uva producida en la región siciliana y simboliza equilibrio. No creo que los asesores del presidente hilaran tan fino, pero sí que era una vestimenta para producir un efecto de seguridad en sí mismo. Hablando de uvas, me viene a la mente la actual fase de la vid: el agostamiento. Ahora la planta se adapta al entorno para sobrevivir al invierno. Para ello, envía sus reservas al tronco y a las raíces. A lo esencial para subsistir. Qué inteligente es la naturaleza y cuántas lecciones de liderazgo nos pone delante. Si nuestros políticos y dirigentes no se centran en lo importante, si no protegen las raíces, no habrá fruto. Por eso ningún pueblo podrá avanzar si sus líderes están sometidos a un agostamiento interrumpido. Reclamémosles que practiquen la bondad. Es su principal deber.