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El sanatorio del doctor Cebrián

Jesús Anta
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El sanatorio del doctor Cebrián - Foto: Fundación Joaquín Díaz

El primer especialista en Urología de Valladolid fue el doctor Rodrigo Esteban Cebrián, un médico con un expediente académico brillante y una prestigiosa carrera profesional.

En 1901, con 21 años, terminó los estudios de Medicina en la Universidad de Valladolid con el premio extraordinario. Y al año siguiente aprueba el doctorado en la Universidad Central de Madrid (la actual Autónoma) con una tesis sobre Artritismo. Ese mismo año, se le concede una pensión -ahora lo llamaríamos beca-  para continuar sus estudios en París, donde se forma como urólogo con el famoso profesor Joaquín Albarrán.

Esto supuso que de vuelta a Valladolid, se convirtiera en el primer médico especialista en Urología que hubo en tierras castellanas, al decir del médico y escritor Leopoldo Cortejoso.

No tardó en compatibilizar su consulta con impartir clases como profesor auxiliar en la Facultad de Medicina, en la especialidad de Patología y Clínica Médicas, donde estuvo ejerciendo desde 1906 hasta 1924, año en el que pidió la excedencia. Por cierto, coincidió en la Facultad con el también profesor Pío del Río Hortega. En aquellos años, además, pasó consulta gratis en el Hospital Esgueva.

El mes de marzo de aquel año 1924, el doctor fue nombrado a dedo, junto a otras treinta y ocho personas, para componer el Consistorio, previa destitución de la anterior corporación. Quiso la casualidad que aquel año llegara a haber hasta ocho alcaldes, entre dimisiones, enfermedades y alguna defunción: el 19 de octubre Rodrigo Esteban tuvo que asumir la Alcaldía por fallecimiento del anterior alcalde, Nicolás López Serrano. El día 30 de ese mismo mes presentó la dimisión.

En 1933 vuelve a la Universidad, hasta que en 1937, en plena Guerra Civil, el gobierno franquista, que dominaba Castilla, le abre expediente y le sanciona con la separación definitiva del servicio y fue dado de baja en el escalafón de por vida bajo la acusación de ser masón y de izquierdas, según informó del Rectorado de la Universidad.

Por cierto,  en su currículum tenía el honor de haber recibido en 1921 la Cruz del Mérito Militar por los servicios prestados en el Colegio de Huérfanos de Santiago, del Arma de Caballería, de Valladolid.

Se desconoce qué consecuencias pudo tener su apartamiento de la docencia universitaria, más allá de perder el puesto, pues ejerció la medicina con total normalidad y, por cierto, con un enorme prestigio, hasta el punto de que la prensa solía hacerse eco de algunas de sus intervenciones quirúrgicas, sobre todo si era a toreros, cosa que efectuaba con alguna frecuencia pues su clínica estaba muy próxima a la plaza de toros.

En efecto, el doctor Cebrián, como habitualmente se le conocía, tenía su clínica en la calle Paulina Harriet, muy próximo al colegio de Lourdes. Se trataba de un edificio muy singular con trazas de palacete, que tuvo dos agudas torres -aunque en la fotografía que ilustra el artículo ya solo tenía una-. Un edificio notable, sin duda, del que el profesor de la Facultad de Derecho y escritor, Ángel Allué Horna, escribió que también era la residencia de la familia del doctor, y que tenía un comedor «que parecía escapado de un transatlántico de lujo». El edificio se derribó en 1968 y en su solar se construyó un enorme bloque de viviendas.

El sanatorio, que en 1922 amplió Rodrigo Esteban, se llamaba 'Nuestra Señora del Carmen', y popularmente se le conocía como el 'sanato del doctor Cebrián'.

 

ESCRUTADORA MIRADA

A mayor abundamiento sobre el prestigio del Dr. Cebrián, cabe añadir que en 1929 ingresó en la Real Academia de Medicina y Cirugía de Valladolid, aunque su nombramiento fue en 1914. Pero, como él mismo dijo, la tardanza en leer su discurso de investidura se debía al temor de no encontrarse merecedor de tal distinción, y miedo a la carencia de méritos para sentarse entre los académicos. Lo que le había llevado a tardar muchos años en perder los escrúpulos de ser recibido en la institución. De carácter serio e insobornable rectitud, fue una persona muy bien relacionada con la alta sociedad vallisoletana, y médico de cabecera de destacas familias, como la de Francisco Javier Martín Abril, quien le describió como persona «de paso lento y mirada escrutadora». También formaba parte de algunas entidades culturares y recreativas como eran el Círculo Campestre y la Sociedad Excursionista Castellana.  En cuanto a su vida más personal cabe destacar que sufrió dolorosas pérdidas, pues tuvo que pasar por el fallecimiento de una hija de dos años, y el de su esposa, aún joven, a los treinta años de matrimonio. Se había casado en Villabrágima en 1907  con Dª Esperanza Ortega, hija de un diputado que llegó a ser vicepresidente de la Diputación.