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Amigo de Bildu y a llorar a Ermua

Carlos Dávila
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El pacto de Sánchez con los abertzales para la Ley de Memoria Democrática perturba el homenaje a Miguel Ángel Blanco

Amigo de Bildu y a llorar a Ermua - Foto: J.J. Guillén

Este titular responde, creo, literalmente a lo que pretende perpetrar el aún presidente del Gobierno, Pedro Sánchez Castejón, este fin de semana, el domingo. La historia, breve, ya se conoce: el día 13 se cumplen 25 años del atroz asesinato de Miguel Ángel Blanco. Le mató ETA: el pistolero-ejecutor fue García Gaztelu, de alias Txapote, pero los autores que ordenaron el secuestro y posterior crimen fueron los dirigentes de la banda, sobre todo Mikel Anza e Iñaki de Rentería. Ahora se va a saber, si es que no se sabe ya, que algunos de los jefes políticos de entonces, incardinados en la llamada Batasuna, estuvieron implicados totalmente en aquella villana actuación: los dos citados por acción, algún otro, cuya identidad también se va a conocer, por omisión. Fue uno/una que, en contacto directo con el obispo Uriarte, mediador pertinaz con la banda, se negó a intervenir para impedir aquella vileza.

 Todos estos referidos están ahora mismo apoyando a los actuales Bildu, una de cuyas portavoces en Madrid, Merche Aizpurúa, era editora en aquellos trágicos momentos, del diario Egin, el antecedente de Gara, que presumía a la sazón de ser altavoz de la banda. Tanto lo era que el día que liberaron a Ortega Lara el periódico encabezaba así la noticia: «Ortega vuelve a la cárcel».

Ahora Bildu ha recogido los ardientes rescoldos de los asesinos y, paradójicamente, se ha convertido poco más que en conmilitón imprescindible de Pedro Sánchez. Es su socio preferido en el Parlamento, el apoyo que nunca falla porque se está aprovechando de la debilidad de Sánchez, de su falta de principios y de su pertinaz desahogo, para sacarle las muelas, para conseguir diezmos y primicias y resolver la gran cuestión que siempre ha obsesionado a los dirigentes de ETA: el acercamiento de los presos. Uno de ellos, precisamente el citado Txapote duerme en la actualidad en la prisión, muy cercana a Madrid, de Estremera. Moraba en la cárcel de extrema seguridad de Huelva, pero Sánchez «le acercó» a este otro centro, por cierto conocido entre los funcionarios como el Ritz de las cárceles. Así el criminal Txapote, se encuentra a menos de doscientos kilómetros del domicilio de Ortega Lara, cuya liberación fue el detonante para ETA del asesinato de Miguel Ángel Blanco.

 Vamos ahora a estas fechas. Este domingo -ya se sabe- en Ermua, el pueblo de Blanco, se ha programado un homenaje en memoria del concejal asesinado 1997. Lo ha promovido el alcalde del municipio, socialista y sucesor de aquel primer edil, Carlos Totorika, que entonces sobrellevó, con enorme entereza y dedicación, el secuestro de su colega, posteriormente, la espera para ver si a los criminales les quedaba algo de humanidad y liberaban a aquella persona, y finalmente fue protagonista destacado de toda la indignación que corrió por la localidad cuando se supo de la muerte del chaval del Partido Popular. 

Hace un par de meses, el alcalde de este momento se dirigió a la Casa del Rey para solicitar la presencia de Felipe VI en el recuerdo de aquella tragedia. El alcalde no invitó a su correligionario Pedro Sánchez, pero este, pasado el tiempo y tras su hecatombe de Andalucía, decidió adosarse al Monarca y comunicó que él también estaría en Ermua al mismo tiempo que el Rey. Otra mentira, otra tergiversación: no puede Sánchez homologarse a la Presidencia del jefe del Estado en el acto, porque es a éste a quien corresponde esa jerarquía. 

Ahora a Sánchez le interesa disfrazar su desastre andaluz y se ha lanzado a una campaña de marketing: empleo para los médicos interinos, dineros para la OTAN, y este último episodio de su viaje al pueblo mártir de Miguel Ángel Blanco donde no le quiere ni la fuente de la plaza.

 Tan soez y vergonzoso ha sido el anuncio de su presencia en Ermua que, inmediatamente casi todas las asociaciones de víctimas han publicado que «si va Sánchez nosotros no vamos». Igual hubiera querido hacer el Partido Popular que, sin embargo, se ha visto obligado a tragar en consideración a la estancia del Rey: «Nosotros -han dicho al cronista- no podemos ausentarnos y hacerle un feo a Su Majestad». Por tanto, estarán.

 Quien no estará es el presidente de Vox, Santiago Abascal, aunque en el momento del asesinato del concejal era militante fiel del PP, pero ahora su partido ha confirmado que no asistirá al acto.

Ambos habían pertenecido a las Juventudes de la Organización. Ahora mismo hay un rebrote general en toda la sociedad española. Lo menos que la gente se pregunta es cómo no se le cae la cara de vergüenza a Sánchez al lado de las víctimas cuando él es un leal asociado, un cómplice de todas las felonías de Bildu. «¿Cómo es posible -afirman- que condene un crimen cometido por los antecesores de los que hoy son sus socios de Gobierno, los que primordialmente, le sostienen en La Moncloa?» Y es que Sánchez, en efecto, se ha dado el morro con los bilduetarras este mismo martes y este domingo se dirige a Ermua, rodeado, ¡como no! de toda su cohorte de seguridad, paniaguados incluidos, para que dentro de su campaña de propaganda, algún idiota considere que no es verdad que él, todavía presidente del Gobierno, siempre se encontrará al lado de los buenos. 

El martes se abraza con Aizpurúa y compañía y el domingo intenta hacer lo mismo con Marimar Blanco, hermana de la víctima, y la única persona que queda de una familia diezmada a consecuencia del horripilante dolor que le causaron los ahora asociados de ETA. Creíamos que con Sánchez lo habíamos visto todo; no, esta última peripecia bate todos los niveles de indignidad. No hay que descartar que los presentes el domingo le declaren al aún presidente todo el desprecio que les produce su visita al pueblo de Miguel Ángel Blanco. Por si acaso, el actual alcalde, de acuerdo con Sánchez, quiso impedir que Marimar, la hermana de la víctima, hablara en el acto.

Está claro: temían -y aún temen- que ella le suelte cuatro frescas a Sánchez. El escándalo ha sido tan mayúsculo que el tal alcalde ha tenido que recular. Sabemos que el Rey no podía tolerar esta censura, no en su presencia. En todo caso sería muy de desear una reacción en contra de estos individuos. No cabe mayor indecencia.