scorecardresearch

Trabajar con la nómina de generaciones pasadas

R.G.R
-

Profesionales del sector primario lamentan que sus productos se venden en origen a precios de hace 30 años y llegan a triplicar su valor en las grandes superficies comerciales. Consideran que sus explotaciones están abocadas al cierre

Juan Carlos García. - Foto: J.T.

Ellos mismos tienen dudas sobre qué está ocurriendo en el sector primario. No entienden por qué los precios de sus productos no suben de la misma forma que lo hacen otros ámbitos económicos y, en algunos casos, sopesan la idea de abandonar. No hablan más allá de sus propias opiniones, pero son conocedores de que la generalidad es la misma prácticamente en todas las explotaciones agrarias y ganaderas.  Ven cómo la rentabilidad de sus negocios es cada vez menor y el paso del tiempo no les sitúa en una posición más firme de cara al futuro. Resaltan que muchos de los negocios que actualmente se regentan son heredados. Fueron sus padres o sus abuelos los que pusieron la primera piedra de los negocios, que ahora representan su sustento. Ellos incluso llegaron a vender sus productos al mismo precio que tienen en la actualidad. Un lechazo que costaba 11.000 de las desaparecidas pesetas hace tres décadas cuesta los mismos 66 euros en nuestros días.  

La pregunta que se hacen es simple. ¿Cómo es eso posible? Saben a la perfección que sus productos se tienen que transportar, trasformar en algunas ocasiones y posicionarse en los lineales de las cadenas alimenticias. «Todo el mundo se queda una parte», comenta el pastor de La Seca, José Ramón García. 

Al igual que le ocurre a muchos clientes, se muestran completamente sorprendidos al comparar los precios en origen y en destino. «La mayor parte de los ganaderos venden su leche directamente a la industria. Su valor pasa de unos 30-40 céntimos a casi un euro. ¿Cómo es posible?», matiza Susana López, con una explotación de vacas en Lomoviejo. 

José Luis RuizJosé Luis Ruiz - Foto: J.T.Son conscientes de que si las administraciones no se ponen manos a la obra y regulan «de forma contundente» el precio de la cadena alimentaria «no se podrá solventar esta situación», matiza el agricultor de Velliza, Valentín García. 

Puede parecer que no piden mucho al afirmar que solo quieren cobrar «precios justos» y rentables por su trabajo, algo que llevan muchos años sin conseguir y que están seguros de que no conseguirán en un futuro próximo. Juan Carlos, patatero de Villaco, lleva media vida con el producto. «Habrá que probar otras cosas, esto ya es insoportable». 

 

Juan Carlos García

Ganadero de ovino de La Seca

«Cobro el lechazo  a unos 66 euros, igual que mi padre hace 30 años»

Este pastor de La Seca lleva «toda una vida» detrás del rebaño de ovejas. Asegura que el precio que cobra por un lechazo  churro bajo el prisma de la IGP de Castilla y León es el mismo que cobraban sus antepasados. «Yo de niño vi a mi padre que recibía 11.000 pesetas por un lechazo de unos once kilos. A mil pesetas el kilo y ahora a mí me pagan 66 euros por el mismo lechazo. No hemos evolucionado nada en más de 25 años», lamenta.  

Susana LópezSusana López - Foto: J.T.Expresa que los intermediarios no tienen «un margen de beneficio» tan elevado en el caso de los lechazos, muy lejos de los ingresos que pueden tener las grandes superficies comerciales. «Ahora los intermediarios se ven obligados a mover grandes volúmenes de animales para poder obtener mayores beneficios». 

Se mostró más crítico con el papel que juegan las grandes superficies que, en muchas ocasiones, priman el precio a la calidad y pueden llegar a poner a la venta animales de procedencia francesa. «Siempre se hacen algunos trucos». 

Tiene unas 1.350 ovejas y llega 'justo a final de mes'. Recuerda que hace años «se podía vivir perfectamente e incluso tener un pastor. Ahora, con la subida de todo los relacionado con la producción y la bajada de los precios cada vez quedamos menos  y menos que quedarán en el futuro». 

 

José Luis Ruiz

Valentín GarcíaValentín García - Foto: J.T.Agricultor de patatas en Villaco

Esta misma semana han comenzado a sacar las patatas de las siete hectáreas que José Luis Ruiz y su hermano Fausto tienen entre Villaco y Villafuerte de Esgueva. Veinte años de siembra en estas tierras y tal vez este sea el último antes de cambiar de cultivo. «Siempre hemos estado acostumbrados a tener un año malo por cada cuatro buenos en referencia a los precios, pero ya llevamos dos muy malos y no es rentable».

El precio del gasóleo y la subida de la luz han ocasionado que los costes de producción se hayan disparado durante los últimos años y sembrar una hectárea de patata tenga unos costes que llegan hasta los 6.000 euros. Este año, ha firmado un contrato previo al arranque de 17 céntimos. «El pago es a tres meses, ya veremos lo que pasa porque el año pasado al final se las llevaron regaladas casi a cinco céntimos el kilo». 

José Luis entiende que las grandes superficies son las que lastran en mayor medida el precio. «Sé que luego se venden a un euro en el mercado. Los intermediarios no se quedan tanto margen, aunque también es verdad que el producto pasa en ocasiones de intermediario a intermediario. Hay algunos que solo tienen un teléfono y cuando compran las patatas ya las tienen vendidas en otro lado y eso incrementa el precio final». 

 

Susana López

Ganadera de leche de vaca en Lomoviejo

Susana es una de las 'aventureras' jóvenes de la provincia que  se atrevió a seguir con el negocio familiar. Una explotación ganadera de 70 vacas de leche en la localidad de Lomoviejo. Tiene solo 32 años y fue hace siete cuando, junto a su hermano, se puso al frente del negocio. El precio al que vende su leche ronda entre los 30 y los 34 céntimos por litro. Reconoce que no es un precio que cubra los costes de producción en el caso de que los imputs eleven su precio.   

Destaca que la mayor parte de los ganaderos venden su producto a la industria y que la subida de precio final al consumidor se eleva no por el factor de los intermediarios, sino que es la propia industria y el margen comercial los causantes de unos incrementos que en ocasiones llegan a triplicar el precio que reciben los ganaderos. «Sí que notas que el incremento es desmesurado, aunque es un producto que se tiene que tratar y preparar».  

Reconoce que en ocasiones se ha planteado dejarlo todo y buscar nuevas oportunidades laborales por cuenta ajena, aunque su pasión es la granja. Ha estado inmersa en la posible ampliación de la explotación teniendo en cuenta el aumento progresivo en el número de animales, pero lamenta que con los precios que perciben actualmente los ganaderos no pueden permitirse llevarlo a cabo.  

 

Valentín García

Agricultor de lentejas en Velliza

Siembra unas 40 hectáreas de lentejas, de la variedad pardina, entre los términos municipales de Velliza, Villasexmir, Torrelobatón, Zaratán y San Pelayo. Reconoce que es un producto «rentable», pero con unos precios estancados que se disparan cuando llegan al mercado.   Relata que el coste de producir una hectárea de lentejas puede rondar los 400 euros, mientras que el precio lleva estancado durante los últimos cinco años. «Yo la llevo a una cooperativa y nos pagan a 60 céntimos el kilo, lo mismo que hace cinco años», comenta. 

Relata que la lenteja es un producto que requiere muy poco trabajo una vez que se entrega a la industria, ya que solo se debe clasificar, limpiar y empaquetar las lentejas para su venta. «Es algo relativamente sencillo». Eso no impide que su precio llegue a superar los dos euros en el mercado en muchas ocasiones. «En mi caso, ese beneficio que se supone que tiene no retorna a los socios, sino que se destina a gastos estructurales que tiene la propia cooperativa», comenta. 

En el caso de la gran industria, reconoce que los beneficios se focalizan especialmente en la gran superficie, ya que «se lleva los márgenes principales, mientras que los agricultores tienen los mismos precios que hace años. Es algo complicado de controlar». ?