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Los productos se disparan un 1.000% entre origen y destino

R.G.R
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Agricultores y ganaderos llegan a percibir hasta doce veces menos por sus productos que el valor del mercado. El cerdo, las zanahorias y cebollas marcan las mayores diferencias

Los productos se disparan un 1.000% entre origen y destino - Foto: Jonathan Tajes

Puede que esta situación que viven agricultores y consumidores en la provincia no sea nueva, pero sí es cada vez más alarmante. La diferencia de precios en los productos de la cesta de la compra entre su origen y su destino final es cada vez mayor. La inflación de este año está ocasionado que los vallisoletanos paguen unos precios en los mercados municipales que en ocasiones llegan a superar el mil por ciento.  

La presión comercial que sufren los profesionales del sector primario ocasiona que las diferencias sean cada vez mayores y que en algunos casos no tengan más remedio que vender a pérdidas. Por el contrario, los consumidores se ven obligados a pagar hasta doces veces el valor del producto cuando se saca de la tierra. Y eso teniendo en cuenta que se trata de productos que se producen en la provincia. Un claro ejemplo de ello son las cebollas de la huerta de Tudela de Duero, los ajos de Portillo o las patatas que se producen en lo largo y ancho de la provincia. Aumentos entre la tierra y el comercio que llegan al 1.145 por ciento, el 299% o al 465%, respectivamente. 

El presidente de la Unión de Consumidores de Castilla y León, Prudencio Prieto, lo tiene claro. La culpa de que los precios varíen tanto es de los propios agricultores y ganaderos. «Se tienen que organizar más para eliminar la figura de los intermediarios que se quedan con una buena parte del negocio». Prudencio denunció la existencia de intermediarios que trabajan únicamente «con un teléfono y una oficina» y encarecen el precio «en un elevado porcentaje» cambiando solo los productos «unos pocos kilómetros». Así, matizó que algunos productos que se producen en la conocida huerta de Tudela de Duero «pasan por dos o tres manos» antes de llegar al consumidor final. 

De esta forma,  si se toma como referencia el Observatorio de Precios de los Productos Agrícolas y Ganaderos de Castilla y León y los valores medios que alcanzan estos mismos productos en los mercados de abastos (datos proporcionados a este periódico por el Ayuntamiento) se puede comprobar que las diferencias son abismales.

Las hortalizas y las legumbres son los productos que más baratos se venden en la tierra y que más elevan su precio en los mercados. Ejemplo de ello es la lenteja pardina que produce en Tierra de Campos. Los productores están 'condenados' a percibir una media de 1,15 euros el kilo, mientras que en el mercado de El Campillo se pueden encontrar a 4,4. Es decir, un aumento del 282%. «En este caso es menos entendible. Las lentejas no tienen un gran proceso de elaboración. Solo hay que escogerlas, lavarlas y envasarlas y ya están listas para su venta. No es un proceso muy laborioso. No se entiende muy bien que suba tanto el precio», destaca el presidente de la Cámara Agraria de Valladolid, Ignacio Arias. 

Lo mismo ocurre con el ajo, que también incrementa su precio prácticamente un 300 por ciento. «Aquí sí es necesario un secadero y grandes almacenes para su posterior comercialización, pero la subida de precio viene fundamentada especialmente por la presión del comercio», comenta Arias, quien apunta que se marca el valor del producto desde el comercio y todas las demás cadenas deben adaptarse, y los márgenes para los agricultores, que son los últimos, son los menores».  

ganadería. En los productos cárnicos, tanto productores como consumidores, reconocen que se registra una situación diferente. «Aquí el proceso de elaboración y de venta es diferente. El ganadero vende un pollo, pero hay que matarlo, limpiarlo, trocearlo..., y eso necesita una infraestructura diferente. Además, se vende en piezas y se compra vivo y eso también modifica los precios», indica Arias. 

No obstante, las subidas de precios entre origen y destino se notan incluso más en el caso de los animales. Aquí se da la circunstancia de que los ganaderos venden en vivo y se paga por kilo. Luego, los intermediarios pasan por varios procesos de transporte, muerte del animal, despiece y puesta en mercado. Y después cada pieza del animal tiene un precio diferente. 

Sumando este proceso y haciendo una media de las diferentes partes a la venta, los precios aumentan en una horquilla que va desde el 530 por ciento del cerdo al 114% del lechazo. Llama la atención el hecho de que el valor del mercado se triplica y cuadruplica en algunos casos. 

Los productores de cochinillo en la provincia reciben una media de 29 euros por cada animal, mientras que el precio en el mercado llega a 79,5 euros. Lo mismo pasa con el lechazo, que llega a duplicar los 6,5 euros que le pagan al ganadero. En el caso del conejo y el cerdo la situación todavía es más gravosa porque el precio llega a multiplicarse hasta casi por seis. 

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