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Tras los pasos de Laponia en el riesgo de despoblación

SPC
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Casi dos de cada tres municipios de la Comunidad cuenta con una densidad de población por debajo de ocho habitantes por kilómetro cuadrado

Un vecino camina con su perro por la localidad vallisoletana de Aguasal, uno de tantos municipios casi deshabitados. - Foto: Jonathan Tajes

«La desvitalidad de Castilla y León es palpable. No tenemos capacidad de retener a la población y nunca hemos sido un destino atractivo para el colectivo inmigrante. El panorama es bastante desolador». El profesor de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Salamanca Luis Alfonso Hortelano es claro y se ciñe a los datos y a la realidad, tantos los que posee en sus manos como los de la Secretaria del Reto Demográfico: Castilla y León se acerca a las características de Laponia y ya son casi dos de cada tres (64 por ciento) los municipios que se encuentran en riesgo de despoblación, con una densidad inferior a ocho habitantes por kilómetro cuadrado, o lo que es lo mismo, 1.435 de un total de 2.248, que se sitúan principalmente en las áreas periféricas, en áreas interiores de Burgos y en la comarca de Tierra de Campos, que abarca cuatro provincias.

El llamado invierno demográfico es el principal problema de la Comunidad, donde cuestiones como el paro pasan a un segundo plano en comarcas en las que no hay gente para trabajar. Así, a la despoblación se suman los problemas de la dispersión territorial y la baja densidad, que dificultan la prestación de servicios básicos. La media en Castilla y León es de 25,4 habitantes por kilómetro cuadrado, muy por debajo de España (93,8).

«Estos datos se enmascaran mucho en el análisis por provincias cuando se va a escala municipal, ya que al contar la población de las capitales de provincia la media de la densidad aumenta, porque hay áreas con densidades muy bajas, como por ejemplo Tierra de Campos en la provincia de Valladolid, comarca que sin la capital tendría menos de ocho», expone Hortelano, uno de los ponentes de la estrategia contra la despoblación en la que trabajan la Junta y las cuatro universidades públicas y que ultiman un diagnóstico y radiografía de la situación de la Comunidad.

Para que una comparación ayude mejor a entender el dato, la densidad de la Península del Labrador (Canadá) es de 9,3 kilómetros por habitante; o el Outback australiano (todo aquello que no está cerca de la costa), con 9,42. La situación extrema se va acercando negativamente a la región finlandesa de Laponia (92.675 kilómetros cuadrados y 178.530 habitantes), es decir, es ligeramente más pequeña que Castilla y León, solo 2.000 kilómetros cuadrados menos, pero apenas supera en población a la ciudad de Burgos.

Pero es que 1.731 municipios, el 77 por ciento, cuenta con una densidad inferior a 12,5 habitantes por kilómetro cuadrado, es decir, el umbral que la Unión Europea considera como de «riesgo demográfico».

Hortelano justificó este comportamiento demográfico en el primer éxodo rural entre las décadas del 50 al 80 del siglo pasado; a partir de 2000 «se disipó algo por la llegada de inmigración con una formación cultural de natalidad mayor», pero a partir de ahí otra vez negativo, recrudecido con «la segunda oleada de salida joven», principalmente desde el inicio de la crisis.

«Nunca ha sido esta tierra un destino atractivo para inmigrantes. No ha sido palpable la población inmigrante, salvo en zonas mineras o vinícolas», comenta Hortelano, quien cree que «buscan oportunidades laborales que no hay ni para los nacionales y toman empleos que muchas veces no quieren los de aquí».

Igualmente, a pesar de tendencias positivas puntuales, recordó que el índice de crecimiento natural es negativo desde 1988, en una proporción de un nacimiento cada 30 muertos.

En su análisis desvela que las ciudades de Castilla y León son de tamaño mediano «y aún así pierden población o se mantienen porque la ganan las áreas periurbanas». A su juicio, el problema fue «la quiebra del modelo territorial de las cabeceras comarcales, que no son capaces de retener a la población».

Ideas para revertir.

Para atraer población, este experto considera que iniciativas como el cheque bebé puede visualizar el problema, «pero no es la solución», sino que debe ser un «conjunto de medidas que toquen la economía, la población y los servicios». Por ejemplo, destacó soluciones «creativas» para reabrir bares y espacios de encuentro social que sí están atrayendo a nuevos vecinos.

Uno de los criterios que históricamente se ha relacionado con actividades que podrían ayudar a mantener la población rural es el de los municipios con protecciones medioambientales. Sin embargo, a pesar de que el 46 por ciento tiene más de la mitad de su superficie de carácter forestal, el 93,4 por ciento de ellos ha perdido población entre 2011 y 2020. «Esto tiene un gran efecto sobre el territorio: mantener un medio rural poblado es fundamental para los ecosistemas, pero también ayuda a mantener un medio forestal cuidado», alude el informe.