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María Sánchez

La voz del portavoz

María Sánchez

Portavoz de Valladolid Toma la Palabra


Valladolid, ciudad refugio

11/03/2022

El pasado 21 de febrero viajaba a Madrid con el alcalde, el teniente de alcalde y la concejala de Servicios Sociales. En esa visita confirmamos que se haría realidad un proyecto de Centro de Atención Humanitaria en Valladolid para acoger a personas refugiadas. En aquel momento las cosas estaban tensas, pero no imaginábamos que apenas tres días más tarde la inaceptable invasión rusa provocaría las primeras salidas de miles de familias ucranianas de su país.
En estos días circulan por las redes sociales vídeos en los que periodistas o comentaristas muestran su estupefacción por ver en Europa horribles imágenes de guerra. En The Telegraph podíamos leer «La guerra ya no es algo que afecta a las poblaciones empobrecidas y remotas. Le puede pasar a cualquiera». «Este no es un lugar, con el debido respeto, como Irak o Afganistán (...) esta es una ciudad relativamente civilizada», afirmaba un reportero de CBS.
Se alude al antecedente de las guerras mundiales en Europa, como si no hubiéramos sufrido guerra en los Balcanes anteayer, como quien dice. Y se habla del resto del mundo como si la guerra fuera su estado natural, como si en Yemen, Siria, Palestina o Afganistán las bombas dolieran menos. Hoy suenan más cerca, y las personas que huyen de Putin se nos parecen algo más. Pero el drama humanitario es el mismo. Decía Abascal el otro día en el Congreso que «cualquiera puede entender la diferencia entre esos flujos y las invasiones de jóvenes varones de origen musulmán en edad militar que se han lanzado contra las fronteras de Europa». La diferencia está en la sucia mirada del racismo y la xenofobia.
En el mapa de conflictos armados activos, el sur de Asia y, sobre todo, África, aparecen marcados en rojo. Desde todos esos países cientos de miles de familias se ven desplazadas, huyendo del horror. Pero no todas se encuentran con las puertas abiertas. En los límites de la Unión Europa, en Grecia o en Turquía, familias sirias se hacinan a miles en grandes campos de refugiados, en pésimas condiciones. Y en la 'frontera sur', la nuestra, no hay precisamente un felpudo dando la bienvenida a la gente que atraviesa miles de kilómetros huyendo de la guerra de Malí o de Boko Haram o de la agonía en los gigantescos campamentos en Sudán, en Uganda, Chad y un largo etcétera.
Es inevitable que nos afecte más lo que sucede cerca. Geográfica o culturalmente. Pero no podemos limitarnos a reaccionar en estado de shock, cuando las imágenes de los telediarios nos conmocionan. Hacen falta políticas estables de acogida, de refugio, de cooperación con otros países. Con este Centro de Atención Humanitaria, Valladolid pondrá un granito de arena para ello.