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Fernando Jáuregui

TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Cataluña, 'Estado' obviamente fallido

28/03/2021

A tenor de lo escuchado este viernes en el Parlament, qué duda puede caber de que Cataluña es un estado fallido. Bueno, de hecho no es siquiera un Estado, así que ya me contará usted. Este fin de semana, nerviosos unos, preocupados otros, esperanzados algunos, se hablaba de una posible repetición de las elecciones autonómicas en el caso, que se admite como muy posible, de que en los próximos días Esquerra y Junts no lograran llegar a un acuerdo para formar un Govern de carácter obvia y peligrosamente independentista. Y mientras todo esto curre del lado de allá del Ebro, del lado de acá nos gozamos en lo superficial, que va desde el patrimonio de los ministros, las listas (bastante irrelevantes, pese a la irrupción de un actor que se ha pasado de bando) para las elecciones en Madrid o, pongamos por caso extremo, el lamentable 'culebrón Rociíto'.

Increíble, pero muy cierto. España se desangra por varios motivos, incluyendo el riesgo de ruptura territorial, o empezando por él, y los españoles nos complacemos, como siempre, en lo frívolo. Sin darnos cuenta de que algo muy profundo está cambiando en las estructuras del poder, donde la salida del Gobierno central de Pablo Iglesias no es otra cosa que un signo más de que la coalición imposible, las formaciones 'emergentes', la situación concretada en enero de 2020, han comenzado a desmoronarse. Lo que no tiene que ser necesariamente malo, sino al revés: lo realmente malo es que no parece haber alternativas, de momento. Y Pedro Sánchez como ausente, absorto en la 'campaña de Madrid', apoyando al buen candidato Gabilondo, por un lado, y hostigando a la formidable adversaria Isabel Díaz Ayuso, por otro.

Y voy a lo de Cataluña, que es donde ocurren las cosas serias mientras el resto de España se despista en mociones de censura y antoniosdavidflores. Las elecciones del 14 de febrero no han hecho más que empeorar la situación: ahora, los feroces antisistema de la CUP se han convertido en árbitros, el fugado Puigdemont en hacedor de investiduras posibles y el encarcelado por golpismo Junqueras en el respaldo del probable molt honorable president de la Generalitat de Catalunya, que, para colmo de surrealismos, se apellida Aragonès. De la misma manera que los máximos responsables de Caixabank tienen apellidos vascos, lo que sin duda también debe significar algo en cuanto a pérdida de muchas influencias en la autonomía catalana.

No sé si el desafecto que se profesan Junts y Esquerra, Puigdemont y Junqueras, superará a las ganas de constituir un Govern netamente secesionista, que ponga al Estado en jaque de manera continuada con las exigencias de referéndum, amnistía... Pero sí sé, claro, que, si no llegan a ese acuerdo en un plazo de una semana, la repetición de elecciones estará ahí, y el castillo de naipes en el aire que es la política catalana va a derrumbarse otra vez. Eso sí, mientras el independentismo va consolidándose en la sociedad civil: universidades, cámaras de Comercio, los Mossos, la cultura. Ahora tratan de desalojar a la casi mítica María Eugenia Gay del decanato del Colegio de Abogados, ya se han hecho con el Barça... Solo resiste Sánchez Llibre al frente de Foment, y ya veremos cuánto tardan en ir a por él.

Con este panorama, y sabiendo de antemano que la República Independiente de Catalunya es imposible, no me negará usted que, si fuese un Estado, que obviamente no lo es, Cataluña sería un Estado fallido, como es ya una autonomía fallida, en la que las fuerzas 'unionistas', si usted quiere con el naufragado 'efecto Illa' encabezando la marcha fúnebre, se baten en franca retirada.

Repaso las crónicas de aquella España de 1898: mientras el país perdía la última joya del imperio, Cuba, pagando un horrible precio en muertos, en la península los españoles abarrotaban las plazas de toros y las tabernas, dispuestos a no perderse un minuto de diversión y holganza. No hay vacunas para este secular despiste nacional, aunque las hubiese suficientes contra el coronavirus. Aquí, en los cenáculos y mentideros mesetarios, e incluyo a La Moncloa y a la sede aún enclavada en la calle Génova, hemos decidido actuar como si la Cataluña fallida, la del pujolismo corrupto y la ciudadanía perpleja, no fuese con nosotros. Como si no fuese la espoleta que podría convertir, este sí, en fallido al Estado español.