ZARANDAJAS

Pablo Álvarez

Periodista


La otra España Vacía está en la Plaza Mayor

Cuando alguien escucha la palabra despoblación o este nuevo término de España Vacía, la primera imagen que se le viene a la cabeza es la de un pueblecito con casas de adobe a medio caer, algunas calles sin asfaltar, una anciana que barre la puerta de la calle y a lo lejos un par de perros tumbados al sol. Puede ser un pueblo de Tierra de Campos, de Torozos, de la Comarca de Medina… o de la Montaña Palentina. 
El problema de la despoblación está asociado irremediablemente con el medio rural. Ha costado años (podríamos hablar de décadas) que esto que ahora llaman los retos demográficos –como si el eufemismo minimizara la gravedad de su alcance– entren en la agenda política. Pero ahí está. Y esto da pie a organizar grandes jornadas, encuentros, debates y simposios donde se da vuelta sobre esta cuestión, con más análisis de lo pasado que soluciones de futuro. Algo es algo. 
Pero hay otra España Vacía que no está en los pueblos. Se encuentra en el corazón mismo de nuestras ciudades. Son nuestros centros históricos, que sufren el problema de la despoblación de una forma tan aguda o más que muchos pueblos. Pero nadie habla de ello.
No es necesario irse a Soria o Teruel para comprobar de primera mano esta situación. Lo tenemos aquí mismo. El centro de Valladolid se vacía en silencio, sin darnos cuenta. Echando mano a las cifras oficiales de población disponibles en la web municipal podemos comprobar que la almendra central de nuestra ciudad (Plaza Mayor, San Pablo, San Miguel, Poniente y Universidad) ha perdido casi 14.000 habitantes, uno de cada tres vecinos, desde 1986. En este mismo periodo el padrón municipal se ha reducido en 27.000 personas. Es decir, desde un punto de vista teórico (no real) la mitad de vecinos que ha perdido Valladolid en los últimos 33 años residían en el centro.
La especulación ha jugado un papel determinante. La burbuja inmobiliaria es el factor determinante de esta expulsión de vecinos, con unos precios inaccesibles para la gran mayoría de los bolsillos han provocado que muchos de los pisos ubicados en el corazón de la ciudad se destinen a usos distintos al de vivir en ellos. 
La última moda de convertir edificios enteros en bloques de apartamentos turísticos, no creo que contribuya a revertir esta tendencia; si bien no podemos ser ajenos a las nuevas tendencias de realizar turismo y acomodar la oferta los tiempos que corren. Todo en su justa medida.
El diseño de las viviendas de antaño en nada se parecen a las actuales demandas, pero si se pueden reformar y hacer apartamentos para uso turístico, me pregunto: ¿esas nuevas distribuciones no valdrían para residir en ellos más de dos noches? ¡Ah! que es más rentable alquilarlo por días que por años. 
La falta de aparcamientos, la escasez de equipamientos de proximidad, la deslocalización de sedes administrativas y salida a edificios mastodónticos fuera del centro, son otros factores que suman a la hora de espantar vecinos. Menos mal que el actual equipo de Gobierno frenó la salida de los juzgados. 
A la huída de vecinos se suma también la fuga de tiendas, con decenas de locales vacíos en las calles más céntricas de Valladolid. Y no son más por el aterrizaje de clínicas dentistas que se han bajado de los pisos, donde han estado toda la vida, a pie de calle. 
Urge tomar conciencia de la dimensión del problema como paso previo a la búsqueda de soluciones. No sea que antes de que desaparezcan los pueblos veamos que el centro de nuestras ciudades, no solo Valladolid, se convierten en eriales con vida únicamente de diez a dos y de cinco a ocho y media; mientras el resto del día pueden servir para rodar escenas de un western, con rascaviejas rodando, incluso.