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Blas Ramos, clarividente filósofo

Jesús Anta
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El vallisoletano trabó relación con Unamuno y aprendió a hablar con soltura el alemán y francés

Blás Ramos - Foto: Foto cedida por la familia

El gran amigo de infancia y juventud de Jorge Guillén fue el filósofo Blas Ramos Sobrino. Al evocar recuerdos del Valladolid de su infancia, el poeta escribió: «A mi amigo de entonces, Blas Ramos Sobrino (de Tiedra), con el que dialogué mucho ¡ya intelectuales! en aquellos años».  Su amistad comenzó cuando ambos, casi unos niños al rallar el siglo XX, coincidieron en el colegio La Providencia, de la calle Torrecilla; luego Madrid, de donde con frecuencia venían a Valladolid juntos en el mismo tren; y continuó su estrecha relación incluso cuando ambos, autoexiliados, vivieron en Francia.  De los profundos sentimientos de afecto y amistad que Guillén tenía por Ramos da cuenta el poeta en un prólogo escrito por él en el libro 'Necrológica de Canseco'. El texto del libro, escrito en su día por Blas Ramos, se publicó en 1967, cuando el autor hacía ya doce años que había fallecido.

Otros tres libros con textos sobre filosofía de Blas Ramos los editó su sobrino Luis González Ramos a partir de 1969. De ellos algunas críticas han dicho que el autor expone unos análisis de la sociedad con tan clara visión de ideas que se anticipó varias décadas al mundo que estaba por venir.

Blas Ramos, uno de los filósofos más importantes y respetados que ha tenido España en el siglo XX, es muy desconocido seguramente porque no publicó nada en vida, por expreso deseo suyo. Trató de pasar completamente desapercibido fuera del ámbito académico: «¡qué cosa se puede ser más importante que simplemente catedrático!», comentó en cierta ocasión. A lo que tiempo después añadió: «No hay nada más moderno que ser una persona anónima». Pero esto no significa que no tuviera una vida intensa e interesante. Era, como le definió Jorge Guillén, un intelectual puro y una persona individualista «hasta el frenesí».

Blas Ramos nació en Tiedra el año 1891 y falleció en Francia a los 64 años. Estudió la carrera de Derecho en Valladolid, donde se licenció en 1912 con unas notas brillantes, y se doctoró en la Universidad Central de Madrid en 1913, año en el que, además, recibió una beca para estudiar en Austria, y más tarde en Inglaterra, Alemania y Nueva York. En esos países conoció a los más brillantes filósofos de aquellos años. También trabó relación con Unamuno y aprendió a hablar con soltura el alemán y francés. Leía con auténtica pasión a Nietzche y Platón, y Ramón Carande (que fue rector de la Universidad de Sevilla) dice de Blas que acaso fue el más lúcido de los filósofos españoles.

Blas Ramos, uno de los filósofos más importantes y respetados que ha tenido España en el siglo XX

En 1918 obtuvo la cátedra de Elementos de Derecho Natural en la Universidad de Granada, y en 1919 ocupó la misma cátedra en la de Valencia y en la de Sevilla. Por fin, en 1933 recala en la Universidad de Valladolid para ejercer la docencia en la cátedra de Filosofía del Derecho. Era tal el dominio de la materia, y la inteligencia que le caracterizaba, que con frecuencia daba las clases sin sujetarse a temario: sencillamente, preguntaba a su alumnado sobre qué querían tratar ese día  y él desarrollaba la clase sin ningún apunte ni preparación previa. Lo mismo le daba hablar de Dostoyevski que de la Revolución Francesa. En cualquier caso, disertaba con una facilidad intensa. 

Hombre de izquierdas, pudo ser un personaje relevante durante la II República, pues contaba con gran predicamento en el mundo del Derecho y la Filosofía. Pero no quiso, pues huía de toda implicación dogmática y partidista. 

De él se conservan abundantes manuscritos que guarda su sobrina Amelia García Ramos,  y es un personaje que, sin duda, está en espera de una amplia monografía que ponga en valor sus ideas.

 

GRAN PEDAGOGO

Sus ideas de izquierdas, que al parecer nunca utilizó para politizar a sus alumnos (al contrario, se quejaba de que el profesorado estaba excesivamente politizado), le supusieron la suspensión de empleo en 1936 por parte de los militares sublevados contra el Gobierno pues ya dominaban Valladolid. En 1937 se le instruyó un expediente de depuración bajo la acusación de «ideas izquierdistas y comunista teórico2 y fue expulsado de la docencia. Ya entonces se había marchado a Francia. Se despidió de sus alumnos en junio, al terminar el curso de 1936 con estas palabras, más o menos: aquí se está preparando un gran mondongo nacional. La historiadora Eva Elizabeth Martínez relata que durante su exilio intentó recuperar la cátedra, para lo que envió un largo alegato rebatiendo los argumentos que se manejaron para expulsarle de la docencia, en el que incluía como testigos de que no había ejercido la política en la Universidad a alumnos suyos que en ese momento eran destacados personajes en el régimen franquista. Su pretensión no prosperó en absoluto.

Durante su exilio se ganó la vida de las más variadas formas. Jugó en bolsa, vendió libros de lujo ilustrados, y a partir de 1950 fue docente de español y alemán en la Escuela Normal de Auch. El director del instituto le definió como un pedagogo de primer orden.