Punto cardinal

Imelda Rodríguez

Especialista en Educación, Comunicación Política y Liderazgo


A empujones

27/02/2021

¿No tienen ustedes la sensación de estar en medio de una aglomeración, atascados entre los que tiran para un lado y los que hacen lo contrario? A empujones. Dudo que sea casualidad. La desorientación de la opinión pública suele favorecer a los intereses de algunas estrategias políticas. La artimaña en cuestión es que nuestra atención se detenga en temas livianos para que obviemos otros de más peso, en aras del rédito electoral. Fíjense, primero aparece en escena un rapero (¿es razonable que el límite de la libertad de expresión esté en los discursos de odio?) Después, siguiendo la teatralización, vándalos de manual incendian las calles, mientras unos los condenan, otros también (pero a destiempo), y algunos, incluso, callan. Puras maniobras de distracción. ¿Han visto ustedes a algún hostelero, comerciante, empresario o parado, en sus horas más bajas, quemando contenedores? ¡Cómo no van a estar atónitos los ciudadanos, cuando ven que la clase política no se pone de acuerdo sobre lo importante! Bendita la bonhomía de esta sociedad. Lo fundamental es siempre el sufrimiento de la población, agotada ante la mayor depresión social en décadas. Este sí es el marco esencial. Y conocer con claridad cuáles son los tiempos de vacunación y los recursos de rescate económico, por poner algún ejemplo de lo que escuece a la gente de a pie. Por eso, escuchar esta semana en el Congreso a las cabezas de los distintos partidos exponer realidades que muestran tres o cuatro Españas diferentes, es poco menos que desazonador. La política debe centrarse en curar y revertir las heridas reales, lo que está en carne viva, lo que duele de verdad. Y hacerlo en el tiempo adecuado. Todo lo demás, es opio para el pueblo. 
Continúa el pan y circo. Ahora toca entretenernos con la posible celebración de manifestaciones el 8 de marzo, como si el feminismo tuviera que contravenir la lógica imperante de la protección de la salud. Detenerse en este debate está fuera de la responsabilidad pública y es, en plena pandemia, insultante. Ahí quieren que sigamos, a empujones, abstraídos con el asunto de turno. Un síntoma del riesgo que corremos si desconectamos de la coherencia, que debe ser el centro de gravedad permanente. Las crisis sin retorno se producen cuando se pierde este equilibrio, cuando se olvida lo primordial. Por eso no podemos detenernos cuando haya que condenar los excesos y levantar la voz ante lo inadmisible. Mantengamos vigilante nuestro espíritu crítico y rechacemos lo repugnante. Exijamos a nuestros políticos que sus palabras sean hechos, que nos den más motivos para confiar. Porque los seres humanos necesitamos encontrar un sentido a nuestra existencia que nos ayude a elegir la mejor actitud ante las circunstancias. Así lo creía el psiquiatra y filósofo Viktor Frankl, prisionero en un campo de concentración nazi, quien relata como encontrar sentido en esa brutal experiencia fue esencial para sobrevivir. Cuenta que las fuerzas del prisionero se desplomaban si perdía el centro de gravedad. Y así era cuestión de días que el impulso de vivir se esfumara y con ello sus posibilidades de supervivencia. Por eso nuestro centro de gravedad, el sentido común, debe estar latente en todo momento. No solo en nosotros, sino muy especialmente en los que nos gobiernan y en aquellos que controlan esta acción gubernamental. Y para conseguir este propósito trascendental hace falta lucidez, voluntad y valentía. Mucha valentía. Solo desde aquí se reconstruyen las ruinas. No podemos perder esta perspectiva ni tampoco fatigar la esperanza, porque, recuérdenlo, a los que no se rinden, jamás se les puede vencer. 



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