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Sisinio González

Desde la banda

Sisinio González

Exjugador del Real Valladolid


Una familia

05/02/2022

Ahora que mis días como jugador han llegado a su fin y me gustaría adentrarme en el complicado y tortuoso mundo del entrenador... digo esto porque cuando uno es jugador, sus preocupaciones se reducen a uno mismo, y eso no quiere decir que sean pocas y livianas pero son solo las de un individuo y no las de veinticinco jugadores, staff, cuerpo médico, director deportivo y un gran etcétera con el que el entrenador sí o sí tiene que lidiar y ser partícipe de sus problemas y situaciones personales... vamos, una red tan extensa y problemática que no hace falta más que ver cómo envejecen las caras de algunos de los entrenadores más conocidos a nivel internacional... reflexiono a menudo y hablo con gente del fútbol, entrenadores, directores deportivos, representantes... sobre cuáles son las claves para el éxito de un equipo. 
Unos dan en su lista de prioridades, la calidad y el nivel, otros el hambre y la ambición, algunos se inclinan más por la competitividad entre jugadores de mismos puestos, y así podríamos hablar y discutir sobre lo que para uno u otro es más importante. En lo que todos coinciden es en que lo que garantiza que una plantilla de más de lo que tiene es el ambiente que hay en el grupo. Está claro que por mucha calidad humana que tengas, si la pelota no quiere entrar no va a entrar. Yo mismo estuve en un Osasuna con un grupo de jugadores donde no sabíamos quién era mejor persona que el otro y, sin embargo, acabamos fracasando, en una temporada bien conocida por el Pucela, en la cual nos dimos la mano y descendimos al desagradable pozo de la Segunda División. 
Olvidemos aquel triste suceso, recuperemos el hilo y vayamos al grano de la cuestión. El Pucela de hoy atraviesa una dinámica bien distinta, es cabeza de ratón y no cola de león, compite para ascender y no juega con el miedo de la derrota y de mirar de reojo el infierno del descenso; tiene grandes jugadores con un único objetivo, el ascenso. Todos sabemos que hace unas semanas Masip volvió a la titularidad en detrimento de Roberto, un tipo de 35 años que tiene un curriculum tan amplio como bueno. La mayoría de la plantilla actual sueña con andar un camino similar en esto del fútbol al suyo. Él podría pensar después de ser sentado en el banquillo, «¿qué narices hago yo aquí?» y tener una parsimonia y desgana por lo que haga tu equipo porque total «yo ya he hecho lo mío» pero no, el tío vive el partido como el que más, celebra los goles, sí, los que le van a hacer seguir en el banco, como si tuviera 17 años y fuera su primer equipo profesional, y eso me hace pensar que el Pucela es una piña, una de esas que acaban siendo una familia, una de esas que acaban donde tienen que acabar.