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Editorial

La inmunización progresa en la UE, pero debe facilitarse en todo el mundo

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El final de la crisis sanitaria por el covid 19 queda todavía lejos. A pesar de que la pandemia presente síntomas de mejoría y de que los procesos de vacunación en curso en casi todo el mundo van elevando poco a poco el porcentaje de población inmunizada, los datos que arroja el día a día siguen siendo causa de preocupación porque el avance no responde del todo a las expectativas. De hecho, aunque el ritmo de nuevos contagios ha entrado en una fase de ralentización en España, esta circunstancia no es uniforme en todo el país. Está además el agravante de que las unidades de cuidados intensivos de la red sanitaria sufren todavía una presión asistencial más alta de lo esperado a estas alturas del proceso de vacunación, con una consecuencia directa en las decisiones políticas en cuanto a la posibilidad de suavizar las medidas de prevención. Mientras las UCI continúen en una situación de riesgo alto resulta será difícil que se produzcan cambios notables en ese sentido.

Otro problema que se suma al de la presión hospitalaria respecto a una vuelta a la normalidad es que la inmunización tendría que tener carácter global. Alcanzarla mediante la vacunación es un objetivo marcado para el verano en todo el mundo occidental, pero servirá de poco llegar a esta meta si en el resto del mundo el virus sigue infectando de manera descontrolada, como se ha comprobado este mismo fin de semana, por ejemplo, en la India. Salir de la crisis del coronavirus requiere un avance homogéneo en todos los continentes para que la vuelta a la normalidad sea real porque, de lo contrario, ningún país estará a salvo del todo. De ahí que sea comprensible que se trate de ayudar a otros países de menos recursos mediante donación de vacunas, pese a que medidas de este tipo puedan causar rechazo en los países donantes por considerar que la prioridad es la población natal. La clave radica en conseguir que ambas cuestiones sean compatibles.

Acelerar el proceso de vacunación logrando que las farmacéuticas aumenten su ritmo de producción sigue siendo una necesidad urgente para poder dar respuesta a la demanda mundial, sin distinción de países en función de su riqueza. Pero mientras se alcanza ese estadio, desde la Unión Europea se debe empezar a jugar mejor sus cartas con la industria farmacéutica. Es cierto que poco a poco se van notando en todos los países una mejoría fruto de la vacunación, que en países como Francia, Italia y Alemania han permitido una relajación de las medidas estrictas que han sufrido en los últimos meses, mucho mayores que en España. Van a ser claves las próximas dos semanas para poder encauzar un suministro suficiente para alcanzar la inmunidad de rebaño, pero, como ya se ha comentado, es importante que a la vez se trabaje en la vacunación global, de países ricos, pobres y en desarrollo, que será la única forma de hablar de una seguridad real.