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La hostelería busca una terraza... para trabajar

M.B
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Varios negocios hosteleros han cambiado 'de aires' y de local en los últimos meses, en busca de más espacio, de posibilidades de trabajar o simplemente de un espacio que les permita, al menos, abrir

Zascandil es un proyecto que nace de un grupo de amigos y hosteleros del ocio nocturno. - Foto: Jonathan Tajes

«Tomando un vermú». Así empezó la aventura hace casi un mes de varios amigos y hosteleros del ocio nocturno en lo que hoy es el ‘Zascandil’, una de las terrazas más concurridas de Cadenas de San Gregorio. «Buscaba más espacio, esa es la verdad, pero la terraza ahora es un salvavidas», asegura Gustavo Calvo desde su ‘Señorita Malauva’, que hace un mes pasó de una esquina de la zona de la Catedral a otra casi enfrente y que, hasta que no se abra el interior, ‘vive’ gracias a su exterior y una terraza para 20 personas. «Debido a las restricciones desde el 6 abril al 30 junio, el equipo del ‘Antiguo Merino’ dirigido por Esteban Oliveira se traslada temporalmente al restaurante La Colina, donde podrán disfrutar de su afamado arroz con bogavante y especialidades en su terraza o amplios salones interiores», recogía hace unos días el ‘Antiguo Merino’, de la calle Leopodo Cano, estos meses en Geria. Medio año ha pasado desde que Marco Negroni pasase ‘Passion Café’ de una acera a otra en la calle Ruiz Hernández, llamándose ahora ‘La Passion está en el aire’, en busca de un local más grande, menos asfixia económica y más opciones, incluida una terraza semi cubierta.

Son solo cuatro ejemplos de negocios de hostelería, como hará Dámaso desde este fin de semana, que se han reinventado con la llegada de la pandemia, trasladando sus locales a otros con la opción de la terraza como requisito en unos casos, como añadido en otros y como motor de su trabajo en el caso de todos, al estar cerrados los interiores en la capital.

El caso más llamativo, e incluso más sonoro, es el del ‘Zascandil’, en la confluencia entre las calles Torrecilla y Cadenas de San Gregorio. Allí se han juntado, «no como una UTE si no como una UPE, unión permanente», varios amigos y hosteleros vinculados al ocio nocturno. Míchel y Sonia, de ‘Les Paul’; Leticia, de ‘La Parrockia’; Pablo, de ‘Marea’; Alberto, de ‘Tacuba’; Miguel, Daniel y Marta, los tres últimos trabajadores durante años de otros bares, dieron el paso, como aseguran, tras un vermú y hace un mes (18 de marzo) abrieron, en formato ocio diurno el ‘Zascandil’. 

El ‘Antiguo Merino’ se mudó hace una semana al restaurante La Colina, en Geria. El ‘Antiguo Merino’ se mudó hace una semana al restaurante La Colina, en Geria. - Foto: Jonathan TajesEn el caso de los que ya tenían locales, están todos cerrados salvo ‘La Parrockia’, que cuenta con una pequeña terraza; y el paso dado les permite trabajar. «Ahora es lo único que funciona y que nos dejan», señalan entorno a una mesa y unas cervezas.

El Zascandil era el Museo y se traspasaba. Y estos siete amigos no lo dudaron. Su terraza no estaba del todo aprovechada y ahora es un reclamo para la zona: «No tenemos posibilidad de trabajar en el interior y los horarios tampoco ayudaban». Desde las ocho de la mañana dan cafés, desayunos y en breve, ampliarán con la cocina. Reconocen que en un sector como el suyo, «donde lo habitual es quejarse porque el vecino baja un precio o pone una oferta», puede resultar curioso que se hayan juntado en este proyecto. Pero quieren trabajar. El Zascandil nació por eso ahora. Pero, aclaran, pervivirá en el tiempo.

En la cabeza de Gustavo el cambio de ubicación de ‘Señorita Malauva’ no tuvo que ver con sus opciones de terraza, aunque hoy le está ‘salvando’ un poco: «Es un salvavidas en el momento actual». Buscaba un local más grande para sus catas, que fuese también en una esquina y cerca de alguna zona monumental o turística de Valladolid. Y lo encontró justo enfrente de donde se situaba. «Llevamos un mes abiertos. Queríamos al lado de un recurso turístico y aquí hay uno doble, con la Catedral y el Pasaje Gutiérrez. Con Regalado peatonalizado el flujo de personas ha cambiado y eso también ayuda», añade.

Marco Negroni trasladó su ‘Passion’ el pasado mes de octubre. Marco Negroni trasladó su ‘Passion’ el pasado mes de octubre. - Foto: Jonathan TajesSu negocio es de interior, de catas, vinculado a ese turismo y 2020, que comenzó con unas perspectivas impresionantes, acabó siendo un año perdido y de devoluciones de reservas. Ahora, con un espacio más grande y dividido, ha preparado ya todo para que cuando se abran interiores haya separación. Mientras, se apoya en la terraza: «Está muy bien pero no es indispensable. Ahora, al estar prohibido el interior, y al tenerla, se ha podido hacer algo».

Temporalmente, de momento está anunciado hasta el 30 de junio, se ha desplazado Esteban Oliveira y su Antiguo Merino a La Colina, en Geria, donde compartirá cocina y clientela con Pedro Barragán. En su local de la calle Leopoldo Cano no cuenta con terraza, solo con dos zonas interiores para unos 20 comensales. Y Esteban quería seguir trabajando y ofertando su clásico arroz con bogavante. Así que ha aprovechado el negocio familiar y desde el pasado fin de semana lo ofrece en Geria.

«Compensamos la ubicación con la amplitud y espacio», reconoce su hermano, Javier, gerente de La Colina, que cuenta con una terraza para unas 60 personas; con posibilidad de atender en el interior a otras 60 (130 en condiciones normales), al estar en la zona de salud de Arroyo y seguir en números de incidencia por debajo de los 150 casos. «El cambio es temporal y para poder trabajar», recalcan esta familia de hosteleros: «Necesitamos trabajar y no estar abriendo y cerrando cada dos por tres».

Gustavo Calvo trasladó 'Señorita Malauva', un espacio de enoturismo urbano, de ubicación hace un mes.Gustavo Calvo trasladó 'Señorita Malauva', un espacio de enoturismo urbano, de ubicación hace un mes. - Foto: Jonathan TajesEn el centro sí se ha quedado Marco Negroni y su ‘Passion’, un negocio hostelero muy característico, gracias a sus cócteles, smothies, zumos, granizados o cervezas de importación. «Cerramos el otro el 6 de octubre y abrimos aquí, el 8», recuerda Marco, que da varias razones para el cambio, aunque todas conducen al mismo resultado: «Que nos dejen trabajar». El alto precio del alquiler, las pocas posibilidades de funcionar solo con una pequeña terraza y las ganas de buscar algo más amplio le animó a trasladarse de acera, pasando a donde se ubicaba el ‘Café del Aire’, una institución en la zona de la plaza de la Universidad. «Aunque estaba deteriorado ya era Passion», aclara, avalado porque allí trabajó el artista Miguel Escalona, «un Dalí en Valladolid». Adecuó el local con extractores de aire, ventanas abatibles, máquinas de aire acondicionado que los renuevan cada 15 minutos: «Nos adelantamos a los requisitos». «La terraza, visto lo visto, había que buscarla. Tenemos unas pocas en una especie de patio interior y otras arriba, aunque nuestra clientela es de interior», aclara Marco Negroni: «Cada vez que no cierran nos matan vivos».

Cafetería, restaurante, bares de noche, coctelerías, negocios de catas... la hostelería se reinventa, busca cómo trabajar y se apoya en las terrazas a la hora de cambiar de estrategia. Todos con una misma frase: «Queremos trabajar».