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El inquilino del Teatro Calderón: Cristóbal Hall

Jesús Anta
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Cristóbal Hall.

El inglés Hall era un pintor con una vastísima cultura. Una persona original como pocas que no firmó ninguno de sus cuadros ni realizó ninguna exposición en vida. Pero fue una de las personas que más influyeron en la pintura española de la primera mitad del siglo XX.

Durante unos años tuvo una intensa relación con Valladolid, ciudad en la que residía los meses templados del año, pues los inviernos, por razones de salud, los pasaba en Andalucía.

Nació en Gran Bretaña en 1897. Hijo de un científico y ministro, estudió en la universidad de Winchester y llevó una vida holgada y dedicada a pintar y viajar por el mundo gracias a la fortuna de su familia. En la I Guerra Mundial sufrió gravísimas heridas y perdió parte del brazo izquierdo.

Recaló en Valladolid atraído por el Museo de Pintura después de leer un artículo de Francisco de Cossío, su director, sobre Berruguete. En nuestra ciudad trabó especial amistad con Cossío y Jorge Guillén, a quien Hall hizo un retrato que muchos críticos consideran uno de los mejores cuadros que pintó.

No se conoce con certeza cuando llegó a Valladolid, pero fue avanzada la década de 1920. No obstante, algo nos orienta el saber que el 19 de septiembre de 1925 Hall escribió una carta a Jorge Guillén desde el Gran Hotel de France, lo que ahora es la residencia universitaria Reyes Católicos, en la calle Teresa Gil.

Tras unos meses de estancia en Tordesillas, donde Hall vivió para sumergirse en el aprendizaje del castellano, su amigo Cossío le consiguió un estudio donde pintar: la amplia y luminosa sala de los telones en el ático del Teatro Calderón de la Barca. Aquello fue posible gracias a que Cossío habló con Federico Santander y éste, que por entonces era el gestor del teatro, le brindó aquella singular sala. La sala fue con frecuencia el lugar de tertulias de un selecto grupo de artistas e intelectuales, entre los que caló profundamente las ideas de Hall, que era buen conocedor de todas las corrientes artísticas fueran clásicas o modernas. Además, influyó en la carrera artística de un buen puñado de pintores tanto vallisoletanos como de otros lugares de España. Cabe destacar su influencia en la escasa pero importantísima obra de María Ángeles Santos Torroella, que se cimenta en dos singulares obras que pintó durante su estancia en Valladolid a finales de los años 20, siendo aún muy joven. Dos cuadros que forman parte de lo mejor de la pintura española contemporánea: Un mundo y La tertulia.

En 1933, Hall se casó en Valladolid con Trinidad Japp, una muchacha que conoció en París. La boda no pudo ser más original: la iglesia puso dificultades a la ceremonia, pues él no era católico pero sí la novia, así que con tantos reparos a una boda mixta, decidieron casarse por lo civil en casa de su amigo Francisco de Cossío, con la esposa de Cossío y el mismo, y el conserje del Museo de Pintura como únicos testigos.

A Cristóbal Hall se le describe como una persona de porte distinguido, no en vano se crió entre la nobleza inglesa. De él se ha escrito que cuantos le conocieron le mostraron gran admiración y respeto, pues tenía una excepcional sensibilidad, inteligencia, integridad y devoción absoluta por la pintura. Era un pensador de mucha originalidad que se trasluce tanto en sus cuadros como en sus escritos.

Falleció, de repente, en Lisboa el 25 de febrero de 1949. Está enterrado en el cementerio de los Ingleses del barrio lisboeta de Estrella.