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El regreso (a medias) del espectáculo

Diego Izco
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El arranque de la competición dejó ver un claro choque entre los dos estilos del 'neo-fútbol':duelos abiertos y cerrados. Y el Madrid, a lo suyo, con su estilo, único de los cinco españoles que arrancó con victoria

Rodrygo (de espaldas), que salió del banquillo, fue el autor del gol de la victoria de los blancos en Milán. - Foto: ALESSANDRO GAROFALO

Como en las mil y una fábulas escritas a lo largo de la Historia, el fútbol actual es un choque de dos mundos, dos culturas, dos filosofías, dos estilos: algunos técnicos (y sus equipos) apuestan por duelos frenéticos de presión alta, riesgo a la espalda, dominio, fugacidad... partidos abiertos disputados con cara de velocidad y un ritmo brutal donde el descontrol (aparente) es el gran atractivo para el gran público; otros técnicos (y sus equipos) apuestan por choques de máxima vigilancia y aprovechamiento del fallo enemigo, minimizar los riesgos, los espacios, los errores y todo lo ‘minimizable’... partidos cerrados disputados con cara de concentración y un ritmo cansino donde el control (aparente) es un dudoso atractivo para el gran público. Si enfrentas el 6-3 del City-Leipzig con el 0-0 del Atlético-Oporto te preguntarán si se trata de la misma competición;si enfrentas el 3-2 del Liverpool-Milan con el 1-0 del Chelsea-Zenit, si se trata del mismo deporte;si enfrentas el 2-2 del Villarreal-Atalanta con el 0-0 del Lille-Wolfsburgo, si se trata de algo que se juega en el mismo planeta. Algunos duelos abiertos y exquisitos, otros cerrados e indigestos. Volvió (en parte) el gran espectáculo de la Champions. 

 

A lo suyo

El Real Madrid sigue a lo suyo... y ‘lo suyo’ es la Copa de Europa. Explicar la relación blanca con esta competición no es sencillo. «La juegan y la ganan» es, en cinco palabras, el resumen más plausible. Teorías ‘conspiratorias’ sobre las copas de las bolas calientes o los favores arbitrales para justificar 13 trofeos no tienen sentido, como tampoco resumir lo del pasado miércoles en Milán con que el portero te salva y, de repente, aparecen dos tipos (que eran suplentes) en el minuto 89 para fabricar el único gol del partido. A veces es grande la tentación de justificar los éxitos del Real Madrid con una alianza con la diosa fortuna. Las casualidades pasan una, dos, o tres veces. Cuando suceden con tanta profusión, es mucho más que suerte. Tiene que serlo... aunque seamos incapaces de explicar el qué. 
Fue el único representante de los cinco españoles que se llevó la victoria. Tiene el viejo vicio de ganar, como el Atlético el vicio adquirido de llevar los partidos al 0-0 por si suena la flauta (el Oporto fue tan Atlético que no hubo agujeros para que saliera el sonido); como el Sevilla el de jugar con temor demasiados duelos importantes, algo que los niños del Salzburgo (¡dónde ‘pescan’ estos artistas!) estuvieron a punto de aprovechar para hacer una carnicería en el Pizjuán... de no ser por tanto penalti fallado;como el Villarreal el de conceder demasiado atrás, y dolió remontar el 0-1 para empatar a 2-2; y como el Barça el de deprimirse:el Bayern volvió a pasarle por encima. El gesto de Gnabry con 0-2 en el marcador, echando la pelota fuera cuando iba a encarar a Alba lesionado, fue mucho más que juego limpio:fue clemencia.

 

Transnitria

Hay un equipo llamado Sheriff cuyo escudo es... aquella estrella que llevaban los sheriffs del Oeste. Son de un país con nombre de empresa de logística (Transnitria), cuya capital (Tiraspol) tiene 130.000 habitantes. Y está en la ‘Champions’. Y ganó 2-0 al Shakhtar culminando el sueño de los modestos. Que gana en el Bernabéu, dicen algunos madridistas, ni cotiza.